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San Martín, el protagonista sin gol y un nuevo empate que no suma

análisis

El Santo dominó el partido en Santiago, pero no pudo convertir y se vuelve con un punto que suma no mucho en el contexto del torneo. La anemia ofensiva es ahora el principal defecto de un equipo que empieza a quedarse sin margen para el error.

Imagen repetida: Estigarribia lucha en el aire, pero no encuentra precisión.





Si el del otro día contra Estudiantes de Caseros fue un 0 a 0 insulso en el que Santo estuvo más cerca de perder, el de este domingo, contra Mitre de Santiago, es uno que deja la sensación contraria: hoy San Martín mereció ganar largamente, por juego, por manejo y por dominio. De hecho fue el único de los dos que en todo momento quiso y buscó ganarlo. 

Del análisis de este partido se sacan dos conclusiones, una positiva y otra negativa. Por empezar, está claro que este es un equipo protagonista, que se planta en cualquier cancha con el propósito de sumar de a tres sea cual sea el rival y se juegue donde se juegue. Eso quedó evidenciado hoy otra vez, cuando San Martín asumió las obligaciones del compromiso y se plantó en campo rival desde el comienzo, como si fuera local, o como si fuera un equipo de otra categoría. 

El problema, o lo negativo, es que para ser un equipo de otra categoría no basta con querer serlo,  también hay que tener condiciones para eso y en San Martín, a todas sus virtudes colectivas la están erosionando la falta de jerarquía en algunos jugadores, o algunos puestos. 

Y donde no abundan las cualidades es en el ataque, y es por eso que este equipo puede pasarse más de 90 minutos dominando y merodeando el área de Mitre sin generar demasiado, porque a Vella le sale corto el centro, porque a Sansotre termina una bien y tres más o menos, porque a Imbert le cuesta en espacios reducidos, porque a Diarte le falta un poco de decisión, porque Estigarribia no la termina de pivotear bien y devuelve mal la pared. Solo Ariel Cháves tiene la calidad y claridad  que hace falta para dársela siempre, pero siempre a un compañero. 

Así una sucesión de pequeños errores, de imprecisiones finitas, van a haciendo que un equipo superior a su rival no logre quebrar el cero, y los minutos pasan, y las piernas se cansan, y la visión se nubla, y la pelota no entra. 

También es verdad que más de una vez, San Martín si encuentra el pasecito filtrado, la combinación precisa, la jugada perfecta, pero ahí aparece otra falencia: la definición, la falta de gol, o de goleadores, que es lo mismo. Estigarribia, que en el primer tramo del torneo jugaba bien pero la metía y después la empezó a meter (cinco goles en cuatro partidos), ahora ya no la mete ni juega bien, y pide cambio a gritos, el problema es que los otros, los del banco, tampoco aprovechan, hacen que el 9 titular sostenga su puesto más por impericias ajenas que por virtudes propias. 

De Muner busca solucionarlo mandando cuatro delanteros, pero ninguno tiene las llaves que abren el cofre con el tesoro que no es un viaje Bariloche, pero sí un gol del triunfo para ganarse un feliz domingo. 

Y eso que a Cano le dieron dos chances claritas frente al arquero, en una le pegó de primera como pedía la jugada, pero el arquero rival reaccionó a tiempo y, con una tajada impresionante le ahogó el grito. 

Pero la segunda no tiene nombre y hasta Cháves se quedó agarrado a la red del arco pensando como Cano había dilapidado una tremenda jugada en la que le había dicho “tomá y hacelo”. Y Cano lo erró por apresurarse, por no pensar, y no mirar, porque estaba solo, y tenía tiempo para acomodarse y darle con derecha o con la misma zurda, pero mejor pisado, y eligiendo un palo, sin embargo le dio de una y terminó siendo un pase al arquero, una masita mordida. 

Lucas González, que el comienzo del certamen cada vez que entraba la metía, ahora entra y siempre erra unita, el otro día de cabeza, hoy tras otra gran asistencia de Cháves la mandó a la Lunita Santiagueña que todavía dormía la siesta como se acostumbra en la querida provincia de la par. 

Sinisterra entra y muestra movilidad, aparece por todo el frente ataque y le imprime algo de velocidad, pero cuando la recibe le agarra el síndrome de Neymar y cada jugada la decora con una bicicleta más pintoresca que efectiva y con cada firulete, lo único que gambetea es la ilusión del Pueblo Ciruja que se desvanece cuando el defensor rival se la quita. 

Así, el partido, ganable por donde se lo mire, se empieza a convertir en empatable, y hasta hay algunos sustitos, como un tiro en el palo de Cérica, o algún mala salida de Arce que a veces tiene más la pelota que el volante central, entonces no es raro que se equivoque de vez en cuando. 

“San Martín hizo todo para ganar, menos el gol”, comenta un hincha en una acalorada discusión de post partido, pero resulta que el gol es lo único imprescindible para ganar, se puede ganar sin lo otro, pero no se puede ganar sin gol. Justamente, es eso, lo más importante, lo que está faltando: solo un gol en los últimos cinco partido dejan evidencia la falta de capacidad ofensiva de este equipo que trajo tres refuerzos y ninguno es un delantero goleador por lo que no queda otra que esperar que a Estigarribia, Cano y González se les seque la pólvora mojada y vuelvan a anotar. 

Mientras tanto, habrá que confiar en que aparezcan los goles de los otros, lo de Imbert, alguno más de Vella, algo de Cháves, o del mismo Tino Costa cuando está en condiciones de jugar. Los goles de los mediocampistas, porque de los defensores no se puede esperar mucho en esta faceta de juego: ninguno a estado ni cerca de anotar en lo que va del torneo. ¿Cómo no extrañar a Moreira, Acevedo, Luciatti y Amor que más de una vez sacaban de apuro a los de arriba con goles tan oportunos como valiosos?

Mañana se completará la fecha y un triunfo de Gimnasia de Mendoza contra Tigre sacaría a San Martín de la zona de clasificación al Reducido lo que evidencia que los márgenes se achican cuando el torneo ya completó su segundo tercio. El Santo está en carrera y es protagonista, pero sin contundencia todo se hará muy cuesta arriba.