Veme el lunes: San Martín, la previa más esperada y la vuelta al templo sagrado
De la Esquina del Santo a la Roca y Pellegrini, entre placitas y canteros, cordones pintados, banderas al viento. Con los puños apretados, la frente en alto y el corazón agitado. Con los changuitos al hombro, con los abuelos que se extrañan, con las historias y el recuerdo de papá. Con el escudo tatuado, con la camiseta pegada al alma, desde cada punto de la provincia y del mundo, todos los caminos conducen a la Ciudadela. ¿Cómo volver al lugar del que nunca te fuiste?
Es viernes y el Pueblo Ciruja lo sabe, pero no es cualquier viernes porque se viene un fin de semana largo ¿Cómo? Si, en la República de la Ciudadela, el lunes es feriado nacional y con puente hasta el martes.
Se vuelve a la cancha señores, volvemos todos. Es verdad que muchos se quedarán afuera, porque la capacidad está limitada al 50%, pero no hay dudas que los que se queden sin entradas, ingresarán en la piel de los demás porque el Pueblo Ciruja es así: donde hay uno, estamos todos.
Hoy empezaron las colas sobre calle Bolívar: qué lindo ver a los vitalicios con las merecidas entradas en las manos, esos viejos que nos vieron cuatro veces en la A, en cientos de Nacionales, miles de veces en la Liga. ¿Y a cuántos de nosotros nos hicieron hinchas desde la cuna? Qué lindo verlos de nuevo viejos Cirujas, después de meses de encierro y de miedo con este virus que a ustedes los acosaba especialmente. Acá están otra vez y como siempre, aunque algunos nos faltan en las butacas, pero ninguno en el corazón.
También con la entrada en mano están esos muchachos que el año pasado en medio de la incertidumbre se la jugaron y soltaron cinco lucas por las dudas, como para ayudar al club que no tenía un mango, como si a ellos les hubiera sobrado. Mañana sábado siguen más socios, y el domingo los demás, pero esta será solo la primera cita de muchas. Pronto no habrá límites y habrá entradas para todos. Ojalá que nunca más nos falte la cancha.
Es viernes y si sos Ciruja nunca habías querido que pase tan rápido el fin de semana, que sea lunes lo antes posible, pedís, pedimos. No das más, querés estar en la Esquina del Santo ya, o en algunos de esos canteros sagrados que llevan casi dos años esperándote. Potente sigue ahí, en pie, como un gladiador herido mas nunca muerto. Está la placita también, está el barrio entero, todo pintado de rojo y blanco de pies a cabeza, desde los cordones hasta los postes de la luz, todo gracias a Cultura Ciruja que no se olvidó de los colores en estos meses. Nunca se olvidan de los colores, por eso te llena de murales.
Ya hiciste todo para pegar el faltazo el lunes, ya le avisaste a ella o a él que no cuente con vos desde el domingo, mejor desde el sábado, que hoy se vaya despidiendo de vos por unos días, porque la Roca y Pellegrini te llama y hace mucho que no te llamaban. Esta vez no podés faltar, nunca podés faltar.
“Que sea lunes”, te decís otra vez y te imaginás abriendo el cajón para sacar la gloriosa, descolgás el gorrito con las trenzas del espejo, te lo calzas y caminás con el pecho inflado a la parada del 9, el 17, el 3 o el que sea. O esperás el bocinazo que te busca y te subís, bajás la ventanilla y sacás la casaca al viento, para que toda la provincia se entere, como si no lo supiera, que juega el Santo y que vas a la cancha otra vez.
Vas a cargar a ese changuito al que la pandemia agarró muy bebé y que ya anda por los tres o cuatro y nunca te habías animado a llevar. Con él vestido de rojo y blanco y cargado en los hombros, vas a bajar por la Pellegrini, explicándole todo, como hacía tu viejo con vos, les vas a contar del Capo, de Jacinto, de Pichón, y que ahora juega Tino, y que pronto va a volver Gonzalo. Te vas a acordar de cuando tu viejo te hablaba de Pechito Pereyra, de Cucaracha Sánchez y que tu abuelo le hablaba a tu papá del Mariscal Blasco y el Tuerto Adet. ¿De quién le hablará el tuyo a tu nieto? No lo sabemos, pero capaz que otros padres le hablan de tu hijo a los suyos y si no sucede, no importa, con que puedas ir con él a la tribuna unos 20 añitos más es más que suficiente.
Vas a caminar por ese barrio carnaval y cuna de la Independencia y te vas a cruzar con miles como vos, las miradas van a ser cómplices, de camaradería, de orgullo, de Cirujas hermanados que se reencuentran sabiendo que el otro nunca se fue. Maldición, va a ser un día hermoso.
¿Te acordás de la última vez? Estaba anocheciendo y un gol agónico en una contra letal te había dejado sin nada. Cuando salías masticando bronca no te imaginabas cuánto ibas a tardar en volver. Si ese resultado te parecía injusto es porque no tenías ideas del choreo que se avecinaba, del robo descarado. Dos noches de viernes festejaste el ascenso que te correspondía y te prometieron. Un jueves pasaste toda la tarde cabeceando la pared por la impotencia cuando el maldito TAS te falló en contra.
Fue hace exactamente un año lo del TAS y mirá cómo es la vida que hoy esa bronca que te carcomía está tan olvidada que en el aniversario de ese día de mierda, no podés tener un mejor plan que un fin de semana a pura previa de la vuelta a La Ciudadela ¿A quién le importa que no sea en Primera? A nadie, mi rey, a nadie. Juega el Santo y volvemos a la cancha, que lo demás no importa nada.
Volvemos, señores, volvemos después de un largo exilio que deja cicatrices y ausencias. Volvemos, señores, conocemos el camino de memoria. Volvemos con los brazos en alto, con el orgullo de haber peleado contra la mafia hasta el final. Volvemos, tras tanta espera y ansiedad. Volvemos con las voces listas para cantar hasta sangrar. Volvemos a soñar, volvemos a vivir.
“Es viernes che, todavía falta”, me dicen desde la computadora de al lado y yo le contesto: a mí, veme el lunes.








