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"¿Quién será el chico de la Rondeau?": se enamoró a primera vista en La Ciudadela y ahora lo busca

Historias Cirujas

María Paula volvió a la cancha tras 19 meses y cambió su tribuna de siempre por la cabecera sur. Ahí estaba él, con la camiseta de Los Santos: "Nunca nadie me había llamado la atención así", confiesa la joven Ciruja que no pierde las esperanzas de encontrarlo para decirle todo lo que ayer no se animó.





Cuando María Paula despertó el lunes sabía que se venía una tarde especial porque el regreso a la Ciudadela, soñado durante más de 540 noches, iba a cumplirse al fin. Era tiempo de volver a la cancha y lo demás no importaba nada. 

La mañana osciló entre ansiedad y alegría hasta que finalmente llegó la hora de ir a la cancha. Acompañada de Luján, su amiga y compañera de popular de toda la vida, María Paula evitó la previa porque llegaban sobre la hora y, sin saber lo que el destino le deparaba, decidió cambiar de tribuna: “Siempre vamos a Pellegrini, pero esta vez quisimos ver el partido desde la Rondeau”, comenta la protagonista de esta historia de amor a primera vista. 

“Cuando estábamos adentro, entre la banderas y el humo, decidimos bajar y quedarnos en el alambrado”, continúa el relato a eltucumano. 

Hasta ahí todo era normal, como cualquier tarde de cancha, humo rojo y blanco, algunos globos, muchas banderas, los changuitos trepados a la mitad de las rejas, los bombos incesantes, los vientos de los Pibes del Ritmo, mucho cánticos con melodías de Los Fabulosos, La Berisso, Rubén Rada, la Marcha Peronista, entre tantos otros, todos ellos con letras bien Cirujas que cualquiera sabe de memoria y María Laura también. 

A la emoción de volver al templo se le suma otra inesperada, sorpresiva, repentina: “Se acerca un grupito de chicos, uno con camiseta de Argentina y otro con la de San Martín. El de San Martín me llama la atención de una manera que jamás me había pasado”, asegura la joven de 25 años. 

El flechazo fue instantáneo, su corazón ahora latía más fuerte y ya no había vuelta atrás, el partido ocuparía un parte de su atención, el resto la tendría con los sentidos en alerta al compañero de al lado, compañero anónimo, desconocido, pero ahora imprescindible. 

No hubo palabras, ni gestos, ni sonrisas, ella solo atinó a quedarse paralizada, inmóvil, a su lado, pegada a él, a la espera de una señal que nunca llegó, aunque sí alcanzó a percibir que estaba siendo correspondida en su perplejidad.  

“La intuición femenina nunca falla, algo me decía que él me quería mirar, que me quería hablar y no se animaba. Todo el primer tiempo estuvimos así y ninguno de los dos se corría. Los dos quietos, había roces de brazos y de hombros que ninguno evitábamos”, cuenta. 

“Estoy segura que él me miraba de reojo, como que no sabía cómo entrar y yo tampoco. Como que él estuviera pensando ‘Y diay hermana, activame’ y yo pensaba lo mismo. En un momento, me di cuenta que ni él ni yo estábamos viendo el partido, los dos estábamos colgados, mirando para el mismo lado, pero que no era para donde estaba la pelota”, agrega.

Los minutos pasan y así como a San Martín les cuesta salir del asedio mendocino, a ella no logra reaccionar a su propio entumecimiento, hasta que Luján la interrumpe ofreciendo gaseosa: “Ahí me doy cuenta que él se había ido, cuando me doy cuenta lo veo volver con un helado y sentí alivio”. 

“Se acercó más gente al grupo de él, con un chiquita con la que yo me puse a jugar, para ver si se generaba alguna charla casual o algo para romper el hielo, pero nada”.

El cruel pitazo del árbitro mandó al equipo a los vestuarios para descansar 15 minutos y los hinchas aprovecharon para moverse, estirar las piernas y él desapareció, se perdió entre la multitud que se reacomoda para ver el complemento. Apenas empezó el segundo tiempo, Lucas Cano la mandó a guardar, pero el susodicho ya no estaba pegado a la tela y a su codo como para que María Paula le chante el abrazo de gol más lindo del mundo. No podría haber existido una mejor oportunidad, pero así como el destino se lo puso durante 45 minutos a la par, ahora se lo había sacado, tal vez, para siempre. 

Hubo dos goles más, con camisetas al viento, y la alegría eterna no solo de un triunfazo sino de haber vuelto a la hermosa Ciudadela. Para María Paula también hubo el vértigo de un amor a primera vista que no llegó a concretarse, que fue correspondido en el silencio y en las miradas esquivas y que, como buen amor fugaz, no logró olvidarlo fácilmente. La fugacidad de los amores suele ser inversamente proporcional a su facilidad para olvidarlos. 

Pero como “los amores cobardes no llegan a amores ni a historia, se quedan ahí y ni el recuerdo los puede salvar”, María Paula elige buscarlo por las redes y también con esta nota: “¿Quién serás, chico de la de Rondeau?”, se preguntó en el grupo de Facebook 1.000.000 de Cirujas y una catarata de mensajes, comentarios y solicitudes se abalanzaron sobre ella.

“Hubo un chico muy parecido que me escribió diciendo ser él, pero no era, porque este tenía barba y el de ayer no tenía”, asegura convencida de que no poder reconocerlo claramente. 

“Si aparece, le diré todo lo que sentí y listo. Sería muy lindo pegar una buena amistad ¿Por qué no? Nunca me había pasado una cosa así con nadie. Que sea hincha de San Martín suma un montón”. 

Ella lo describe como un chico entre 21 y 23 años: “Capaz que tiene más, pero no parecía. Es un poco más alto que yo y de piel blanquita, estaba con una gorra creo que celeste y un buzo colgado al cuello”. 

Paula no se va a quedar de brazos cruzados y dentro de dos semanas, cuando el Santo enfrente a Temperley, acudirá al mismo lugar que ayer como quien va a una cita: “No soy de hacer muchos planes, pero sé que si iré de nuevo a la Rondeau  a ver qué onda. Si lo llego a ver,  voy y le digo a vos te he visto hijo de mil. Le digo todo”, promete María Paula que no pierde las esperanzas de encontrar al Ciruja de la Rondeau.