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¡Que lo cumplás feliz!": fiesta total del corazón en el Año Nuevo Ciruja

análisis

El arco de los milagros, un nuevo gol agónico, otro que se anula, los corazones se paralizan, el alma vuelve al cuerpo. El Pueblo Ciruja pasó del calor calcinante para sacar las entradas a la lluvia incesante durante el partido. Bajan las temperaturas en todo lados menos en Ciudadela donde todo el año es Carnaval.





No te voy a hablar de fútbol hoy, o no tanto. Algo te tengo que decir. Porque eso que viviste, que vivimos, bajo la llovizna intensa, esa montaña rusa de emociones que incluyen llantos dentro y fuera de la cancha, eso es el fútbol en su máxima expresión, o mejor dicho eso es San Martín, con todas las letras. 

El corazón se paralizó a los 49 del segundo tiempo, se quedó quieto y volvió arrancar con lo justo cuando el árbitro con un brazo en alto marcaba la falta: un agarrón claro, cobrable, muy cobrable, pero que también podría haber pasado por alto. Lo cobró y listo, como corresponde: es falta, se cobra. 

“Gracias D10S”, decís mientras te acordás del homenaje a los 10 minutos, de la camiseta roja y blanca con el 10 en la espalda, del aplauso de toda La Ciudadela porque el Diego es un poco de todos los argentinos, de todos los clubes, pero hoy fue más Ciruja que nunca.  

Ese mismo corazón que quedó paralizado dos o tres segundos eternos, estuvo todo el partido latiendo a dos mil por hora. Juegan bien ellos, hay que reconocerlo, son un equipazo. Los hippies del fondo salen muy clarito, el pelado tiene todo el oficio del mundo, los de arriba son bien ligeritos y Pellerano lo sabe, lo sufre y vos también. Entretienen bien la pelota, se abren, juegan hacia afuera y después la tiran larga a la espalda de la defensa para los rapiditos. Por suerte no se terminan de animar en ningún momento. Parece que les conformaba el empate. Una lástima, otra vez será. 

Había mucha presión, muchísima, San Martín había tenido cuatro chances de quedar puntero, no había aprovechado ninguna y la de hoy era la más difícil: sobre el cierre del campeonato, contra un gran equipo, un rival directo y con el público a favor que veces pesa más de lo que ayuda, pero al final te empuja contra el arco del rival, eso pasó hoy. 

No había piernas, no había restos, ni en la cancha, ni en los corazones. Los hinchas, que leen el partido mejor que cualquier técnico, hacían lo que podían, lo que pedía la situación: “Vamos Santo Vamos, ponga huevo que ganamos”, cantaban porque estos partidos se ganan con huevos, y eso lo saben los hinchas y vos sos hincha y también lo sabés, por eso no parabas de gritar, de alentar, de saltar, aunque estabas empapado de pies a cabeza, aunque te dolían la piernas. “Si lo jugadores no dan más, desde acá los empujamos nosotros, los que estuvimos haciendo cola para sacar las entradas cuando hacía 40° y hoy nos bancamos la lluvia. También empujan lo que no entraron, los que no pudieron, los que se quedaron con las ganas, hoy empujamos todos”. 

“Sacalo a Vella”, gritan desde la tribuna cuando Leandro se tarda y resuelve mal, tras una guapeada de Estigarribia que forzó el error desaprovechado por su compañero. Muy poco lo buscaron a Estigarribia que cuando le llegaba, se las ingeniaba para sacarse de encima a los buenos centrales de ellos. El partido pedía pelotazos más frontales y buscar la segunda pelota. Arce lo intentó un par de veces y no salió mal. 

Pero así como Arce a veces marca el camino a seguir, otras veces te lleva a la cornisa, como en la tenía jugar larga y se la dio corta y fuerte a Pellerano que recibió mal perfilado y la terminó perdiendo. Te vino a la cabeza la imagen de Willy Caballero contra Croacia, fue igualita, pero Arce le puso el pecho y la salvó. Eso es Arce, el mejor arquero de la categoría, dueño de una confianza que a veces lo engaña, pero casi siempre le juega a favor. Algún infarto debe haber provocado en esta jugada. Ya pasó.

De Muner mueve piezas: entran Lucas González por Estigarribia (lesionado), Imbert por Daniel González, Tino Costa por Cháves. A esa altura ya te empezás a conformar con el empate, hacés cuentas y un puntito te cierra bastante bien, dentro de todo: “Si empatamos seguimos con chances de ser primeros, si perdemos se nos complica entrar al reducido”, en eso estás pensando cuando el árbitro cobra falta en tres cuartos de cancha. 

“Vamos Tino”, decís mientras Costa acomoda la pelota. El centro cae perfecto en el punto del penal, el cabezazo fuerte y de pique al suelo es desviado por el seguro e ignoto arquero de Agropecuario. Corner. “¿Fue Sansotre?”, preguntás. Uno de la par te responde que sí con la cabeza.  

“Bien Tino, pegale así de nuevo”, gritás desaforado desde la tribuna. Tino te escucha, o eso parece, asiente y mira con el ceño fruncido el corazón del área, Con ese gesto canchero que lo caracteriza. Le pega con esa potencia y efecto con  que solo él le puede dar, Lucas González gana de arriba, y la pelota queda flotando, Ballini la captura y la manda a guardar. El amuleto, el optimista del gol, el que entra a marcar y meter cuando Herrera ya no da más, termina protagonizando goles agónicos: contra Temperley probó desde afuera provocando el rebote que terminó en gol, después fue hasta el medio del área y forzó un gol en contra en Mendoza. Ahora la metió en el arco de los milagros, cada vez más milagroso. 

Dos segundos después rodás por los escalones abrazado a cualquiera, y abrazado a esta ilusión que te condena. Cuando te recuperás te das cuenta que ya termina el partido, que faltan pocos minutos. Hay que aguantar como sea. 

El resto es lo de siempre: ellos se vienen con todo, San Martín resiste como puede. Tiempo cumplido y Lópes se lleva puesto un delantero, falta y a sufrir y a fruncir. El cuarto árbitro agrega un minuto. El centro sale pasado, cabecean ellos, se infla la red, el mundo se viene abajo, el silencio corta los oídos, la desazón es total. El línea corre a la mitad de cancha, pero el juez principal tiene la mano en alto y marca infracción: “No es gol, lo anuló”, se empiezan a decir entre todos y el corazón late de nuevo, hay nuevos abrazos colectivos, más fuertes que en el gol propio.  

Final. Ganó el Santo y es puntero. El Santo sobre la hora, papá. Se terminó otro partido durísimo y es hora de relajar, de festejar. Ya estás de vigilia por los 112 años, cantan las Minifaldas, Walter Salinas, los jugadores están en medio de la cancha, la fiesta es completa y soñada.

Se viene el Año Nuevo Ciruja y lo esperás con algo fresco que alivie la garganta. Cuando sean las 12 y los fuegos artificiales estallen en toda la ciudad, vas a levantar la cabeza, vas a mirar al cielo y vas a agradecer otra vez llevar estos colores en la sangre. A vos y a todo el Pueblo Ciruja: ¡Qué lo cumplas muy feliz!  

Foto: Matías Juri.

Foto: Matías Juri.

Foto: Matías Juri.