"Vayas donde vayas estará tu hinchada": San Martín, el dolor de la derrota y el camino más conocido
El canto del Pueblo Ciruja al final del partido es mucho más que una muestra de fidelidad: es el mensaje que nace desde el alma con mil heridas como esta. Nadie sabe resurgir de sus propias cenizas mejor que el Santo que ahora tendrá que transitar la senda más larga que ya conoce de memoria .
Los jugadores de rojo y blanco con la cabeza gacha se reúnen en la mitad de la cancha, cerca de ellos, los de azul y rojo festejan el triunfazo con pase a la final incluida. Unos instantes antes, inmediatamente después del pitazo del árbitro, los cuatro costados del estadio colmado se levantaron, y ahora siguen cantando y saltando desaforadamente: “No se compara, vayas donde vayas estará tu hinchada, es diferentes, no somos del Gobierno, somos de la gente”. El mensaje con ovación de pie para el puñado de futbolistas que ahora levantan los brazos y las miradas hacia las tribunas, es muy claro: “Acá nada está perdido, acá no se ha muerto nadie”.
El golpe es duro ¿Para qué negarlo? La ilusión era mucha y justificada, pero el Pueblo Ciruja ha sabido sobrevivir a más de una herida similar. El camino corto y directo ya está cerrado, pero el largo todavía está abierto, y a ese el Santo ya lo ha transitado tantas veces que se lo conoce de memoria.
El reducido por el segundo ascenso hoy parece difícil y complejo, pero no hay otra alternativa para San Martín ahora y como tantas otras veces tendrá que subirse a ese tren, aferrarse y pelear a muerte.
Para eso habrá que reponerse cuanto antes de este cachetazo, sabiendo que el equipo hizo lo posible ante un rival bien plantado, con buenas individualidades y que tuvo como principal mérito a una eficacia extrema que le permitió anotar dos goles en las únicas llegadas que tuvo.
En esa contundencia radica la diferencia de esta tarde noche en Ciudadela, Tigre, que también necesitaba ganar, fue cauto y arriesgó poco, confiando en aprovechar las que tuvieran y ese plan les salió perfecto. Jugaron como un equipo que sabía que en algún momento iban a tener una oprtunidad de ganarlo y así fue nomás.
San Martín, en cambio, asumió el protagonismo aunque nunca logró imponerse del todo, tal vez pecó otra vez de falta de convicción para sentirse candidato, volvió a carecer de autoconfianza, algo que se le vio en algunos otros duelos de este torneo. Hay momentos en los que parece que el equipo va más al frente empujado por las circunstancias que por fuego propio, que por ambición y hambre de gloria. No es que no las tenga, es que da la sensación de haber llegado hasta la última fecha con chances de ser primero sin haberse nunca sentido capaz de lograrlo.
Más allá de eso y del traje de candidato que hoy no se animó a calzarse del todo otra vez, el partido estaba para cualquiera, se veía que el que golpeaba primero, golpeaba dos veces y así fue: el gol de Magnin fue un mazazo muy fuerte y ya no tuvo ni fuerzas ni piernas para recuperarse. A esa altura, Tino Costa, de gran primer tiempo, ya erraba más pases de los que daba bien, y en el resto del medio no había nadie más dispuesto a ponerse el equipo al hombro.
Hay quienes dicen que la derrota se explica por la jerarquía de los delanteros de Tigre, especialmente Magnin, y la falta de la misma en los de San Martín, apuntando los cañones sobre Estigarribia. Es innegable que el goleador visitante mandó a guardar su única chance y que el del Santo no pudo vencer al arquero en un mano a mano, aunque Estigarribia hizo lo que la jugada pedía y el manotazo del 1 visitante le ahogó el grito. De todos modos, es encomiable el esfuerzo del 9 del Santo que pelea, y gana, cada una de las pelotas divididas, de arriba le ganó absolutamente todas a Luciatti y su sacrificio lejos del arco le resta fuerza a la hora de llegar al área. Estigarribia juega para el equipo y no el equipo para él. De hecho, en la que única que tuvo, enganchó y definió fuerte luego de haber metido un pique de 80 metros por haber bajado a defender un corner.
A esta altura sirven de poco las explicaciones de la derrota y lo cierto es que esa imagen del final, con jugadores que se retiran aplaudido y arengado para lo que se viene, ese mensaje del hincha, que siempre la tiene más clara que cualquiera y ya piensa en el lunes que viene, ese es el mensaje más importante de esta noche amarga pero con la revancha a vuelta de la esquina. Al fin y al cabo, hasta hace un par de semanas cualquiera hubiera firmado la clasificación al reducido cuando el primer puesto parecía inalcanzable.
El Pueblo Ciruja tiene más experiencia que cualquiera en heridas dolorosas y sus consecuentes revanchas. Es eso lo que se necesita ahora, saber que el reducido será difícil, pero no imposible.
Se viene Ferro el lunes que viene, en La Ciudadela. Ya sé que ahora no hay tantas ganas de pensar en eso, pero mañana ya vas a estar metido de nuevo, en un par de días salen a la venta las entradas, vuelven el 100% del aforo y nadie se va a quedar afuera. Te recuerdo algo que no creo que a esta altura se te haya olvidado: esto es San Martín. Nos vemos lunes, como siempre.








