"No me arrepiento": Se hizo jugador de casualidad, estaba en su mejor momento y dejó el fútbol para siempre
Jugaba en San Martín, tenía toda una carrera por delante, le habían renovado el contrato por tres años y dio el portazo para dedicarse a otra cosa. Antes, había llegado al fútbol sin querer y fue goleador en todos lados. Carlos Berta pasó Precio Es El Mismo y reveló su curiosa historia de vida.
Entrar a un estadio lleno, ser reconocido en la calle, vestir los colores del corazón, marcar goles, firmar un contrato profesional, todos eso sería el sueño de cualquiera, sin embargo, no es tan sencillo de sobrellevar, y no todos lo eligen una vez que lo están viviendo.
La historia de Carlos Berta, ex futbolista de San Martín, sorprendió a todos los que este miércoles siguieron el Precio Es el Mismo, programa que se emite por la señal de eltucumano En Vivo. En un mano a mano imperdible con el conductor Carlo Cazón, el invitado reveló detalles de la increíble manera en la que se convirtió en jugador profesional y la más increíble forma en la que decidió dejar la profesión cuando tenía a toda una provincia a sus pies y una prometedora carrera por delante.
Berta era un adolescente como cualquier otro al que le gusta jugar a la pelota con amigos, pero nunca ha pisado un club, jamás se ha entrenador y el fútbol es solo un juego del que disfruta en los tiempos libres sin más ambiciones: “Un día un vecino me invita a jugar un torneo veraniego, y la verdad que me fue bien. Jugué de 9 porque faltaba un 9, me gustaba jugar en el mediocampo y hasta de central”.
Ese torneo de verano fue la semilla que estaba a punto de germinar: “Hago goles, me va bien, entonces a la semana se contactan de Estación Experimental, y me dicen ‘no sabía que jugaban ahí, venite a entrenar al club’. No le doy cabida y no voy a entrenar”, revela.
“Un día mi viejo me dice ‘todo bien con la secundaria, pero tenés que hacer algo más, andá a jugar, yo te llevo’. Me impone que vaya, fue una muy linda experiencia”, agrega Berta que así, empujado un poco su padre, empezó su carrera en el fútbol de la Liga que está lleno de carencias: “Entrenás con chicos que vos ves que tiene la necesidad de trabajar sí o sí porque lo que cobrás es una miseria, la mayoría de los chicos lo hacen porque les gusta, hasta hay algunos que van por viatico. Es duro”.
“Hay chicos que trabajaban de noche, desvelados iban a entrenar al otro día, realmente se ve mucha necesidad. En el fútbol tucumano hace no sé cuánto que estaremos así y nunca vi una idea un aporte para apoyar a la Liga”, añade.
Tras un dura pretemporada, al jugador le llegó el momento de debutar: “Fue con UTA en un partido en el cual hago un gol, y ahí empiezo. Ese año, disputaba con otros dos jugadores más con Enzo Maidana y Carlos López, peleábamos para ser goleadores de La Liga, estábamos los tres ahí a uno o dos goles de diferencia. El primer torneo soy goleador de Liga con 11 o 12 goles. En experimental juego dos años, peleando arriba la tabla de goleadores”.
Si bien él todavía no se terminaba de sentirse un futbolista con condiciones, su entorno lo alentaba a tenerse confianza: “Había gente alrededor que vos estás para jugar un torneo más, y ahí fue donde llega una propuesta de Sportivo Guzmán para jugar un Argentino C, estaba Roy González, Anastasio. Era un salto de nivel”.
“Hice pretemporada, estaba por debutar y en ese momento, el representante arregla un traspaso a Concepción del Sur, no llegué ni a jugar. Un escándalo, me escribía el presidente y me decía ‘no me podés hacer esto, yo confié en vos’, no dependía de mí, eso es lo que te pasa cuando hay gente que te maneja. En ese momento me dijeron: ‘Mirá tenés que ir a este club, es un torneo mejor, Argentino B, y te van a pagar mejor’”, explica.
El fútbol del interior del país es muy competitivo y las categorías más bajas son muy exigentes en todos los sentidos: “El Argentino B es un torneo muy duro, muchos viajes, hay veces que viajás y jugás en el mismo día, hasta nos cambiábamos en el colectivo ¡Una locura!”
“Me fue muy bien tuve un gran técnico, no convertí tantos goles, pero si tuve muy buenas actuaciones. En ese momento había unos dirigentes de San Martín en la tribuna en un partido contra Gimnasia y Tiro de Salta”.
Tras romperla contra los salteños, el propio Rubén Ale, por entonces presidente de San Martín, lo fue a buscar a la salida del partido: “Iba saliendo del vestuario, caminando hacia el colectivo, una camioneta se me acerca, bajan el vidrio y me preguntan: ‘¿Vos sos Carlos Berta? Vos vas a ir a jugar al club más grande del norte, lo más grande que hayás imaginado’. Me acuerdo que le dije que yo ya arreglé acá, y le di el nombre del representante y él ni siquiera me escuchó y me dijo ‘el martes te pasamos a buscar’.
La oferta fue tan contundente como indeclinable, tanto para él como para el club donde estaba: “Yo hablé con los dirigentes de concepción y me dijeron que me decía ‘Carlitos, te tenés que ir’”.
El salto de los Cuervos del Sur a San Martín fue contundente, figuras que hasta hace poco veía por televisión ahora compartían vestuario con él. Ese impacto del primer día en el vestuario, todavía lo recuerda a la perfección: “Llegué calladito, me estaba cambiando de parado y Facundo Oreja me mirá y me dice: ‘¿Qué hacés nene, Por qué no te sentás?’ y me hace un lugar a la par de él”.
“Debuté con Central Norte de Salta, en el estadio Martearena, Villavicencio me marcaba, en la primera jugada me pisa el tobillo y me pega una piña en la boca del estómago y me dice: ‘Pendejo no te movás de acá’”, comenta.
Jugar en San Martín implicó un cambio radical en su vida: “Socialmente es impresionante la repercusión que tenés, al otro día que firmé tenía tres mil solicitudes, bajaba al barcito de la esquina y ya los mozos te preguntan. Todo el tiempo la gente en el centro y en todos lados te saluda y te ayuda”.
Tras tener algunas oportunidades con el primer equipo y marcar algún gol, los dirigentes pretendían mandarlo a préstamo a Santiago del Estero: “Llega a Ramacciotti y me dice: ‘ Nene hago dos prácticas de fútbol, hoy y mañana, si no la rompés te vas a préstamo a Santiago’, por suerte me fue bien y me quedé a hacer la pretemporada y me pidió tres años de contrato de AFA’”.
Sin embargo, para él la llama se le fue apagando de apoco: “Estuve casi cuatro o cinco años, cuando vi que personalmente no exploté, ni tuve esa actualidad que yo quería tener, yo me imaginaba goleador y que me compren de primera División. En el día a día te vas desilusionando, la carrera del futbolista es muy corta, tenés una oportunidad y si no la aprovechás, se te pasa”.
“Yo sentí que se me pasó el tren, un día entrenando, no me acuerdo si era un domingo a la mañana, me dije ¿Por qué tengo que renegar tanto? Y le fui perdiendo el gusto al día a día. Un día salí de entrenar, y dije tengo ganas de dejar. Yo ya trabajaba, ya hacía ambas cosas. Tenía tres propuestas, una era Panamá, que me ofrecían dos mil o tres mil dólares, solo tenía que ir y firmar, también me salió una Bolivia, y sinceramente no tenía ganas”.
“Fui un día y rescindía el contrato. Fui a hablar con Jorge Garber, y él no lo podía creer. Él pensaba que era un tema de plata, un tema de otro club, sinceramente no lo entendió nunca. Y le dijo a los administrativo que si era lo que yo quería le diera para adelante”.
Después quedaba lo más difícil: encarar al DT le había dado la confianza y le había hecho renovar el contrato. “Fui y puse la cara por Ramaciotti y le dije que me quería ir y le dije que era un tema laboral y que no podía hacer las dos cosas y que ya no tenía ganas de ser un futbolista profesional”.
“No me arrepiento porque es lo que sentí en ese momento. Retomé a una vida normal, en lo laboral repunté”, asegura.
Si bien su vida ha cambiado y sus años de futbolista profesional ya quedaron atrás, ahora es autocrítico y puede ver a la distancia que hubo cosas que podría haber hecho mejor: “Si volviera atrás sería un poca más profesional, creo que no fui 100% profesional”
“Siento que cumplí un sueño, soy un agradecido de lo que viví”, dice Carlos Berta que se queda con una escena que jamás olvidará: “En mí debut en La Ciudadela había 32.000 personas, el Ratón Ibáñez estaba a dos metro mío, yo le hablaba y no me escuchaba por el gritería que había. En un corner escuchaba a la gente que se venía abajo y cantaba “Ciudadela, ciudadela”, en ese momento miro a las tribunas y… no lo podía creer”.








