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La encrucijada Decana y el futuro de Azconzábal

ANÁLISIS DECANO

Un grito retumba en la noche tucumana. El Pueblo Decano llenó la cancha, cantó, alentó, apoyó, bancó como viene bancando, tiró bengalas, se quejó, puteó, explotó. El equipo se derrumbó tras el gol, acumula tres derrotas en fila, no levanta cabeza ni parece que la vaya a levantar ¿Y ahora?

Así es la entrada a la Chile.





Toda la semana mirando el reloj, esperando, soñando con que llegue el momento, la hora señalada, con que el equipo salga a la cancha y se pierda entre una marea Celeste y Blanca que lo empuja, que lo obliga a ir al frente contra todos y no rendirse jamás, como en aquellas noches de Copas que hoy parecen tan lejanas, pero con la esperanza de que la mala racha se corte de una vez y que empiece a levantarse el Gigante. "Es hoy", se dicen. Porque tiene que ser hoy, porque somos locales, porque nos tenemos que hacer fuertes acá, porque ellos llegan igual de mal y les va a pesar, se van a cagar. Porque cuando la gente empuja el equipo levanta, y ganás la primera dividida y la tribuna se viene abajo cuando se escucha el “¡¡¡Bieeeeeeen!!!”, y hasta un “oleeee”, con algún lujo de uno que se anima a jugar y contagia al resto, y la certeza de que cuando entra una entran todas y ya van a ver…

La Policía los amontona a todos contra la pared de la Laprida. Están uno encima del otro. ¿Por qué hacen eso? Pero no les importa, ellos sonríen porque esperaron toda la semana para hacer esa fila, para que los asusten con esos caballos enormes, los mismos que años atrás se les venían encima cuando con esa gambeta diabólica y quiebre de cintura de viejo wing derecho treparon por esas columnas para llegar allá arriba, donde no los pueden alcanzar, y así se abrieron paso al templo, a la casa del Gigante que allí se hace más Gigante que en ningún otro lado. En Quito, quizás. Y hoy la cosa viene mal, pero acá están otra vez. Entonan esa de que vinieron fumando porro y tomando vino, y se preguntan casi filosóficamente: "El que no alienta al Decano, ¿para qué carajo vino?".

"Ponga huevo Decano ponga huevo Decano sin cesar", suplica esta tarde el Pueblo Decano, que sabe que con la garra del Viejo y Glorioso esto se puede sacar adelante. "Y vamos los Deeeeee, ¿cómo explicar tanta locura?", se viene abajo la Chile cuando el equipo se para de arranque en campo contrario, y baja de las cuatro tribunas la esperanza de que "vamos los decanos todo va a estar bien", cuando Lotti avisa en la primera nomás; Tesuri mete y traba y gana y se gana también sus aplausos, como el resistido Heredia cuando abre las piernas para asistir sin tocar la pelota a Ramiro Ruiz Rodríguez, que hoy hace un surco monterizo por la izquierda y complica y mucho al lateral rival, pero sin embargo no encuentra el gol.

El Decano va y va y siente que el primero está cerca, y los hinchas se dan el lujo de acordarse de los primos que no están hoy aquí presentes para disputar esta fecha de los clásicos, y Atlético domina el partido e impone su juego mientras Central Córdoba espera agazapado y no ofrece nada. Se huele el gol. Se espera el gol. Ese grito contenido, merecido, tan ansiado y tan negado, esquivo y a veces hasta lejano. Pero hoy no, hoy tiene que ser la noche del Deca, si mirá lo que está el José Fierro, mirá lo que está esta tarde que ya es de noche en Tucumán, si hace unas horas parecía que se largaba pero no se largó, porque seguro se va a largar a llover después, para que la fiesta sea completa, para que sea una de esas noches bien Decanas, que nos vayamos todos empapados y empanzados de goles y fulbo y te juro que es hoy, es esta noche.

Pero no.

En pocos segundos, en una jugada, todo se va a la mierda, todo se derrumba como un castillo de cartas. Un cambio de frente del Bebe Acosta cae entre Thaller y Risso Patrón, que salva el lateral mientras le dice 'tranquilo' a su compañero con su mano; pero él no está tranquilo, y pierde el control, y decide no jugar simple por la línea y le juega un pase arriesgado y al medio a Gil Romero, que no hace pie y así se desencadena en pocos instantes la debacle. Así se va todo a la mierda, así se arruina tu semana, la semana de todos. Control y pase, control y gol. Cuatro toques, un puñal. El marcador de punta mira al Vasco y se quiere morir porque sabe que otro error suyo costó un gol en contra y el técnico lo alienta a seguir porque eso debe hacer, porque no importa, porque vamos al frente que lo empatamos y seguro los metemos contra el arco y ya van a ver. 

"Señores yo soy de los Deca, Decano me voy a morir", cantan los hinchas que intentan nuevamente levantar al equipo, y el equipo reacciona y vuelve a atacar con Ruiz Rodríguez que desborda otra vez, pero Heredia no llega a conectar, y después llega una palomita de Tesuri tras un centro del 3 que no encuentra el arco. El Decano insiste y va, y juega rápido un lateral, hay conexión por derecha y el Monumental se pone de pie: Acosta para Tesuri, Tesuri para Acosta y como en sus mejores noches el Gran 8 se convierte en el motor del equipo y pisa el área con decisión, oliendo sangre, y entonces el Bebe gana la posición y puntea la pelota, y el 2 de ellos se lo lleva puesto. "¡PENAL!", exclama una multitud Celeste y Blanca. Espinoza cumple con la tradición y no le cobra nada al Decano.

No hizo pie Pereyra en todo el complemento, y tampoco encontró el Vasco respuestas en Andrada y Menéndez primero, ni en Ciro Rius e Isnaldo después. Todos ellos entraron muy mal. Campisi salvó el arco Decano una, dos, tres y hasta cuatro veces. Acosta empujó pero no encontró socios, Tesuri intentó pero no tuvo claridad, Bianchi hasta se tiró de palomita al piso y alentó a sus compañeros a no claudicar, pero hoy no hay piernas, no hay respuestas. Como hace rato. Marcelo Ortiz se fue de 9, pero no le tiraron ni un centro, Acosta y Thaller metieron cierres salvadores y apenas un tiro libre de Pereyra llevó peligro al arco santiagueño. Nada más. La Bolivia se llenó de bengalas, luego hizo lo propio la Laprida, y los hinchas empujaron y empujaron, pero si dependiera sólo de ellos Atlético seguro que no estaría tan mal y hace tanto tiempo. Esto ya se dijo muchas veces, pero cómo duele Atlético.

Espinoza se llevó el silbato a la boca y decretó que será una nueva semana de mierda para el Pueblo Decano. Algunos putearon a los jugadores, otros reclamaron la salida de Azconzábal, otros se miraron con resignación antes de caminar con la cabeza gacha esas cuadras que separan el José Fierro de las avenidas aledañas y que duelen en los pies, en el cuerpo, en el corazón. Tantas veces hicieron esa misma caminata con la frente en alto, pecho erguido, chori y birra en mano, una sonrisa en el rostro, la gloria en la piel, la mirada en cielo, Decano de América. Hoy no. Hace muchos meses que esa caminata, que es de lo más lindo de ir a la cancha, se ha convertido en un calvario.

"La camiseta del Deca se tiene que transpirar y el que no sea del Deca que se vaya a hacer culiar".

Los jugadores se fueron de la cancha envueltos por el himno de la bronca, que retumba en sus oídos. Retumba en Tucumán. El Vasco escuchó como los propios lo putearon. Los suyos. Los que reclamaron a gritos que hoy esté sentado al frente de este barco, que hace rato se hunde en picada. Hoy metió mano, probó variantes, apostó por algunos que venían relegados, sostuvo a otros, y el resultado fue el mismo. Hasta tuvo la sabiduría de no tirar a la hoguera a Ignacio Maestro Puch, como hicieron los dirigentes con él.

¿Y ahora? Según trascendidos, los dirigentes quisieron entrar al vestuario tras la derrota, y ante eso El Vasco aceleró la conferencia de prensa en la que confirmó que se mantiene en el cargo. Horas después, las versiones indicaban que los mismos dirigentes que entraron al vestuario le pidieron la renuncia. 

Los grandes no rinden, los pibes están verdes, los que llegaron no dan la talla. Y así en loop hace meses. Hoy no hay otros jugadores. Los que hoy se ponen la Ceslete y Blanca no encontraron el rumbo cuando los alentaron, ni tampoco lograron reaccionar ante las puteadas. Algunos putearon al técnico, pero hoy en el banco está el técnico que pidieron los hinchas. Ya pasó De Felippe, Guiñazú, hasta el bueno de Martín Anastacio. ¿Cuánto duraría un técnico sin las espaldas del Vasco?

Y allá van los hinchas Decanos. Ya se despacharon contra el presidente, el técnico, los jugadores. Les falta putearse a ellos mismos nomás. Ya ni los cargan en el laburo o cuando los cruzan por el barrio, pateando una piedra, masticando bronca, cargando la cara de culo, aguantando la pena, la cruz más pesada, la mirada perdida, una calculadora en el horizonte, un duelo interminable y una resurrección que nunca llega. Y la semana que viene vas a ver que van a volver. Otra vez y todas las veces que haga falta. Porque sí. Porque eso hace el hincha. Ganen.