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Siempre que llovió, paró: San Martín y un triunfo que despeja dudas

análisis

El sabor amargo del empate ante Quilmes quedó atrás luego de esta victoria trabajada y merecida en una Ciudadela que volvió a vestirse de fiesta a pesar de la tormenta. De Muner acertó con los cambios y, más allá de alguna zozobra, el equipo logró cerrar el partido y sumar de tres para acercarse al puntero.





Llueve en todo Tucumán, llovió toda la tarde y no va a parar. Algún mala leche hace correr la falsa noticia de una suspensión, pero el que tiene años de cancha sabe que nunca se suspende con anticipación un partido por tormentas, sabe que el árbitro va a entrar a la cancha a la hora señalada, va a hacer picar la pelota, y después hacerla rodar y recién entonces va a decidir. 

Mientras tanto, en Lavalle y Pellegrini, en la Avenida Roca, en la Amador Lucero y Bolívar, ya hay gente, algunos buscan donde refugiarse, pero la mayoría ya están entregados a la lluvia, con los gorritos empapados, con latas y vasos en manos para que la espera se haga más corta y más linda. Llegaron en autos, y en el viejo leal colectivo: el 12, el 3, el 17, el 9 y tantos otros que conducen a Ciudadela, como todos los caminos cuando juega el Santo de local. 

Las tribunas se terminan de llenar después del recibimiento y con el partido comenzado. Hay una multitud otra vez, y eso que alguno que otro prefirió la comodidad del hogar, aprovechando que el partido fue televisado. Son los menos y se habrán arrepentido, seguro. 

Cuando sale el equipo con la roja y blanca tradicional se viene abajo La Ciudadela: explotan los fuegos artificiales y bajan los cánticos. Faltan los papelitos, se perdió esa costumbre últimamente, una lástima. 

Después hay un partido, parecido a todos: San Martín domina, insiste con salir desde abajo, lo hace bien, pero no termina de ser incisivo para atacar. Es Tino el que profundiza con cambios de frente que aceleran la jugada y que no siempre son bien aprovechados por los receptores. 

Por el lado de Sansotre y Jourdan está lo mejor y por ahí viene el penal. Jorge Scolari, ex San Martín, sale destartalado a tapar un centro, con los brazos abiertos y sin mirar. La pelota le pega en el brazo y es penal. Comesaña no lo duda, “es adentro”, dice y lo cobra. Después hay que mirarla varias veces la repetición para darle la razón. Está bien, para eso está el árbitro para decidir rápido, en el ascenso, todavía, sin ayuda del VAR, Comesaña lo hace y no se equivoca. 

El que tampoco se equivoca es Tino, que se hace cargo del penal y le da un fierrazo cruzado, rasante y esquinado, perfecto, tan perfecto que el arquero lo intuye, se tira bien pero no llega. Gol a los 22 y otra vez en ventaja en el primer tiempo. 

Después lo mismo de siempre: el rival se adelanta y San Martín empieza tiene algunas zozobras antes del descanso. Nada grave, pero se vienes los segundos 45, esos que todos los partidos cuestan mucho más que los primeros. 

Y así es nomás: otro complemento complicado en el que se acumulan minutos de desconcierto y apuros. Otra vez unos mendocinos duros de roer, con menos brillo y menos juego que Maipú, pero con el mismo empuje. A sufrir se ha dicho. Y aunque esta vez De Muner escucha el pedido del lunes pasado poniendo a Prokop, la salida de Tino no hace bien al equipo que la pasa mal. 

Pellerano sostiene la defensa, lidiando contra el durísimo y experimentado Matías Quiroga al que la lluvia le mojó la pólvora, por suerte. Orellana pega una patada de roja (y no se la sacan) cubriendo la espalda de Quiroz al que le costó reemplazar a Diarte, tampoco lo hizo mal, simplemente le costó, pero cumplió. 

Si a De Muner se le reclamaron los cambios del lunes pasado, hoy hay que reconocerle el acierto absoluto en el ingreso de Lautaro Escalante. Entró por Jourdan, y en la primera que tocó fue de derecha hacia el centro apilando defensores para terminar habilitando a Diego Sosa que definió más mal que bien, pero el arquero se lo comió y fue el segundo gol. 

Con el 2 a 0 nadie se anima cantar el partido liquidado después de lo sucedido en Quilmes, el hincha sigue tenso, aunque menos que hace un rato. Hay que sumar de tres porque ya ganó Belgrano que empieza a escaparse. No hay que dejarlo irse tan lejos, hay que tenerlo cerquita, con la soga al cuello siempre. 

Todo eso piensan los hinchas que de a poquito se animan, y lanzan un “cómo olvidarme de aquel día”, en medio de la lluvia que nunca dio tregua y nadie se dio cuenta. Es el color de la fiesta de otro triunfo que se encamina, el cuarto al hilo como local. Se lamentan todavía los dos perdidos sobre la hora el otro día, pero ese trago amargo empieza desaparecer con el dulce sabor de esta victoria valiosa, trabajada, difícil, sufrida, como todas. 

Es lunes a la noche, sigue lloviendo, estás empapado hasta la médula. Es hora de volver a casa, otra vez en el bondi lleno de Cirujas que mañana tendrán que laburar en una semanita más corta de lo habitual, una Semana Santa. Mañana puede haber algo de tos, o algún resfrío, pero ganó San Martín y lo demás no importan nada, empaparse en La Ciudadela ha valido la pena cada segundo, otra vez.