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Neblina y oscuridad: San Martín, un empate que no sirve y la punta que se aleja

análisis

Bajo una intensa niebla, el Santo nunca tuvo la claridad suficiente como para traerse los tres puntos de Buenos Aires. Fue más que su rival, pero no alcanzó y ahora quedó tercero a ocho puntos del primero. Empezó la segunda mitad de la temporada y ya no hay margen de error.





La bruma abruma, abruma la pantalla y el campo de juego. Abruma también que haya ganado Belgrano y Brown de Adrogué y abruma que San Martín ya ni siquiera esté segundo. Hay que ganar sí o sí y todo parece más difícil con esta neblina. 

Esperamos dos semanas para volver a ver al santo y ahora solo hay una cortina blanquecina que tapa todo, la pelota es imperceptible y las jugadas se adivinan, pero no se miran. Se sufre el doble y se espera el milagro invisible en las tinieblas. Se confía en el relator como en los viejos tiempos en los que la gloriosa radio era la única capaz de contarnos lo que pasaba en los partidos lejos de Tucumán.  

Cuando van 20, el árbitro llama a los capitanes, a los asistentes y a los arqueros: “¿Seguimos?, les consulta y todos coinciden: hay que seguir, mañana hay vuelo reservado para temprano y ya que estamos, juguemos, como en el potrero. 

El parate de cuatro minutos despierta a los locales que meten tres córneres seguidos y en uno Sand salva el cabezazo. Después son varias del Santo: dos de Jourdan, una casi en contra y otra de Maggi. San Martín busca pero no encuentra, lo merece y no lo obtiene. Na nuevo bajo las tinieblas. 

En el segundo tiempo llega la claridad, las nubes se disipan y la visión se abre, ahora sí se ve lo que pasa y no pasa nada. No hay clarividencia para San Martín que sigue buscando, pero lagunea largo y tendido, se deja presionar y comete los errores de siempre: exagera en el toqueteo hacia atrás y encima la pierde cada dos por tres. 

Sand muestra seguridad con las manos, pero hace infartar a todos con los pies. Sabe jugar, pero arriesga demasiado, muchas veces sin sentido y también elige al revés: la tira larga algunas en la  tiene pase fácil y juega cortito y rápido las que son para esperar y jugar hacia adelante. 

Así Defensores lleva peligro, sin construir nada, con solo recuperar en tres cuartos. es el mismo Sand el que apaga los incendios. Cosa de locos. 

Tras media hora de siesta, San Martín se acuerda que hay que ganar, se activa con los mejores de siempre: Jourdan y Sansotre que se combinan y desbordan, Miritello no llega por un pelito. 

Son los recién ingresados Imbert  y Escalante los principales responsables de la levantada, se juntan y logran adelantar al equipo. Es verdad que las oportunidades de gol  no abundan y la más clara está en los pies de Herrera, pero el arquero se la ataja. Era esa, no hay ni habrá más. 

A esta altura, el Pueblo Ciruja ya entiende que esta noche no se gana, ni aunque Escalante le haya cambiado la cara al equipo, ni aunque Mauro Verón entre sobre la hora, ni aunque Diarte tire dos o tres centro picantes que no encuentran a los compañeros. 

Es una lástima, pero hoy se van dos puntos que nunca estuvieron demasiado cerca, ni muy lejos que digamos. El empate no está mal, pero la ansiedad domina los corazones de Ciudadela que ve la punta cada vez más lejos, cuando ya falta menos de medio campeonato. 

Jugar mejor que el rival no alcanza,  perder poco, tampoco. Es inevitable la comparación con Belgrano que hace menos y gana más. La campaña es buena, muy buena, pero  la vara está alta, altísima y no hay margen para el error. Es por eso que un empate de visitante que antes se hubiera firmado y hasta festejado, hoy sabe a poco, o casi nada.

No es tiempo de conformistas, el torneo es largo, pero ya no tanto, ganar es lo único que sirve si se quiere seguir pelando el primer ascenso. Pero no hay olvidarse que salir segundo clasifica a una semifinal y eso no es poco. Brown de Adrogué es el próximo rival y en esa lucha, el lunes que viene habrá una final en Ciudadela. Habrá que estar preparados. Ahí estaremos.