San Martín, el quinto refuerzo, los goles de colección y la chapa de candidato
Imbert fue la figura inesperada, Diarte, el goleador implacable. El Santo hizo todo para llevarse un triunfo merecido y clave en la lucha por los primeros puestos. Autoridad, orden y buen juego, fueron los argumentos de un equipo que se ilusiona y tiene con qué.
¿Qué más querés para un lunes? Ahora estás con esa cervecita fría y el sanguchazo de Don Pepe, el original o el de la General Paz, capaz que en Chacho, con un chori en la Ciudadela, nomás. Si te escapaste del trabajo vaya a saber con qué excusa que nadie te creyó, porque algún vivo decidió programar el partido en pleno horario laboral, total, saben que la cancha se llena igual, y que después cada uno vea cómo hace para darse maña para llegar.
No te habías terminado de acomodar en la Pellegrini cuando Imbert le choreó la pelota a un defensor dormilón, después Sosa se la abrió bien a Jourdan que tiró el centro perfecto para que sea el mismo Imbert el que la empuje. Golazo tempranero en el anochecer de un lunes que marca las 8 y cuarto, pero que ya es noche cerrada.
De Muner había pateado el tablero, cambiando el mediocampo, y a pesar de haber traido varios volantes, hoy confió en dos que ya tenía y que antes no ponía: Imbert y Escalante. Tino, Andrada y Droopy Gómez, al banco. Larralde y Llama, a la platea.
Imbert hoy saca chapa de refuerzo de lujo, aunque ya está hace casi dos años, se convierte en el quinto jugador que ilusiona de cara a lo que se viene, se suma a los cuatro que llegaron de afuera. Muchos decían que se va, pero hoy De Muner manda un mensaje e Imbert le responde con contundencia: "Estoy para jugar". Aprovecha al máximo la chance, corriendo todo, marcando, recuperando y haciendo un gol. Mostró que la va a pelear y que, cuando lo llamen, ahí a va estar, para decir presente, para aportar, para rendir, como siempre.
Ese gol rápido no le cambio los planes a nadie: Brown trató de mantener el orden, sin mucha ambición, como si solo tuviera un libreto preparado para el 0 a 0. San Martín sostuvo la pelota, sin apuro, tomando pocos riesgos, volviéndola hacia atrás casi todo el tiempo, invitando al rival a adelantarse, invitación que nunca fue aceptada.
Cuando se animaba, Jourdan desbordaba con facilidad y así casi la empuja Herrera con la cabeza, y después Sosa se pierde el segundo con la derecha. De ellos, no mucho, solo el 11, que es rapidito y juega bien, intentaba algo, fue él el que estrelló un bombazo en el ángulo y lo hizo correr para todos lados a Herrera.
Ganar desde el comienzo es siempre un alivio, pero no es fácil de manejar, y la tabla juega su papel, Belgrano no ganó y hay que aprovechar y ellos están segundos, por algo será. Por eso hay tensión, también aplomo, el partido se sufre, pero se controla.
“Qué lindo sería el segundo ahora”, estás pensando cuando Sosa se perfila para un córner desde Pellegrini y Bolívar. Lo mirás a Lópes y González, te imaginás un cabezazo de Miritello o algún rebote fortuito que le quede a Sansotre.
Pero no te imaginaste nunca lo terminaste viendo: la pelota va bien abierta, casi a tres cuartos de cancha, para un Diarte que no salía ni en la foto del córner, ni el cuadro de la trasmisión, ni en tu campo visual, ni en el de ninguno de los más de 20.000 que miran desde la tribuna. Diarte la baja y acomoda en un mismo movimiento, “control orientado”, le dicen los eruditos del fútbol moderno. Tres de Celeste se le lanzan encima a evitar lo inevitable. Diarte ya no es Diarte, ahora es Roberto Carlos, como lo fue contra Chacarita, y contra Quilmes. Desenfunda la bazuka de la pierna izquierda y dispara. Teledirigida, la pelota tarda fracción de segundo en clavarse en el ángulo. El arquero hace más espectacular el gol con su vuelo estéril e impotente.
¡Qué golazo, maestro! ¡Qué bomba maravillosa! ¡Qué manera de pegarle a la pelota!, justo hoy que se retiró Marcelo y el Real Madrid le anda buscando reemplazante. Pero no se me confunda Florentino Pérez, Diarte es de Lo Santo.
Mientras Brown saca del medio, pensás si este no es el mejor gol que te tocó gritar en Ciudadela. Se te vienen a la cabeza varios, el Campodónico a Almagro, el de Saavedra a Boca, alguna apilada del Huesito Pereyra contra Chacarita, varios tiros libre del Capo Noriega, el de Zacharsky de palomita desde mitad de cancha en un clásico. Son muchos, pero este entra, definitivamente, entra entre los mejores. Si hasta el árbitro José Carreras se acercó a felicitarlo.
Nunca las noches son del todo redondas en Ciudadela y siempre algo hay que sufrir, es por eso que no te sorprende que a los tres minutos, después que el equipo se distraiga entre discusiones sin sentidos y peleas que terminan con amarillas sonsas, ellos se encuentren con un penal regalado, pero no por el árbitro, sino por Sansotre que se equivocó de deporte e hizo una de vóley. Alguna vez se iba a confundir el mejor jugador de San Martín en esta temporada. Mateo Acosta lo cambia por gol y ahora a resistir, a sufrir, a penar como tantas noches, como siempre.
Entran Tino y los debutantes Andrada y Gómez, entran para tenerla, para sostener el resultado con la pelota en los pies. Droopy y Costa se buscan como Xavi e Iniesta: pasecitos cortos y de memoria, como hace un par de año en Primera. Exageran y por ahí la pierden, o arriesgan, pero mal que mal cumplen con el objetivo de dormir el partido. Andrada es atrevido y encarador, pero desinfla en los últimos metros. Bien igual. cuando no se tienen la pelota, es Miritello el que más la corre, es un 9 jugando para el equipo, aunque este equipo nunca juegue para el 9.
Solo hay tiempo para que Sand se luzca en un ataque por la derecha, la única clara de ellos que solo tiraron pelotazos frontales, sin justificar de ninguna manera su posición en la tabla. Después de no jugar en 90 minutos, se hicieron los enojados con el árbitro vaya a saber por qué.
Mientras ellos lloran, San Martín es un solo abrazo, un ronda cerrada en mitad de cancha y el revoleo de las camisetas al viento en las cuatro tribunas. Esas dos imágenes enmarcan el final de otro lunes hermoso con tres puntos en el bolsillo, con dos golazos bien a la tucumana para un triunfazo clave contra un rival directo. Por si a alguien le quedaban dudas, acá está San Martín señores, peleando el campeonato partido a partido, fecha a fecha y falta mucho, pero cada vez falta menos.








