"Nadie grita un gol como un Ciruja": dónde sea y cómo sea, desde siempre y para siempre
San Martín ganó en San Juan, se festejó en Ciudadela y en toda la provincia. No fue una final, pero así se vivió, así se vive siempre. Un video muestra la locura de los hinchas que no están viendo un mundial, están viendo algo para ellos mucho más importante.
Es la siesta de un jueves, pero podría ser martes, lunes, sábado o domingo. San Martín juega en San Juan, pero podría jugar en Buenos Aires, Birmania o Júpiter. Hay un televisor led grande que trae imágenes del partido, pero podría ser la pantallita de un celu, una tv en blanco y negro, un radio grande, una pequeña Spika, unos auriculares o simplemente la espera errática de tener noticias con el resultado desde algún lugar incomunicado. Es 28 de julio de del 2022, pero podría ser 30 de enero de 1990, 15 de septiembre del 1975, 8 de agosto del de 1932 o 15 de noviembre del 2094. El Pueblo Ciruja vive cada partido, desde siempre y para siempre, como nadie.
Por eso un grupo de hinchas, de distintas edad comparten un almuerzo, algunas botellas de vino, varias de gaseosa y rodean una mesa larga con los dientes apretados, y el corazón en la boca. Un video publicado en la redes de Santo de la Ciudadela eterniza el momento: El Turco, viejo conocido de este diario, sale de escena a decir algo a alguien afuera, el resto, clava la mirada en la pantalla, el Turco regresa, mientras Quiroz tira un centro demasiado pasado que Pellerano rescata. El Turco hace el gesto del cabeceador, Abregú lo imita dentro de la cancha, la pelota va y vuelve, como la sangre por las arterias y las venas. Abregú la empalma y grita el alma. Un muchacho de apellido Corti estalla desaforado a la pantalla, los demás corren, saltan y se abrazan. No es la final del mundo, no es el gol del Burru a Alemania, es un gol por la fecha 26 se la Primera Nacional. Es un gol de un equipo que está lejos del puntero. Es un gol de un jueves a la siesta. Pero es un gol de San Martín por eso se grita así.
En el segundo, la escena es similar, pero esta vez ya se está sufriendo hace largo minutos, porque cualquier Ciruja sabe que se sufre más ganando que perdiendo o empatando, y de visitante ni te cuento. Entonces, cuando Andrada se la lleva, El Turco le repite tres o cuatro veces “petisito hermoso”, Andrada lo escucha, se inspira, engancha y saca el centro al corazón del área y al corazón del Pueblo Ciruja, Miritello salta y se suspenden en el aire, sostenido por los miles de laburantes que a esa hora ya está llegando tarde a sus trabajos pero que no le sacan la vista a la pantalla. Mirtello cumple y la clava. Estallan el Turco y sus amigos y los laburantes que llegan tarde, y los que van en el bondi, y los que ya están espiando el celular y los que están solos en alguna oficina sin tener con quien abrazarse pero que se abrazan con todos.
“Nadie grita un gol como un Ciruja”, comenta el video Cesar González, seguramente un fanático de toda la vida y tiene razón: nadie grita un gol como un Ciruja porque el Ciruja se juega todo en cada partido, da más o menos lo mismo que se la fecha 1, 26 o una final y da lo mismo porque siempre se está luchando por algo, anhelando algo que siempre falta, que nunca se deja de buscar y eso hace que cada pelota, que cada jugada y que cada gol, parezca el último.
Solo el Pueblo Ciruja, que ha ido y vuelto del infierno varias veces, sabe cuánto vale un triunfo dramático, un empate oportuno y cuanto duele una derrota, cualquiera sea. También sabe que en esos goles de ayer está la alegría del fin de semana, y la espera con más ganas del partido del lunes, y las miradas a una tabla que después de Atlanta no querían ni mirar. Sabe que ganar nunca es fácil y siempre es lindo.
El Pueblo Ciruja vive así, con la sangre en constante ebullición, no hay lugar ni tiempo para las tibiezas y por eso le reclama a sus jugadores y cuerpo técnico cuando no se ve reflejado ese espíritu en la cancha, porque solo pide eso: “Los jugadores nos van a demostrar que salen a ganar, que quieren salir como campeón, que lo llevan adentro como lo llevo yo”.
Así que señores, es verdad, nadie grita un gol como Ciruja y aunque el fútbol no sea algo de vida o muerte, para un Ciruja, San Martín es simplemente vida.








