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San Martín no es para cualquiera: entre desalmados e intrascendentes, detrás está la gente

análisis santo

En una noche negra, La Ciudadela llena fue el escenario de una actuación para el olvido. Un mal planteo y poca actitud de un plantel que nunca entendió lo que se jugaba ni dónde jugaba, son las claves de una eliminación inapelable.





Un señor de unos 60 años con lágrimas en los ojos está sentado a los pies de una escultura del típico Ciruja de Sirgo. Alguien lo consuela: "Ya está maestro, no se ponga así", le dicen. El hombre contesta: "He empeñado la tele para venir, he venido a la 6 de la mañana desde Los Ralos a hacer cola para sacar la entrada". Ningún jugador sabrá nunca cuánto han penado los 30.000 que no pararon de gritar esta noche. De Muner no entenderá jamás que su compromiso no era con Tino Costa y su trayectoria en Europa, ni con la experiencia de Pellerano, ni la entrega de Diarte. De Muner no sabrá nunca, porque nunca lo supo él ni casi ninguno de sus jugadores, que su compromiso era con la gente, con el pueblo, con la hinchada.

Es por eso que De Muner siente que Tino no puede faltar y lo manda a la cancha sin justificativos, aunque eso le signifique sacrificar a Larralde, corriéndolo de donde venía jugando bien y, a su vez,  regalar el costado izquierdo de la cancha para que ellos ataquen fácil por ahí. Pero sus desaciertos no terminan ahí, porque podría haber puesto a Tino, sin correr a Larralde, sin regalar la izquierda, jugando con un solo 9 como lo hizo todo el año, pero no, él decide hoy, justo hoy ser más ofensivo que nunca, cuando por primera vez le sirve empatar en Ciudadela. 

Entonces hoy planta dos 9, como nunca lo había hecho, como si de pronto Verón fuera insacable, como si no quedara otra que ganar a cualquier precio, pero no entiende que ese precio es un centro desde la izquierda desguarecida y un cabezazo tempranero que cambia el destino. El mal planteo se paga con una eliminación que algunos, muchos, cantaron hace 10 o 20 fechas.

“Se tiene que ir ahora, después va a ser tarde”, planteaban algunos hinchas tras el empate apático en Rafaela, tras la derrota sin pena ni gloria contra San Telmo. A pesar de eso siguió, y no parecía mal que siga: iba segundo y Belgrano no estaba tan lejos, pero los agoreros de siempre tenían razón, siempre la terminan teniendo: Ni de Muner ni sus muchachos reaccionaron y entre empates en cero y actuaciones magras, Belgrano se terminó de escapar y también Instituto y ni excusas daba el técnico mudo por un perro muerto en la casa, por amenazas de vaya a saber quién y vaya a saber por qué. 

El primer puesto se fue lejos y solo quedaba el reducido como última alternativa. Y en ese reducido tan mentado, no tardaron más de 8 minutos en encontrarse en desventaja, producto de un mal planteo, de jugadores parados y mal parados, de desatenciones defensivas y, sobre todo, de un equipo desalmado que jamás comprendió ni lo que se jugaba y, lo que es mucho peor, dónde jugaban. 

Tal vez, Jourdan volverá al fútbol de Ecuador; Larralde tal vez construya una aceptable carrera en Defensa y Justicia; Herrera trotará por clubes de medio pelo del continente; Miritello hará algunos goles en clubes de mitad de tabla en la A; Pellerano se volverá a Buenos Aires y Tino se mudará a Valencia, pero ninguno será recordado en este lado del mundo donde tuvieron la chance de hacer historia y la dejaron pasar. Qué se le va a hacer, la historia no es para cualquiera y San Martín tampoco es para cualquiera.

“Hay formas y formas de perder”, dicen algunos y de hoy fue deshonrosa, por la falta de entrega, de sangre y de corazón. Porque cualquier equipo puede errar y hasta encontrarse en desventaja inesperadamente, puede pasar, como pasó contra Dálmine en el 2018, pero después hay que reaccionar, en algún momento hay que reaccionar, y hoy no hubo ni un intento de reacción, ni siquiera una situación de gol, ni un manotazo de ahogado. “Y eso no se olvida, lo dice la hinchada”.

Ni hablemos del penal de Miritello, que con 23 años vino a ser el tercer delantero, tras un paso en Talleres de Remedio de Escalada y termina como goleador inesperado que hoy no la embocó, pero nunca claudicó. Caerle a él sería injustos. En todo caso es uno más de muchos que no dieron a la talla. O, mejor dicho, él sí dio a la talla más de lo que se esperaba, teniendo en cuenta que el cuerpo técnico y dirigentes se cansaron de ningunearlo hablando de la falta del 9 de jerarquía que finalmente nunca llegó. 

El que si vino para ser titular, al menos entre lo que había, es Iván Maggi, quien perdió el puesto en las primeras fechas y después sumó algunos ingresos sin trascendencias hasta que en el partido pasado entró, jugó bien, hizo un gol y hoy no tuvo ni un minuto en cancha, en otra decisión inentendible del DT. Una más de tantas que llevan  a una eliminación más cantada que el Cumpleaños Feliz.

Pero es ahí, ya con la derrota consumada, en el peor momento, en el dolor más profundo, en el enojo más visceral con las aves de paso, con los mercenarios de turno, con los intrascendentes olvidables. Es ahí, justo ahí, donde invade esa sensación agridulce tantas veces vividas, mientras desde los cuatro costados crece el “Aquí está la gloriosa la hinchada de Lo Santo”, que luego se tapa por el hermoso "Ciudadela Ciudadadé”, al ritmo de la marcha peronista. Entonces, no queda otra que mirar las butacas, los escalones y las banderas al viento y pensar: “Nos vemos en un par de meses, Ciudadela” y mientras el tipo de 60 llora a los pies del típico Ciruja, todos piensan lo mismo: “Aunque hoy duela, el año que viene aquí estaremos, con ilusiones renovadas, la piel curtida y la pasión de siempre”, al fin y al cabo, esto es San Martín.