Desalmado: San Martín, la siesta eterna del equipo que no despierta
No sonó el despetador en el vestuario, ni tampoco suenan los latidos del corazón de un equipo que por momentos parece no tener pulso. Poca actitud, nada de fútbol y mucha preocupación de un equipo que empieza a ver como el torneo se le va lento sin poder alcanzarlo. Reacción y reseteo urgente.
(Fotos de Matías Murquia)
El despertador que te sonó bien tempranito esta mañana, para que te pongás de pie y vayas a laburar, rezongando como todos los lunes, hasta que se te dibujó la primera sonrisa en la cara cuando caíste en la cuenta que “hoy juega el Santo”. Ese mismo despertador que a otros levantó de la siesta tórrida, de ventilador y camas destapadas, de aires acondicionados para los que pueden, para después caminar lento y cansino a la parada del bondi con el Sol partiendo la nuca, contando los minutos para llegar al local, a la oficina, o donde sea que toque, siempre con el celular conectado a internet para ver a San Martín, con los auriculares para sintonizar la radio, o con la mirada en la tele que está allá lejos con TyC Sports puesto.
Ese maldito despertador que a vos y a todos nos sonó, se quedó callado, mudo, en el vestuario de Delfino y sus refuerzos a los que no les importa que sean las 5.00 PM y que el partido ya haya empezad porque ellos, los que a nosotros nos develan, siguen dormidos, apolillando una siesta eterna de la que no piensan despertarse en toda la tarde.
Así de dormidos están que no pasan mitad de cancha, ni ganan una dividida, ni dan dos pases seguidos, ni corren, ni marcan, ni nada. De situaciones de gol ni hablemos, con llegadas claras ni soñemos. Están tan dormidos ni el griterío de las tribunas, son sonámbulos que caminan la cancha mientras San Telmo acierta una buena contra de dos contra cuatro que agarra a la defensa mal parada, retrocediendo en vez de achicar hacia adelante, habilitando en vez de dejar adelantado, entonces, lo inevitable de lo inminente: un tipo controla bien, agarra a Carrizo a mitad de camino y se la cucharea por encima del cuerpo.
Ni ese cachetazo despabila, a este equipo que ya parece más muerto que dormido. Para colmo Núñez, el Yacare dormido es cartera por una lesión que lo obliga a salir, para que entre Pío Bonacci que tiene nombre de Papa pero no hace milagros, ni siquiera reza por hacer un gol. Mejor esperemos que en el entretiempo se despierten, se despabilen y salgan a jugar. Capaz que con 45 minutos de juego alcanza para darlo vuelta.
Ahí entran Colazo por Pardo y Delfino, que había puesto un solo delantero de arranque, ahora manda tres a la cancha, pero entre ellos no está Verón, que la semana pasada era titular y hoy no es ni el cuarto. Los Muchachos veronistas putean.
Solo Dening sacude la modorra con alguna guapeada solitaria y entre esos bostezos largos, empata casi sin querer después de un lateral, varios cabezazos, un gran control y una mejor media vuelta. El único que juega desde la primera fecha.
De la nada misma, a este punto parcial hay un abismo de diferencia que ahora habría que cuidar, pero no pasa ni minuto y la defensa se deja acostar de nuevo para terminar con la expulsión insólita de Meritello por doble amarilla. ¿Y ahora? Qué sea lo que Dios quiera.
Y Dios quiere que jueguen, que dejen de boludear y se hagan cargo ellos, él no se va a meter en este partido chato y aburrido, él también prefiere dormir la siesta, esa misma que duermen todos, aunque ya sean más de las 18.00 y entonces Banegas no la despeja a tiempo, la pierde y se viene otro córner, uno que tiran fuerte al área chica para que el 5 de ellos cabeceé solo con Quilez corriéndolo cuatro metros atrás. Los demás miran y ponen las manos en la cintura, igual que toda la tarde.
Quedan 15, pero los de San Martín parecen pedir la hora, no quieren jugar, no esbozan una reacción, no buscan el arco contrario, no ensayan ni la más mínima remontada. A esta altura nadie pretende la épica, claro, pero al menos sí un liso y llano empate contra San Telmo. Ni más ni menos. Un puntito contra San Telmo. Qué bien que vendría. Pero no. Manos vacías nomás, merecidamente.
El técnico, con cara de enojado y gesto serio, reprochará a los suyos la falta de actitud, y tendrá que reprocharse a sí mismo la falta de identidad, de juego, de idea, de táctica, de estrategia. De todo.
Hay tiempo mejorar, todavía falta mucho, pero hasta ahora, salvo con All Boys, este equipo lejos ha estado de mostrar chapa de candidato y , por eso, lejos también está en la tabla, en el puesto 12, a cinco de la cima, pero con 11 equipos en el medio.
Entonces ahora, mientras en Tucumán esperamos que baje el calor que llueva a cántaros, con los despertadores prendidos y el corazón alerta, es hora de que este plantel se levante de la siesta porque el crédito se extingue, el verano se acaba, y la pretemporada ya terminó hace rato. El torneo es como un tren al que hay que perseguir va lento, pero fecha a fecha acelera un poquito más y en sus vagones no hay lugar ni para sonámbulos, ni para zombies.








