Semana Santa: San Martín, milagro y resurrección en Ciudadela
El Santo tuvo la mejor actuación de la temporada justo después de la salida de Delfino y con Ferrero como DT interino. Otra actitud, buen fútbol y eficacia, fueron las claves de la goleada. El Ciruja se prenden en la pelea y se avizoran tiempos de cambio.
Delfino, crucificado, ya no está en el banco de suplentes y ahora es Ferrero, que también carga con la cruz del mal arranque de temporada, él y sienta en el banco a dirigir él los jugadores con los que negoció.
La tarea del mánager devenido en entrenador interino no es fácil: será blanco de miradas y de puteadas, será quien ponga la cara ante una derrota y nadie destacará su tarea ante un triunfo, pero sobre todo, deberá devolverle el alma a este equipo que la perdió en la segunda fecha.
Empieza el partido 10 minutos antes de lo previsto y la mayoría de la gente está en la calle sin enterarse que ya juegan. Mientras tantos, estos jugadores que hasta el miércoles pasado casi no se movían, hoy sí corren, hoy sí juegan, hoy dejan de ser zombies caminantes de la cancha para ser jugadores de fútbol. Milagro y resurrección en Ciudadela.
El cambio es tan brusco que los hinchas se pellizcan cuando Dening apila a dos con caño incluido y define como los dioses para meter el 1 a 0 antes de que sean las 16.10, el horario en que iba a empezar el encuentro.
El gol trae alivio y mengúa los potenciales insultos que estaban en la punta de la lengua de todos y tenían varios destinatarios. Pero qué mejor que no tener que putear.
Los sanjuaninos ensayan tímidamente algún a reacción, pero San Martín está tan cerca del segundo que se lo anula dos veces: primero a Pío Bonacci por una mano dudosa y después a Dening por un off side que sí fue.
Los que abandonaron la sobremesa familiar para estar en las tribunas, tienen un entretiempo en paz, porque por fin el equipo está poniendo los huevos sobre la cancha. Esta vez parece haber valido la pena.
Las claves de la mejoría son varias, aunque se destacan que Bucca tiene más juego más que cualquiera de los que elegía Delfino; que Dening exige todo el tiempo, como siempre; y que, por izquierda, Andrada está intratable y Banegas hace un surco en cada trepada y así nacen las mejores chances del equipo, incluso los goles: el de Banegas, el de Andrada y hasta el gol en contra, todos nacen por izquierda.
La actitud, esa que no se negocia, parece haberse negociado, y hoy al fin aparece, porque aunque el equipo gana y golea, también corre, marca y mete, como no lo hizo el miércoles pasado, ni el viernes, ni Matederos, ni en la Isla Maciel, ni en casi ninguna cancha en lo que va del campeonato. Más vale tarde que nunca.
La defensa sigue mostrándose endeble a tal punto que el 2 de ellos escala tirando paredes hasta meterse al área y definir como un delantero para descontar un partido ya liquidado desde hace un buen rato.
Del DT improvisado se puede destacarla elección de algunos jugadores marginados, como Bucca que ni siquiera había viajado a Zarate, a vuelta a la titularidad de Andrada que fue la gran figura de la tarde.
El triunfo devuelve la sonrisa a Ciudadela, la gente canta y se alegra, vuelve a tener ganas de mirar esa tabla de posiciones en la que increíblemente, después de tanto mal estar San Martín se encuentra quinto, a solo seis puntos de líder que tiene un partido más.
Además, los tres puntos de hoy sriven como colchón para que el entrenador que herede el equipo empiece con más margen para trabajar tranquilo.
La goleada también devuelve el alma la cuerpo de un San Martín hasta hace pocas horas estaba totalmente inerte. Es un domingo de resurrección en Ciudadela. Que sea solo el punto de partida en la que nunca falten goles y los huevos de hoy y, ojalá, que no sean solo huevos de pascuas.








