Así no: San Martín, el partido calcado y las malas costumbres
El Santo era más, pero después fue menos y no pudo ganar otra vez. Fue ambicioso y se quedó sin nada. Fue al frente y se descuidó abajo. Quiso ganar y perdió. Un equipo que no termina de encontrar una identidad y al que parece faltarle un golpe de horno para lograr el objetivo principal.
Este análisis podría simplificarse con la simple frase “léase Análisis del partido San Martín vs Almirante Brown”, así, con letras pintaditas de azul y subrayadas que inviten a ir con un solo click de manera directa a aquel artículo en el que se habla de merecimientos, injusticias y tantos otros imponderables futbolísticos,
Pasa que aquel sábado nublado se parece tanto a este que si no fuera por los colores de la camiseta cualquiera diría que es el mismo partido: San Martín se planta de visitante con claras intenciones de ganar, toma el protagonismo y no lo cede, ataca con convicción pero sin tanta profundidad ante un rival que parece menos y que sobrevive al partido como puede.
Así termina el primer tiempo, pero así no comienza el segundo, donde todo se empareja de golpe y aunque las ambiciones de San Martín no se modifican, el adelantamiento de Temperley es mayor y las dudas defensivas de la defensa improvisada se empiezan a notar de cada vez más, sobre todo del lado izquierdo, justamente donde hoy las ausencias se hacen extrañar porque ni Brunet, ni Sansotre terminan de brindar garantías.
Para colmo, la lesión tempranera de Abregú condiciona tanto al equipo que antes no nos habíamos dado cuenta que tan importante era/es Abregú, porque Pierce no tuvo ni la mitad de la presencia y Bucca, más huérfano que nunca, no puede solo.
Aun así la más clara llega por el lado de Andrada, que por fin termina una bien y saca un zurdazo potente que se estrella en el atravesaño, sacudiendo las arañas que dormían a centímetros. Era un golazo del mendocino que si resolviera mejor en los últimos metros, San Martín estaría más arriba.
Pero cuando la tarde viene torcida, como aquella de Isidro Casanova de unas semanas atrás, no hay vuelta que darle, y de un error del arquero de ellos que San Martín casi pesca, nació un lateral rápido que encontró la espalda vacía de Sansotre que había salido a presionar lejísimos. Brunet lo cubrió mal, tarde, blandito y se lo comieron. El centro desde la derecha cayó en la izquierda para que un tal Rodrigo Mazur la clave en el ángulo.
Otra vez en desventaja injustamente, un calco de otras tardes borrascosas en la que San Martín merece más pero cosecha menos y entonces las casualidades pasan a ser causalidades, porque una cosa es una vez y otra cosa es en cuatro de los últimos cinco: con Almirante Brown, Estudiantes de Río Cuarto, Nueva Chicago y Temperley.
El tema es que después del golpe hay que reaccionar y ahí se falla otra vez: empiezan los cambios/manotazos de ahogado, entran Molinas, Martínez, Colazo y Verón. “Ufff salvao con esos cambios”, lanza un hincha irónicamente en un bar del Abasto.
Y nada pasa ya, esa ambición del comienzo ya es desesperación y no se cae una idea. Entre pelotazos frontales, avances irresolutos y malas decisiones, el partido se va y los puntos se escurren.
Son 25 minutos para olvido que dilapidan los otros 65, porque jugar más o menos bien, un partido que va 0 a 0 no sirve de nada si después perdés 1 a 0 y no estás ni cerca de empatar. El cúmulo de desaciertos se suma desde el egoísmo de Dening al que le cuesta soltarla, pasando por la incapacidad de Andrada para finalizar con precisión, la soledad de Bucca, la intrascendencia de los recién ingresados y las dificultadas creativas colectivas.
El desconcierto es tan grande que ya en tiempo adicionado un tiro libre a favor delante de mitad de cancha a la que suben todos a cabecear termina en los pies de Sand.
La nueva derrota no enciende la alarma por sí sola, la enciende porque no es la primera con las mismas características, porque que es un equipo que necesita hacer mucho para ganar y al que con poco le ganan y acá ya nos empezamos a diferenciar de aquel análisis citado al comienzo del partido contra Almirante Brown porque entonces suponíamos que jugando mejor se iba a ganar más de lo que se iba a perder y ahora eso ya no está tan claro, a hora vemos que San Martín pierde igual, o al menos no suma de a tres aunque lo intente.
¿Falta de jerarquía individual? Tal vez, pero en esta categoría a nadie le sobra de eso. ¿Entonces qué? ¿Falta de suerte? Un poco puede ser, el palo de Andrada se podría explicar así, pero no es suficiente.
Lo que más se ajusta es la falta de contundencia y de resolución en los últimos metros, no solo de definición, porque hay pasos previos que mejorar, como la conducción de los ataques, la elección de las opciones, la ejecución de los centros. Todo eso le falta a este San Martín que a veces tiene un frente ofensivo con cinco o seis futbolistas abiertos por todos lados y surge un pase apurado, una decisión mal tomada un último pasa impreciso. Y así no se puede.
¿Qué no se puede? No se puede ascender así. No es que este equipo no pueda ascender, claro que puede, pero así no. Tiene que hacer el otro click, al primero ya lo hizo: al actitudinal, al de la ambición y el hambre de gloria, ya mostró ese cambio con la llegada de Frontini, pero ahora tiene que dar la otra vuelta a la rosca y mostrar más calidad de equipo, más jerarquía colectiva si no la tiene en lo individual, agarrar los tres puntos cuando están al alcance de la mano, tomarlos y metérselos en el bolsillo sin dudar, aprender y acostumbrarse a ganar porque si no puede pasar exactamente lo contrario, y está pasando: se está acostumbrando a no ganar.








