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"Desde el Norte argentino y para todo el país": la pasión según San Martín

ANÁLISIS

En el campo de juego el equipo se desvivió por emparejar un partido desigual desde el arranque. El protagonismo nunca fue de los jugadores sino en las tribunas. | Por Gabriel Sanzano

El PUeblo Ciruja copó las tribunas. Foto: CASM Oficial.





"Desde el Norte argentino y para todo el país, llega la famosa banda, la banda de San Martín", suena hoy más fuerte que nunca, con el pecho inflado de orgullo, con el corazón en la boca, con la piel erizada. "Esto es San Martín", le dice un padre a un niño, tiene el acullico hinchándole el cachete y lágrimas en los ojos. Laburó hasta el mediodía y agarró el auto, cargó a su hijo y salió con una casaca, un camperón y un par de sanguchitos.

En el camino pasó al Renault 12 que se viralizó a la tarde. Llegó con lo justo, pero, por suerte, tenía las entradas que había sacado el día anterior después de seis horas de fila en medio del frío y de la lluvia. 

En la parte alta de la cabecera sur del deslumbrante Estadio Mario Alberto Kempes está como a 100 metros de donde serán los tres goles.

A él, a su hijo y a los otros miles ya no les importa tanto las puñaladas que acierta Racing las pocas veces que ataca. Sí lamentan los goles errados, pero tampoco se vuelven locos. Hoy había que estar y están, el resto es lo de menos. 

Aunque en el campo San Martín se desvive por emparejar un partido desigual desde el arranque, el protagonismo no es de los jugadores porque la fiesta está en la tribuna y antes estuvo en el playón de estacionamiento gigantesco atestado de colectivos y autos particulares que saturaron la Ruta 157, tiñendo de rojo y blanco cada estación de servicio, cada parador del camino de casi 600 kilómetros.

En la cancha un equipo superior pero inferior, pierde contra otro que no hace nada para ganar y gana. Jerarquía, le dicen. Mala suerte, dirán otros. Qué importa quién tiene razón.

Este partido en sí no importa porque el objetivo es otro, pero también es cierto que es una buena medida y como tal arroja varias conclusiones: a San Martín le falta para enfrentar a estos equipos, tal vez no tanto, pero le falta. Además, le falta consolidarse, hacerse cargo de una idea y hacerla carne, cuerpo. Hoy, por ejemplo, eligió competir de igual a igual, sin renunciar a jugar y no le alcanzó. Y, cuando por fin se puso a tiro, se quedó sin piernas.

Encima, descontó cuando ya le había cerrado la persiana al partido, cuando Frontini ya estaba cuidando jugadores para el próximo partido y hasta casi lo empata y termina con dignidad. 

Por eso, al final vuelve el pecho inflado, el corazón en la boca y El "Ciudadela Ciudadela" para todo el país. Porque cuando un padre le dice a un hijo "Esto es San Martín" le está enseñando que el resultado, siempre, pero siempre, es lo de menos y que las 10 lucas en entradas sacadas en el frío y la lluvia, los apuros en el trabajo y las rutas largas han valido la pena otra vez, aún en la derrota.

Es hora de volver, hay un largo camino de regreso a casa por delante, mañana hay que laburar y el fin de semana sufrir de nuevo. "Ha sido otro día hermoso", piensa al padre que mira a su hijo y después al cielo: "Gracias a Dios que nací Ciruja".