Top

"Ahora duermo tranquilo; es de acá para adelante": la búsqueda de la felicidad de Mati y su familia

HISTORIAS DE ACÁ

Hincha decano desde la cuna, al igual que su hijo de 6 años y su mujer, con quienes viaja cada vez que puede para alentar al equipo de sus amores. La pandemia maldita, la incertidumbre, el esfuerzo. Una crónica de pasión y superación.

Matías, Micaela y su hijo Tomy posando frente al Estadio Madre de Ciudades.





Es viernes. Arranca el fin de semana pero para Matías Quinteros, a sus cortos 27 años, podría no significar demasiado. Está cansado. Su día a día está colmado de incertidumbre. A diferencia de otros jóvenes de su edad, su cabeza está puesta en aquello que pondrá en la mesa al día siguiente para que su hijo Tomy coma y, si alcanza, para él y para su pareja Micaela. Así fue durante cuatro años. Así fue hasta un viernes 7 de julio, día en que recibió la llamada que le cambió la vida para siempre y coronó un largo recorrido de penas sin gloria y esfuerzos por fin correspondidos. Como si se tratara de la escena más emotiva de la famosa película ‘Pursuit of Happiness’ (‘En búsqueda de la felicidad’ traducida al español), Mati contesta su teléfono celular y se queda en silencio, estupefacto, incrédulo ante lo que acaba de decirle la voz femenina del otro lado. Sale apresurado de la casa que, en ese entonces, compartía con otros familiares. El corazón late a velocidades inexplicables. A esa altura el protagonista de la historia no logra asimilar si el mensaje es bueno o malo y simplemente se remite a llegar a su destino lo más rápido que capacidad humana le permite. Una firma con la lapicera y todo aquello que debió padecer ahora formará parte de un duro recuerdo o, a fin de cuentas, un aprendizaje largo y crudo. Ahora sí Mati se siente libre, tranquilo y lo primero que hace es llamar a su madre para encontrarse y contarle cara a cara, corazón a corazón, para contarle de su propia boca aquella noticia que lo ha inundado de felicidad. Es que ahora Matías, hincha decano desde la cuna y trabajador apasionado e incansable, es empleado en blanco. Su búsqueda está completa.

Mati y su familia inspiran este artículo luego de que publicaran en Twitter lo que para ellos significó efectivamente el inicio de una nueva etapa. “Después de 4 años en donde pasé una pandemia de mierda, me tocó quedar desempleado y remarla como podía por fin volví a viajar de visitante, con mi hijo y con mi novia que me bancaron TODO este tiempo”, escribió el joven en la red social que ya no es del pajarito. Un mensaje que publicó luego de la épica victoria de atlético Tucumán sobre Central Córdoba de Santiago del Estero en el Estadio Madre de Ciudades, donde los decanos fueron locales. Por supuesto, agradece al club de sus amores, al que considera como parte de su familia. Un dato no menor, teniendo en cuenta que hoy la vida entera de su hijo Tomy comienza a girar en torno de la institución de 25 de Mayo y Chile.

Lo cierto es que este último sábado no fue una victoria más de los dirigidos por la dupla Orsi-Gómez. También fue un enorme triunfo para una familia de hinchas que padeció su propio calvario y que, a pesar de todo, intentaron a toda costa seguir acompañando al club en las buenas y, sobre todo, en las malas. Y sí que las hubo en este último tiempo. “Atlético es familia”, es algo que Mati no deja de repetir en toda la entrevista con eltucumano.


La publicación de Matías no fue viral. Al cierre de la nota apenas tenía 64 “me gusta” y ningún RT (retweet). Pero el peso del mensaje llamó la atención. Su forma de recordar la pandemia, una de las etapas más oscuras vividas por esta generación, tiene su propia historia.

Un partido soñado

“Si vos me contabas lo que iba a pasar no te la creía”, dice Mati sobre el partido frente a Central Córdoba. Si bien no había demasiado en juego para Atlético Tucumán, el encuentro de este sábado es considerado por Mati uno de los más significativos que vio en su vida como hincha decano.

“El último viaje que hemos tenido en 2019 cuando el Deca jugó con Talleres, después fue la pandemia cuando me tocó estar sin trabajo, deambulando por la casa de mi suegra, de mi mama y de otros familiares Viendo qué comer al día siguiente”, recuerda.

Cuando el año pasado Matías pudo conseguir un trabajo medianamente estable tuvo la posibilidad de viajar a ver a Atlético a Santa Fe, pero el costo del viaje para tres personas (él, su pareja y su hijo) era muy alto. “Nosotros habíamos dicho con mi mujer que viajábamos los tres o ninguno. El partido este en Santiago tuvimos una particularidad: fuimos a ver la sub-20 en mayo pasado y ahí mi hijo me dijo que la última fecha el Deca jugaba ahí mismo. Nos prometimos volver a ver el partido y si no había entradas para visitantes igual íbamos a ir”, cuenta Mati que, por suerte, estuvo alejado de los incidentes registrados en el Madre de Ciudades, que obligaron a detener el partido por varios minutos.

“Fue un viaje soñado, un partido soñado, en las tribunas también se lo vivió de manera especial. La gente vio la levantada de Atlético, el esfuerzo de los jugadores y acompañó. No es fácil, porque estamos a fin de mes y cuesta. Nosotros nos endeudamos para viajar y así como nosotros había muchos”, describe y agrega: “Entrar con mi hijo y mi mujer, ver todo lleno de hinchas de Atlético, es algo que nosotros que somos grandes no nos vamos a olvidar y nuestro hijo tampoco; cuando tenga 15 años seguramente se va a acordar”.

La maldita pandemia y un nuevo sueño

Desde 2019 hasta un avanzado 2022, Matías estuvo desempleado o cumpliendo con trabajos esporádicos para mantener a su familia. Fue padre a los 20 años y todo parecía ir sobre ruedas hasta la llegada de la pandemia, cuando el confinamiento significó una condena de muerte para muchos negocios, obligando a muchos a recortar personal o, en el peor de los casos, a cerrar sus puertas para siempre.

Hasta el mencionado viernes 7 de julio de 2023, Matías trabajo en una constructora, en un negocio gastronómico y en otros puestos de trabajo sin experiencia previa pero con unas ganas inagotables de aprender y aportar. Fue ese empuje el que lo llevó a conseguir el mejor de los desenlaces. Sin embargo, el camino no estuvo exento de momentos amargos.

“En el 2019, antes de la pandemia, ya estaba tambaleando con tema laburo. Trabajaba en una cervecería que no me pagaba tan bien. Ahí deje de ir a la cancha por tema económico y de tiempo. Me sentía mal. De ahí a fines de 2019 entré en una consultora que me da trabajo en un comercio hasta marzo de 2020. Ahí me dejan sin trabajo y ahí nomás empieza la pandemia”, recuerda Matías de aquellos tiempos duros en que nadie sabía qué le depararía el destino.

Momentos duros, sin un techo propio, en donde la misión más importante del día era poner un poco de comida en el plato del pequeño Tomy. Nadie más importaba para Matías y para Micaela. “Había veces que nosotros no comíamos para que coma mi hijo. Teníamos dos mangos y era para la comida de mi hijo”, describe.

Una vez que la pandemia dejó su etapa más crítica el joven logró ingresar a una consultora que le asignaba trabajos semanales. Una mejora importante para la realidad que venían transitando como familia, pero no suficiente como para conseguir la deseada tranquilidad. “Cuando llega 2022 un amigo contador me ayudó a entrar a una empresa constructora. No sabía nada, pero yo por mi hijo aprendo todo. Trabajaba en cocina y no sabía hacer hervir agua, pero yo tenía que aprender y trabajar por mi hijo”, explica Matías al tiempo que define su modo de encarar el trabajo.

El esfuerzo rindió sus frutos y, peso por peso, invirtieron en un medio de movilidad. Una moto que les sirve a los tres para trasladarse a la escuela y al trabajo cada vez que sea necesario. Tiempo más tarde, otro amigo les tendió una mano. “Tuvimos la suerte que de la mano de un amigo pudimos alquilar una casa donde vivimos los tres juntos, más estables, estamos resurgiendo económicamente de a poco. Nosotros dos como pareja estamos mejor, nos afianzamos cada día más y ahora mi mujer se está por recibir de maestra jardinera”, cuenta Matías aliviado.

Pero lo que podría ser perfectamente el final feliz de una historia llena de escollos es apenas el inicio de una secuela repleta de alegrías. “Ya soy planta permanente, fue un viernes 7 de julio. Cuando le conté a mi mujer le dije que ya iba a poder dormir tranquilo. Mi hijo siempre me decía que quería tener platita para comprarse una pelota. Siempre tratamos de que en su niñez la pase bien. Siempre la plata que tuvimos se la dedicábamos a él para que se divierta y salga de la casa. Ese viernes que le conté a mi mujer, mi hijo estaba con su abuela. Cuando le contamos se puso a correr por toda la casa. Ahora duermo tranquilo. Es de acá para adelante, le dije a mi mujer. Ahora estamos más tranquilos. Yo el mes que viene voy a cobrar, y el siguiente, y ahora podemos proyectar”, celebra Mati.

Ahora la cabeza de Matías y el de su pareja pasa por otra cosa. Quieren cumplirle un nuevo sueño a su hijo Tomy. Desean conocer la playa y, ahora que pueden, comenzaron a ahorrar para conseguirlo.

Un compañero de por vida para la cancha

Matías y Micaela se convirtieron en padre a los 20 y 18 años, respectivamente. El día que Mati supo que era un varón, entonces lo supo. “cuando nos enteramos que era varón yo supe que iba a tener compañero de cancha de por vida”, recuerda. Tal es así, que su hijo está inscripto como socio desde que tenía dos semanas de vida y va a la cancha desde los siete meses. El pequeño guarda recuerdos de Atlético desde sus dos años. Es un fanático como pocos y a su corta edad conoce los nombres y los rostros de cada uno de los jugadores decanos.

 

Con humor, Matías asegura que hay ocasiones en que discute con su novia Micaela por hablarle todo el tiempo de fútbol a su hijo. Sin embargo, él asegura que es su hijo el que le habla todo el tiempo del mejor deporte del mundo.

Nos asombramos con mi mujer porque a pesar de llevarnos 20 años de diferencia cuando vemos un partido con él es como hablar con un hincha de nuestra edad. El fútbol es su vida. En la escuela agarra cualquier cosa y se pone a jugar al fútbol, ya los profesores se han cansado de retarlo por jugar a la pelota en cualquier lado. Yo no le inculco el fútbol, me lo inculca él a mí y a su madre”, explica Matías entre risas.

No sería sorpresa quizás, en unos años, escuchar el nombre Tomás Quinteros en las inferiores de Atlético o quién sabe, más tarde, en el primer equipo. “Quiere ser como Puch. Este año todavía no juega Liga porque está en la categoría más chiquita. Él cuenta que quiere ser jugador decano y después quiere jugar en la Selección; sueña con jugar realmente”, concluye.