Top

San Martín, las dos caras del equipo, el codazo que despierta y el síndrome de De Muner

análisis

El Santo volvió a dejar pasar un buena chance de trepar en la tabla de posiciones ante un rival directo. Con uno menos lo buscó y hasta jugó mejor que con 11. Falta de juego, un mediocampo livianito y una delantera poco contundente, son los condimentos de este equipo que no termina de despegar.





Todo el Pueblo Ciruja tenía en claro que hoy solo servía ganar, pero lamentablemente los jugadores no. Ellos salieron  la cancha a ver qué pasa, con esa tibieza exasperante que caracteriza desde hace algunas temporadas a los planteles de San Martín cuando tienen que jugarse un partido clave. 

Como si no hubiera nada importante en juego, San Martín se da el lujo de no tirar ni un centro en todo el primer cuarto de hora, hasta que Agropecuario ensarta terrible balinazo al rincón de Sand que vuela solo para verla pasar de más cerca. 

Ahora, perdiendo no hay forma de disimular las impericias propias y la virtudes ajenas de un equipo visitante prolijo, movedizo y bien plantado que copó el mediocampo de arranque, a pesar del intento de Frontini de cambiarle a la cara al equipo modificando la mitad de la cancha. 

Lejos de lograrlo, con los cambios, el entrenador terminó conformando un mediocampo livianito, frágil de por donde se lo mira, con un Iván Molinas demasiado light y un Ulises Vera de interesante debut como titular pero al que por momento se le notó su inexperiencia. 

Así, el Sojero manejaba la pelota a gusto y paladar y encontraba siempre espacios para contragolpear, pero sin la frescura y la jerarquía suficiente como para liquidar. 

Al San Martín dormido, planchado en el sopor de su propia siesta, lo despierta un infantilismo de Orellana que no solo le sacuda la nariz al delantero blondo visitante, sino que con el mismo codazo le sacude la modorra al adormecido San Martín. 

Tal es así que aunque el impresentable Nelson Sosa lo expulse correctamente, pero después se haga el boludo para expulsar por lo mismo al 7 de ellos, para San Martín, contra todos los pronósticos, esa roja prematura fue un el comienzo de la levantada. 

Porque Orellana no había ni llegado al vestuario cuando Andrada la guapeó, se la abrió a Banegas que la dominó medio larga pero que igual llegó para trabar y que la pelota se levante por encima del cuerpo del arquero, cayendo justo en la red. Empate en el peor momento del equipo y se viene lo mejor. 

Con la igualdad parcial, Frontini saca a Molinas para que ingres Zafarana y así se rearme la defensa que había quedado renga y de esa forma, fortaleciéndose de atrás hacia adelante, el Santo empieza a mejorar.

El complemento parece otro partido, porque si bien la ausencia de Orellana pesa y jugar con 10 condiciona el encuentro, San Martín está mucho más agresivo y decidido a ganar este encuentro que hasta hace un rato pintaba imposible y que ahora está al alcance la mano. 

Ahora sí hay ímpetu, ganas, sacrificio y coraje, lo hay en las corridas del solitario Dening, en  cada intervención de Banegas, en el despliegue de Bucca y en la movilidad de Vera. San Martín con 10 empieza a hacer méritos para ganar, es una lástima porque no le da la nafta y deja pasar una chance inmejorable de crecer en la tabla. 

Oportunidades hubo, alguna de Colazo, otra doble de Dening y Banegas, y muchas aproximaciones que podría haber terminado mejor, pero hoy la suerte no está, y no viene estando hace rato, pero no se trata de suerte, sino de ambición. 

A este equipo le falta ponerse el traje, hacerse cargo adentro de la cancha de lo que está institución merece, trasmitir desde el campo de juego lo mismo que sienten lo que están afuera. A  este equipo le falta creérsela más y jugar convencido en busca de un objetivo, que el ascenso deje de ser algo que se anhela de la boca para afuera, pero después cuando hay que ganar, se pasa media hora sin patear al arco.

El síndrome de De Muner parece haberse apoderado de este nuevo plantel que, como el del año pasado, no logra ganar los partidos importantes, y cuando tiene un chance de treparse seriamente en la tabla, afloja y se achica. 

Entonces, más allá del resultado de hoy que termina siendo mejor de lo que pudo haber sido si Agropecuario era más fino para conducir contragolpes, San Martín debe trabajar mucho en la forma en la que se para en la cancha, intentando desde el arranque de cada partido llevarse puesta a sus rivales, de esa forma, tal vez, consiga marcar un diferencia que la traiga tranquilidad y confianza y, si no, al menos mandará el mensaje que hoy le está faltando dar: “Acá estoy yo, soy San Martín, el equipo más grande la categoría”.