Sand menos 10: San Martín, el día del arquero, la falta de liderazgo y el mismo partido de siempre
Jugadores que restan. Los cambios que no rinden. El entrenador sin rumbo. El liderazgo ausente. El expulsado de cada partido. Mucho para perder. Poco para ganar. Un empate milagroso. Una ilusión que se diluye. Un equipo sin alma.
Apatía, tibieza, desganos, desidia, son algunas palabras que repiten análisis tras análisis. La monotonía de nuestros textos no son otra cosa que producto de la invariabilidad en el rendimiento de San Martín que vaya saber cambio de qué le habrá vendido el alma al diablo, o tal vez regalado, porque en la cancha no la tiene, no la pone, no la muestra.
Pasan los partidos y uno está tentado de copiar y pegar el artículo anterior, cambiarle los nombres al rival y ajustar algún que otro detalle poco importante, ponerle la firma y dejar que el lector lo lea como si fuera nuevo, porque al final es más de lo mismo.
Incluso podría hacerse una tarea aún más perezosa e igual de efectiva, simplemente poniendo la frase “Léase el análisis del partido con agropecuario” o “Ingres a la nota del empate sin goles contra Almagro”, poniéndole el link para ir directamente ahí. El lector encontraría una descripción exacta de este partido de hoy.
Si hasta los expulsados se repiten, lo único que habría que actualizar es el nombre, pero al fin y al cabo da más o menos lo mismo si es un codazo de Orellana, una patada voladora de Meritello o un planchazo de Bucca. Lo que importa es la falta de compromiso para con la causa San Martín, la irresponsabilidad absoluta de que siempre haya alguien dispuesto a dejar al equipo con 10. Y cuando hablamos de “irresponsabilidad”, tal vez estemos siendo benévolos, porque si nos queremos poner en mal pensados, algunas actitudes, podrían causarnos más de una sospecha.
Pero no hace falta entrar en teoría conspirativas, ni apelar a la suspicacia para poder confirmar que este equipo no va para adelante como la historia de San Martín lo demanda, lo impone, lo obliga. El objetivo es uno solo: ascender y este equipo no juega como para ascender, más bien da la impresión que muchos jugadores juegan más pensando en irse que en quedarse.
¿Hay alguien que hable con estos jugadores y les exija algo? Porque cuando uno escucha las declaraciones de Frontini, él parece estar conforme con la campaña: “cuando yo vine estábamos en el puesto 13, ahora estamos en el 8”, “Ganamos 8, perdimos solamente 5” y cosas así que solo podría ser tolerables en Defensores de Belgrano, pero no acá. Pero si el entrenador no baja un mensaje más ambicioso, hay alguien de más arriba que lo imponga. ¿El Mánager? ¿El presidente? ¿Algún dirigente?
Una cosa es no meterse en el armado del equipo, cosa absolutamente acertada y otra muy distinta es no exigir resultados a la altura de la historia del club. Un dirigente, o especialmente el mánager podría decirle al técnico: “Vos armá el equipo como quierás, pero armalo para ganar, porque lo único que sirve es ascender”.
Esta falta de liderazgo que se evidencia a varias escalas, tanto de adentro del plantel, como hacia afuera, deviene, entre otras cosas, en una seguidilla de expulsiones estúpidas de jugadores que no tienen otras consecuencias que las que la misma AFA les impone.
A lo largo del torneo, ya son seis los partidos en los que San Martín termina en desventaja numéricas, cada una de las expulsiones se debieron de a irresponsabilidades de los propios jugadores, ninguna de las rojas es ni siquiera cuestionable.
¿Hasta dónde se pueden permitir este tipo de actitudes sin intervenir de alguna manera? Si el DT no lo hace, ¿Entonces quién? Alguien debería hacer respetar a la institución, si al fin y al cabo son empelados del Club que, como todo trabajador, tiene responsabilidades laborales con las que cumplir y si no tiene consecuencias.
Específicamente hoy, Bucca fue amonestado en su cuarta infracción, justo instantes después de que el árbitro le perdonara la roja a Sand por atajarla con la mano afuera del área. Justo ahí come una falta que el manual de cualquier escuelita de fútbol indica que va a venir una amarilla para el primero que haga una falta en los próximos cinco minutos. Bucca no tarde ni 30 segundos. Minutos, después, yendo torpe, fuerte y tarde a una dividida intrascendente temrinó de condenar al equipo a jugar otra vez con 10 jugadores.
Otra cuestión que queda clara es que Frontini no le encuentra la vuelta de ninguna manera al equipo, casi nunca ha logrado repetir la formación inicial, la cambia casi todos los partidos y aun así el rendimiento siempre está lejos de mejorar. Hoy probó con Gervasio, el partido anterior con Ciccolini, alguna vez lo hizo con Vera, más atrás Pierce, pero ponga a quién ponga, San Martín juega mal. A veces ganas, a veces pierde, a veces empata, pero siempre juega mal.
Las situaciones de gol, en general escasean, hoy fueron nulas. La defensa, tiene partidos y partidos, pero tiene de más a la endeblez que a la solidez, el mediocampo no tiene juego, el talento no abunda, el orden no aparece y el sacrificio, que podría suplir a varios de los defectos ya mencionados, no es característico de este plantel. Con todo esto parece increíble que este equipo esté en puesto de Reducido y todavía se sostengan algunas esperanzas de ascender.
Sucede que el torneo es tan malo (mediocre le queda grande) que con ganar de vez en cuando alcanza para estar entre los ocho primeros e ilusionarse con que en los cruces vuelva la mística Ciruja y la mar en coche. Pero todo eso es solo cuestión de fe de los hinchas.
Justamente hoy, San Martín no pierde porque Sand lo sostiene, pero sobre todo, por las impericias del rival que dejó pasar largos minutos del partidos sin encontrar la forma de vulnerar una floja resistencia Santa que hacía agua cada vez que le aceleraban. A tal punto que, así como en Madryn le metieron un gol en el primer ataque a la salida de un lateral, hoy no pasó lo mismo porque Sand salvó a una defensa totalmente dormida en la primera pelota parada, cuando iba apenas un minuto de juego.
Más allá de un gol anulado sobre la hora en una posición adelantada que deja más dudas que certezas, San Martín no hizo absolutamente nada para ganar y casi todo para perder, y solo su arquero lo sostuvo con vida y fue el único responsable del empate.
Así, por el trámite del partido, el Pueblo Ciruja tuvo que conformarse con un punto que, a priori no servía, pero que terminó siendo de oro, teniendo en cuenta lo que poquísimo que ofreció el equipo. Esto mismo sucede con el torneo: lo que antes parecía poco, ahora conforma, porque muchos hinchas piensas que, con suerte, San Martín penará para ingresar al reducido.








