Top

"Mi papá fue campeón": la historia de Héctor Rivadeneira, el boxeador que maravilló a Tucumán y al Mono Gatica

HISTORIAS DE RING

Héctor Rivadaneira hijo habla de Héctor Rivadeneira padre y se emociona. Tiene una foto en blanco y negro en sus manos, ya arrugada por el tiempo, pero inmortal. Es la pose del protagonista que dio el gran golpe en 1950, la noche que conoció la gloria.

Rivadeneira Campeón Tucumáno 1950. Gentileza: familia Rivadeneira.





"Esa foto es en el patio de su casa, en calle Congreso al 300. Ahí hacía sombra y se entrenaba. Siempre pareció más grande de su edad por el bigote. Pero en esa foto tenía 21 años. Era alto, tenía las piernas delgadas y los brazos largos. Miralo a mi papá. Siempre lo tengo presente".

Héctor Rivadeneira hijo habla de Héctor Rivadeneira padre y se emociona. Tiene una foto en blanco y negro en sus manos, ya arrugada por el tiempo, pero inmortal. Es la pose del protagonista de la imagen la que la inmortaliza. Apenas sonríe, con los puños vendados, sin guantes, sobre las baldosas de los patios tucumanos de la década del 50, listos para dar el golpe, el golpe que llegaría ese mismo año.

"Mi papá fue un muchacho muy humilde que siempre ayudó a mi abuela. Trabajaba desde los 10 años en el mercadito del sur, cerca del Abasto. Era cadete. Siempre trabajó, hasta sus últimos días, hasta el 24 de enero del 2007, el día que se me fue", recuerda Rivita esta tarde lluviosa ideal para bucear en el pasado, hurgar un cajón de la cómoda, desempolvar viejos papeles, revisar entre las páginas de un libro olvidado y, de repente, pum, que suene la campana de los recuerdos. 

"Él ya boxeaba cuando le tocó hacer el servicio militar en Salta. Le tocó ir ahí. Pero todavía era amateur. Hasta que volvió de la colimba y comenzó a entrenarse y a ganar las peleas. Durante ese año (1950), el gobierno de Perón organizaba campeonatos barriales en todas las provincias. Y mi papá fue campeón. Mi papá fue campeón tucumano. Su estilo era como el de Monzón, los brazos largos lo hacían imbatible aquí. Peleaba en la categoría Gallo, pesaba apenas 52 kilos", recuerda Héctor Rivadeneira mientras mira a un costado y encuentra otra foto acompañada del recuerdo.

"En esta foto es cuando mi papá salió Campeón Tucumano peso gallo (1950). Fue en el Predio de Grandes Espectáculos y la pelea de fondo fue José María Gatica con Vázquez. Esa noche el Mono Gatica quedó maravillado: le regaló las vendas y sus guantes a mi papá. En esa foto, de izquierda a derecha está Rearte (entrenador), mi papá Rivadeneira, Valdivieso (árbitro), Guerrero (su rival) y su DT. Conservo los guantes y las botitas que él usaba", cierra los ojos Rivita y vuelve el murmullo de las noches más inolvidables del boxeo tucumano, cerca del Lago San Miguel, con los muchachos de traje y corbata, pañuelo de tela para el sudor, vino por litro, milongas y D'Arienzo y dale que va.

"Aquella noche fue inolvidable para mi papá. De chico me lo contaba siempre. Me contaba todas sus peleas. Siempre quiso que yo fuera boxeador. Me entrenaba, me llevaba a ver peleas en el Club Villa Luján, noches inolvidables para mí. Pero mi mamá no quería saber nada. No quería sufrir conmigo lo que sufrió cuando veía pelear a mi papá. Y por supuesto que le hice caso a mi vieja. Yo era un tipo muy tranquilo. Pero sabía pelear. Si me buscaban, me encontraban", cuenta Héctor Antonio.

"Luego, ya campeón tucumano, mi papá peleó la final nada más y nada menos que en el mítico Luna Park. Allí perdió contra un porteño y fue digno hasta en la derrota: reconoció que había perdido bien. De esa enseñanza también aprendí mucho. Mi papá siempre me inculcó todas las cosas que se pueden tener en la vida, que hay que ganárselas trabajanado, que nunca hay dejar de pelearle a la vida, más allá de los resultados".

"Después de dejar el boxeo a los 27 años, mi viejo fue un dirigente importante para el boxeo tucumano. Fue presidente de la Federación tucumana de box, fue vocal, fue jurado en las peleas. Hizo de todo hasta que se enfermó. Viajaba con las delegaciones, ponía plata de su bolsillo, trabajó mucho por el boxeo tucumano", agrega Rivadeneira (h), y saca la última foto del recuerdo, un privilegio que no todos tienen entre sus recuerdos: un recorte periodístico de La Gaceta con Rivadeneira en primera plana: "Mi papá recibe los guantes de manos del Intendente Chebaia. Todavía conservo sus cosas. Falleció a los 79 años. Pero aquí sus cosas siguen conmigo. Mi papá siempre está conmigo".

Rivadeneira (segundo de la izquierda) vs Guerrero: la noche que se coronó campeón tucumano peso gallo 1950.

Héctor (h) con sus padres 

Las botas del campeón.