"¡Qué Mujer! ¡Qué Presidenta!": La Sole de Tucumán Central, entre cuna de machos, la reina de Villa Alem
No revolea el poncho. Sacude al fútbol. Dejó los patines, pasó la escoba y bordó la estrella que más brilla en el fútbol tucumano. Cómo hizo historia y quién es la protagonista de una historia de película. Escribe: Alfredo Aráoz. Video: Cecilia Córdoba.
La Sole.
Ella no revolea el poncho. Ella sacude al fútbol. Ella no le canta a Don Ata ni a Don Julio. Ella no se casa con nada ni nadie porque ya tiene marido. Lo conoció en la cancha: él jugaba, ella alentaba. Él se llama Sebastián Duarte, y a él le preguntó un día: “Amor, ¿por qué veo que algunos clubes tienen una estrella bordada en el escudo de la camiseta y nosotros no?”.
Esa pregunta fue la que puso en marcha la revolución que lidera Soledad González, La Sole, la presidenta de Tucumán Central, la única presidenta en la historia del fútbol tucumano, la mandamás del Rojo de Villa Alem, el único y verdadero campeón del fútbol tucumano, el que les ganó a todos juegues en la Liga o el Regional, el actual Capo del Norte, imbatible en el Estadio Más Caliente que es Villa Alem, Inimitable en todas las canchas de Tucumán, finalista en Jujuy y campeón en Catamarca.
Si Villa Alem es Cuna de Machos, aquí La Sole es la Reina. Los tiene cagando a todos. Se ríe cuando con la Chechu le preguntamos si es cierta la fama que tiene y asiente con la mirada. Sí, los tiene a todos los muchachos cortitos como al pasto, concentrados en el hotel El Embajador, con una nutricionista al pie, pero sobre todo con hambre de gloria, mucho hambre de gloria.
“Tu sangre es roja, la mía también”, dice el Pity, y cómo corre por las venas de esta mujer que se sienta mano a mano en la AFA y te apaga cualquier incendio como lo hicieron los Bomberos que refundaron el club en 1921, el mismo club que había nacido el 12 de mayo de 1912 como Club Ferrocarril Central Córdoba en la Alberdi y Roca, luego Central Córdoba Railway hasta convertirse en Tucumán Central.
Con la misma fuerza de aquellos bomberos, La Sole manguereó paredes, baldeó patios, pero sobre todo pasó la escoba para tomar decisiones de fondo junto a un gran equipo que empieza con Verónica Chapa, secretaria del club, que sigue con Fabio, José y Oscar a cargo del impecable campo de juego, y el podio del ascenso encabezados por el DT Walter Arrieta, el arquero Daniel René Moyano (héroe absoluto en la final contra Juniors) y los goles, claro, del Comandante Medina.
“Si crees verás la Gloria de Dios”, reza este pedazo de club, inmenso en la historia del fútbol tucumano, guiados por la Virgen del Valle y marcado a fuego por la familia Krupoviesa, hijos pródigos de Villa Alem, cuna de cracks como el Pacha Baigorria, el Turco Jalil, el Jetón Santillán, Cañita Zelaya, Torga, Manuel Manolo Rodríguez, El Loquillo, los hermanos Bollea, el Mono Pacheco, el Chulo Pacheco y Borrega González.
Entre tantos hombres, ella.
Entonces corran los telones de Villa Alem, que cante La Banda del Rojo, que delire el Pasaje Gauna, que baile la Plaza Güemes, que brille El Semillero Del Norte, tómense todo el vino como cuando aquí tocó La Mona Jiménez, vacíen hasta el fondo los hinchas como mi amigo Fausto Masucci, cantemos todos juntos que aquí viene a sentarse ella, en el trono con una pelota dorada, la Copa más linda del mundo y la estrella bien bordada en el escudo que tanto quería. Aquí está la protagonista de una historia de película. Revoleen ponchos, agiten camisetas. Con ustedes: La Sole. ¿Qué hombre? ¡Qué mujer!








