La columna del Mundial 2026: Yugoslavia y el sueño de los "eslavos del sur" que se fragmentó entre guerras y fútbol
Gabriel Sanzano analizó la historia del Estado plurinacional que supo ser potencia mundial y hoy vive repartido en siete naciones. Desde el "último partido" contra la Argentina de Maradona hasta el episodio de la bandera en el Luna Park que anticipó el horror de la guerra, un repaso por el legado de un gigante que tendrá a Croacia y Bosnia como herederos en la próxima cita máxima.
Foto publicada en radiografica.org.ar
En una nueva entrega de su segmento mundialista, Gabriel Sanzano profundizó en la historia de Yugoslavia, un Estado que hoy se encuentra dividido en siete microestados (Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro, Kosovo y Macedonia del Norte) pero que supo ser una unidad política y deportiva de enorme relevancia. Nacida tras la Primera Guerra Mundial bajo la premisa de unir a los "eslavos del sur", la nación alcanzó su apogeo bajo el mando del Mariscal Tito, quien logró mantener la unidad nacional y una postura independiente de la Unión Soviética, negándose a ser un Estado satélite de Stalin.
La identidad yugoslava, sin embargo, comenzó a resquebrajarse tras la muerte de Tito en 1980, dando paso a nacionalismos internos, especialmente el serbio, fomentado por Milosevic. Según Sanzano, el deporte funcionó como un termómetro de esta tensión: un hito clave ocurrió en el Luna Park de Argentina durante el Mundial de Básquet de 1990, cuando el jugador Vlade Divac le quitó una bandera croata a un espectador, lo que fue tomado como una ofensa imperdonable por sus compañeros croatas y es considerado por muchos como el inicio simbólico del conflicto bélico.
El fútbol también tuvo sus momentos de quiebre. Sanzano recordó la famosa patada del jugador Boban a un policía serbio en un partido de liga, convirtiéndose en héroe para los croatas, y el histórico enfrentamiento contra la Selección Argentina en el Mundial 90. Aquella tarde de penales donde brilló Sergio Goycochea es recordada por muchos yugoslavos como "la última noche" de la nación unida; incluso su entrenador llegó a decir que, de haber ganado ese partido, el país tal vez no se habría disuelto.
Tras el estallido de la guerra en 1991, la más sangrienta en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, el mapa se fragmentó definitivamente. El legado deportivo de aquella unión es inmenso: desde el título mundial Sub-20 en 1987 hasta la consagración del Estrella Roja de Belgrado en la Champions League de 1991 con un equipo que mezclaba distintas etnias. Hoy, lo que queda es la "Yugo-nostalgia" de una potencia desaparecida y la realidad de siete países independientes.
De cara al Mundial 2026, la vieja Yugoslavia estará representada por Croacia y Bosnia, dos de sus herederos que buscarán mantener viva la rica tradición futbolística de una tierra que, a pesar de las divisiones, sigue compartiendo raíces y colores en sus banderas.








