En su nuevo libro, las plantas nos llevan a un juicio por el daño a la naturaleza
cultura
Carlos José Díaz Márquez presenta "El día que nos ajusticiaron las plantas", una mirada hacia el trato que tenemos con los demás seres vivos.
En su juventud, cuando volvía de las vacaciones con sus amigos, Carlos José Díaz Márquez, Carlao, llegaba al asado de reencuentro agarrando papeles sueltos, arrugados, abollados y quizás un poquito escondidos, enguillados. En algún momento después de haber comido, entre tantas cervezas, es probable que alguien le haya preguntado:
─¿Eh, Carlao, has traído el cuento?─, le dijo una vez su amigo Sergio Mejías (quien buena parte de su vida jugó al fútbol con la camiseta de Batistuta) en la casa de Alejandro Demetrio Chamatrópulos, Alejo, con la camiseta de Chilavert.
─Sí acá está─, respondía Carlao, camiseta de Boca, la blanca.
A continuación, hace 20 años, estos amigos se quedaban callados y, en ronda y con un vaso en la mano, Carlao empezaba a leer las aventuras que había escrito respecto a lo sucedido en los últimos días en Santa Rosa de Calamuchita, Carlos Paz, Mina Clavero, Villa Gesell o donde hayan compartido felices, alguno de los viajes de a muchos amigos.
Carlao le agregaba magia a aquellos momentos. Entonces, todos los amigos, al escucharlo contar ─en la tertulia pura─ nos habíamos vuelto metáforas: en sus cuentos éramos animales, cosas, árboles. Y esa mirada de maravilla Carlao, que ahora presenta su segundo libro, no la perdió.
Hoy es un joven de 36 años, escribano público de profesión y oficio (su encuentro con el registro de no-ficción), que entre sus prioridades de vida también tiene la escritura: es un hombre que comparte sus ideas.
Su primer libro se llama el Guardián del Barrio, y su imaginación dotada de observación interesada en la vida de los márgenes y de la bohemia, narra la vida un hombre que vive en la calle y que piensa mucho; un filósofo del último callejón que le propuso la vida.
Y como si fuera un pensamiento de aquel personaje, el autor presentará este jueves un libro que se trata sobre el Juicio Final de las plantas a nosotros, los humanos. En la obra, las plantas cobran vida y nos juzgan por el maltrato ambiental, ancestral, natural y hasta algunas veces artificial que hacemos de ellas.
En la tarde el miércoles, Carlao camina por el Parque Miguel Lillo, el Lillo, rodeado de un verde igual al que acompaña la portada de su libro: “El día que nos ajusticiaron las plantas” (Ediciones Lee). La portada de está dibujada por Franco Mejías, el ilustrador, que también fue alguno de sus personajes en la juventud.

La expresión del dibujante es clara, pero ¿cómo se imagina Carlao a las plantas en este libro?
─Cuando nos imaginamos las plantas, por lo general, las vemos bastante estáticas, útiles a nuestros servicios. El ser humano, por ahí, se olvida de su carácter de ser vivo y las atacamos. En el libro me propuse imaginarlas en movimiento, pensamiento, en acción. Son las plantas en carácter judicial. Se cansan de nuestro daño y nos llevan a un juicio, a un juicio justo, con condena, donde hay personas (entre las que se encuentra el autor) que contribuyen a la naturaleza y son reconocidos y otras que las destruyen y son sancionadas.
─Justicia ¿de eso se trata del libro?
─Creo que el sentido del libro es contribuir a ser consciente de lo que nos rodea, y de esa manera vamos a valorarnos más nosotros. Sí, es un acto de justicia. Las ciudades crecen y crecen y se olvida de que está la naturaleza de por medio.

─¿Cómo estaríamos en Tucumán frente a un juicio como este?
─En Tucumán hay una gran ambigüedad, muchas movidas ecológicas, mucha gente que está consciente cada vez más, y a la vez lo que más daño nos hace es la falta de una planificación… pienso que tendría que venir de un pacto que hagamos como sociedad para respetar el medio ambiente, la naturaleza y todo eso que nos regala Tucumán.
Eso es lo que piensa y sus palabras se vuelven personajes y libro la noche del jueves. Lo presentará el Pollo Svetliza, quien participa del libro con un cuento sobre su planta carnívora. Juan Carlos Cabailero y Adriana Lucero lo corrigieron, Ana López Paz, aportó conocimientos de biología vegetal y la Pato Cabrera, lo apoyó en difusión y banca de amor. La presentación es el Colegio de Escribanos de Tucumán, Crisóstomo Álvarez 465, a las 21. Habrá vinito para compartir.








