Adriana Rojas, la herencia de un violinero
#SoydeTucumán
En el camino de su sueño de música, la joven violinista viaja tres veces por semana desde El Mollar hasta San Miguel de Tucumán. Escuchala tocar desde un lugar maravilloso, en esta nueva entrega de #SoydeTucumán.
Adriana Rojas toca con el dique La Angostura a sus espaldas.
Cuando tenía doce años, Adriana escuchó por primera vez a su abuelo tocar el violín, en su casa de El Potrerillo. El hombre, en su juventud, alegraba las fiestas del pueblo con su música, pero cuando pasaron los años tuvo que vender el violín y no volvió a tocar hasta décadas después, hasta esa tarde cerca de Navidad, cuando volvió a acomodar el instrumento en su hombro, delante de su nieta. Y tocó. Y esa melodía pasó por las orejitas de Adriana, le erizó el cuello, le sonrió la boca y le sonó en el corazón. Hoy el abuelo tiene 92 años y Adriana, a sus 18, va y vuelve tres veces por semana desde El Mollar hasta San Miguel de Tucumán, más de 100 kilómetros entre la montaña y la ciudad, para llegar al Conservatorio de Música donde continúa aprendiendo lo que le heredó su abuelo.








