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"Todos los días preguntamos cuándo vamos a tener otra vez orquesta"

Música en crisis

Alumnos y docentes de la orquesta Juan XXIII denuncian el vaciamiento del programa de coros y orquestas que funciona en “La Bombilla”. Los profesores no han cobrado este año y actualmente están sin contratos. Temen que sea el fin del proyecto artístico que ha alejado de las drogas y la delincuencia a cientos de niños y jóvenes de los barrios populares tucumanos.





Desde 2009 cuando se sumó a la orquesta, Luciano Alderete aprendió a tocar el sikus, la quena, la guitarra, el contrabajo y ahora despunta su pasión por la música con la percusión. Luciano tiene 22 años y es nacido y criado en el Barrio Juan XXIII, conocido popularmente como “La Bombilla”; acaso el barrio más estigmatizado de toda la provincia. Ese año, el año que la orquesta llegó al barrio, el arte y la educación musical se convirtieron en una alternativa para los niños y jóvenes más vulnerables. El proyecto se consolidó, la banda fue sumando cada vez más gente, llegaron recitales y hasta festivales internacionales. La orquesta se convirtió en motivo de orgullo para la gente del barrio y para todos los tucumanos. Pero hoy todo ha cambiado. El programa se ha ido desfinanciando progresivamente y parece a punto de desaparecer, como ya ha sucedido en otras provincias. Luciano manda un mensaje al grupo de WhatsApp que comparten músicos y docentes. Y no, hoy tampoco hay ensayo.

“Es un espacio donde uno puede escapar, pasar un buen rato y estudiar. Nos enseñan valores como la amistad, la orquesta nos ayuda a ser mejores personas”, cuenta Luciano. Cuando se acercó al grupo no sabía tocar ningún instrumento. En estos diez años junto a la orquesta ha aprendido bastante de música y compartido el escenario con grandes artistas como Carlos Podazza y Gerardo Núñez, pero la experiencia trasciende el aprendizaje artístico: “Hay chicos que estaban muy mal y ahí siempre vas a encontrar un hombro donde llorar o una mano para salir adelante. Es muy importante que funcione la orquesta acá en el barrio”.

Luciano trabaja en un drugstore y ansía dedicarse de manera profesional a la música: “más que la plata, lo que me gusta es compartir escenario con otros músicos”, aclara. Extraña los tiempos en que ensayaban dos y tres veces por semana con la orquesta. Este año casi no tuvieron ensayos, algunos de los profesores dejaron de dar clases porque no les pagaban y otros lo hacían cuando podían “de onda”, es decir, sin cobrar un peso. La situación repercutió en los chicos y chicas que participan del proyecto: “Algunos chicos dejan porque sienten que la orquesta se está deshaciendo”.


La desazón se siente en la voz de Luciano que todos los días manda mensajes para preguntar si habrá ensayo. Pero no. La falta de orquesta repercute en su formación musical, en la posibilidad de aprender con y de sus compañeros. Que el proyecto se termine también significa que sus vecinos no tendrán la posibilidad que él tuvo entonces de encontrar una alternativa para no caer en la tentación de las drogas, como sucede con muchos jóvenes del barrio. “Tratamos de luchar para que todo esto no se pierda”, afirma.

Esta situación crítica no afecta sólo a la orquesta Juan XXIII, sino a las nueve orquestas y once coros que venían funcionando en la provincia. Se trata de un programa del que participan más de 1000 niños y jóvenes tucumanos, además de alrededor de 200 docentes. Esos docentes hoy viven la incertidumbre de no saber qué pasará con su futuro. Los contratos laborales, que antes eran anuales, este año sólo fueron por dos meses (enero y febrero). Hasta ahora ninguno ha cobrado en lo que va del 2019. Sin embargo, muchos han seguido trabajando por su cuenta para poder continuar con un proyecto que ahora parece desmoronarse. “Hay una clara intención de vaciar este programa y se está vapuleando el derecho a la educación artística de estos chicos, muchos de los cuales han logrado salir de las calles gracias a la música”, cuenta Gustavo Moyano, profesor de lenguaje musical de la orquesta Juan XXIII.


Según explica Moyano, esta realidad no es nueva, sino que se viene repitiendo desde hace aproximadamente cuatro años, sólo que ahora se ha agravado: “Esta situación es muy desgastante, todos los años hacemos protestas. Son todas promesas que nos vienen haciendo desde el ministerio hace mucho tiempo. Es muy precario trabajar en estas condiciones, este año prácticamente no hemos podido empezar las actividades”. De todas maneras, el profesor insiste en que muchos de los docentes han continuado con el proyecto por su cuenta, sin sueldos ni seguro laboral ni cobertura médica alguna, aún cuando se trata de tareas que se realizan en barrios peligrosos donde los profesores se encuentran muy expuestos.

El Programa Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles para el Bicentenario fue creado en 2009 por el Ministerio de Educación de la Nación como una herramienta educativa destinada a los niños, niñas y jóvenes de los barrios más castigados. Desde principios de 2017 el programa no cuenta con una coordinación nacional y los fondos que envía la nación están siendo administrados por el Ministerio de Educación de la Provincia, según informaron los trabajadores del programa a través de un comunicado. “Mientras el ministro de educación de la provincia, ofrece trabajo a todos los científicos del país, más de 200 docentes contamos sólo con un contrato de enero y febrero (sin cobrarlo) y sin ningún tipo de respuestas acerca de la continuidad de nuestro trabajo”, reclaman en otra parte del texto.


La crisis del programa no se reduce sólo a los salarios de los docentes, sino también en el notable y progresivo recorte de los fondos para la compra y mantenimiento de los instrumentos. “Las cuerdas más baratas para un violín salen 600 pesos y nos dan sólo 5000 pesos anuales. Todo nos han ido recortando”, explica Moyano. Otra de las señales de la situación actual del programa es que, desde el ministerio de educación, organizaron sólo un recital a lo largo del año pasado: “Hacemos recitales autogestionados  porque los chicos si no tocan se aburren”.

El programa de orquestas ha desaparecido en distintas provincias del país y los docentes creen que en Tucumán puede pasar lo mismo. “Es bastante triste la situación, este programa es fantástico. Para muchos chicos es la única posibilidad que han tenido de  entrar en contacto con un instrumento”, dice Moyano. Tanto él como Luciano esperan volver a los ensayos con la orquesta. Ellos y cientos más quieren, desean, sueñan que la música no se apague.