"Parecía una chica normal": el escalofriante relato de Adrián en La Rinconada
HISTORIAS DE ACÁ
Trabaja como seguridad en un country desde hace dos meses: este viernes realizaba su recorrido habitual cuando a las 23.30 le pasó lo que cuenta en diálogo con el tucumano.
La Rinconada.
Hace dos meses que Adrián cumple la misma rutina de todos los días. A las siete de la tarde, cuando el día empieza a cerrar sus ojos, llega a su puesto de control en un country de La Rinconada, saluda a su compañero Esteban y empieza el primer recorrido de los que hará cada 40 minutos hasta que se cumplan las siete de la mañana: “Lo hago en moto. Llevo una linterna, escopeta y me acompañan tres perros”.
Tres manzanas comprende el country que custodia Adrián desde hace dos meses: sesenta noches y madrugadas protegido del frío con una campera, despacito en la moto, atento a las sombras, siluetas, aguzando el oído en la noche quieta y silenciosa de La Rinconada, cerca del rugido de las hojas en las copas de los árboles cuando las mueve el viento, viendo algunas casas con las luces encendidas filtrándose a través de sus ventanas, a veces las risas que llegan de los quinchos, el humo de los asados, y otras calles con las casas apagadas o todavía sin ocupar.
Así transcurría la noche para Adrián y sus perros cuando el reloj le marcó las 23.30, momento de dar una ronda más: “Anoche estaba linda la noche, fría, pero no tanto como otros días. No había casi nadie en las casas porque los viernes mucha gente sale. Parto del punto suroeste del country hasta que llego a la parte con más baldíos. Ahí, cerca de una casa que todavía no se ocupó, veo que los perros que me acompañan desaparecen, se pierden cerca de la cancha, se meten en un canal, los veo irse y cuando doy vuelta a un arbolito, me aparece una chica”.
Cuando habla con eltucumano.com, entre los ruidos de la radio por donde se comunica con sus compañeros de guardia, la voz de Adrián empieza a cambiar: “Era una chica bien, una chica joven de 22, 23 años. Tenía la cara blanca, estatura media, metro 60, pelo negro, castaño oscuro. Tenía una camperita amarilla de algodón y un jean azul claro. Los pies no se los he visto. Pero recuerdo que me habló con una sonrisa, simpática. Nunca imaginé algo raro, ni por puta. Tenía un lunarcito arriba del ojo. De eso me acuerdo también”.
La joven se acercó a Adrián y le preguntó: “Disculpe, ¿sabe dónde es la parada del 118?”. Adrián le dijo que no, no sabía: “Ella me respondió: ‘Bueno, hasta luego, muchas gracias’. Mientras me hablaba me parecía raro ver a una mujer por ahí, sola. Pensé que quizás un tipo la había mandado para distraerme. Pero lo peor pasó cuando estaba por seguir en la moto: me di vuelta para decirle algo, pero la chica ya no estaba, la chica con la que había hablado recién, preguntándome dónde era la parada del 118, ya no estaba: desapareció de la nada, alumbré con la linterna y no, no había nadie. Me agarró un tremendo cagazo y aceleré en la moto: todavía siento cómo me tiritaban las rodillas”.
Tembloroso después del encuentro que nunca olvidará, Adrián volvió a la casilla de custodia a contarle lo sucedido a Esteban, su compañero: “Cuando le cuento, se se sorprendió. ‘No sos el primero que la ve’. Y me cuenta la historia: ‘Es una chica que murió hace siete años cuando estaba esperando el colectivo. No sos el primero que la ves’. La verdad es que uno no espera nunca que le pase algo así. De hecho, nunca me había pasado”.
La experiencia que Adrián compartió con todos sus conocidos y publicó en el sitio de Tucumán Paranormal llegó esta mañana, cumplido el turno, a los oídos de su mujer: “Me pidió por favor que no pase más por ahí, pero tengo que hacer el mismo recorrido, aunque a partir de esta noche será diferente. Lo que pasó me recordó a un consejo que me dio mi padre: ‘El día que sientas algo malo, ponete un pedacito de pan en el bolsillo’. Y esta noche, después de tomar el café, le voy a hacer caso. Un pedacito de pan representa para los creyentes el cuerpo de Cristo, es lo que nos protege”.
Si hablamos de creyentes, quienes lean la historia de Adrián podrán creerle o no: “Es lo primero que le conté a todo el mundo que tengo cerca. Vi los comentarios de la gente en las redes sociales y el 70% no me cree, pero uno sabe lo que siente, y el único que sabe lo que ha pasado anoche soy yo. El único que recuerda la cara de esa chica soy yo. Yo, y otros compañeros que también la vieron mientras hacían el recorrido y les preguntó por la parada del 118, la chica les preguntaba dónde quedaba la parada del 118”.








