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"La más chica ya me ceba mate": así batalla contra las cucarachas en el Marti Coll

HISTORIAS DE ACÁ

Diego es padre de familia y vive lo que sucede en muchas casas tucumanas: "Te levantás a la noche, prendés la luz y ya no salen corriendo: se quedan mirándote, desafiándote, tirándote la bronca". ¿Cuál es la última estrategia para vencerlas?

Los fumigadores no dan abasto. (Imagen ilustrativa)





Cómo combatir el verano es una frase cantada desde diciembre: tomar mucha agua, no exponerse tanto al sol, comer frutas, usar ropa clara, consejos que pululan por todos lados. Pero son las batallas como las que combate Diego Parrado las que abundan en muchas casas tucumanas y aquí tenemos a este padre de familia firme como rulo de estatua para vencer al gran enemigo que invade todos los frentes: es la que vuela entrando por las ventanas, sale agazapada de los rincones menos esperados, se camufla bajo un paquete de fideos y también es capaz de trepar por desagües y sumideros.  

La batalla de Diego con las cucarachas comenzó hace más de dos años en su casa del barrio Ampliación El Gráfico: “Ahí ya veía a mi vieja renegar con las hijas de puta. Las combatía como hacían las madres: a escobazos, a garrotazo limpio. Después con fumigaciones. Pero pasaba el tiempo y volvían: les metías un zapatazo y te rompían el zapato”, le cuenta Diego a el tucumano los orígenes del conflicto bélico que continuó cuando se mudó ya con la familia a la avenida Alfredo Guzmán, en el corazón del barrio Marti Coll. 

“Las que más vemos son cucarachitas chiquititas. Con mi señora estamos limpiando siempre. No es porque sos sucio que aparecen. A veces aparecen dentro de la heladera. Entonces pasamos por todas las etapas para vencerlas. Empezamos con las fumigaciones. Llamamos a los cazafantasmas que vienen con la mochila, tenés que irte de la casa cuatro horas, sacar toda la mercadería para que no le caiga veneno y al día siguiente aparecen todas con las patitas para arriba, como arroz en el suelo. Pero pasan un par de días y vuelven a aflorar. Cambiamos el fumigador: pensamos que quizás le tiraba agua en vez de veneno, pero nada”, relata Diego, quien dejó de confiar en los aliados de la fumigación y pasó a tomar las armas con sus propias manos. 

“Después de la prueba con los fumigadores, pasamos a las jeringas con gel y a dejar unas casitas sobre el suelo también de Geltex. Primero las jeringas, después las casitas, después simultáneo. ¿El resultado? Negativo”, explica Diego, quien con su señora y un niño de 9 años no iba a doblegarse ante la ofensiva del comando cucaracha y decidió acudir a las redes sociales y al grupo Alguien Sabe. El parte de guerra decía: “¿Alguien sabe dónde se compra ácido bórico? No le hacen nada las fumigaciones a las cucarachas. La más chica ya me ceba mate”.  


“A mi señora se le ha ocurrido lo del ácido bórico: ella es la más que tiempo está en casa y reniega por temor a la mercadería. Todo el tiempo está lidiando con ellas. Un día empezó a pedir recomendaciones, a averiguar por internet y así sale con la idea del ácido bórico. Se lo vende en las farmacias y hay diversas maneras de usarlo: con pan rallado y agua; con cacao; o con cebolla y harina. Se hace una pasta con el ácido y se espera que caigan muertas. Pero también sabemos que si las cucarachas son capaces de sobrevivir a una bomba nuclear, mirá si el verano tucumano las va a vencer”, detalla.


Antes de pasar al ácido bórico, de tomar una medida extrema, de emplear quizás el último recurso para salir aireado de este combate sin tregua, Diego ha pasado por los supermercados chinos Oriente: “Me pasaron el dato y fui al de la calle Jujuy, entre 24 y Crisóstomo. Ahí venden un polvito. Ahora hemos puesto el polvito que venden en los chinos. Mi mujer me pidió que le leyera las indicaciones, pero está todo escrito en chino. Podría ser veneno para elefantes. Lo estrenamos el jueves pasado y si bien no he visto cucarachas muertas, tampoco hemos visto nuevas más allá de unos huevitos. Somos muy cuidadosos con todo: los utensilios, los tupper, las verduras, se toman todos los recaudos, se lava todo antes de utilizarlos”.  


Parece que Diego y su batallón está cerca de declarar la victoria y plantar bandera en su casa del barrio Marti Coll. Irresponsable sería transmitir la paz y tranquilidad al pueblo que leyera estas líneas, pero sí se anima a decir: “El aceite y la grasitud es un néctar para ellas. Cuando puse que me estaban cebando mates, la mayoría de las reacciones fueron divertidas. Siempre se presta al chiste. Y que quede en claro: no importa si es verano o invierno para ellas. Te levantás a la noche, prendés la luz y ya no salen corriendo: se quedan mirándote, desafiándote, tirándote la bronca. Con el polvito de los chinos no volvieron a aparecer. Me lo tomo con gracia: no es dramático, dramático es estar inundado. Ellas ya saben que aquí estamos, listos para enfrentarlas, pase lo que pase”.