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Un gaucho enamorado en Simoca, la nueva invención de Sejo

Historias de acá

José María Delgado es Sejo, un historietista que ha sabido plasmar parte de la tucumaneidad en sus viñetas. Esta vez, apuesta a un libro y a un dibujo animado que retrata las aventuras de un payador por el interior de la provincia. “Yo nunca dejo de soñar, tan mal no me ha ido”, dice este artista del lápiz reconocido internacionalmente.

Sejo Delgado en acción. Dibuje, maestro.





Todo comenzó en una jornada de copas en El bar del gato, en Simoca. A José María “Sejo” Delgado y su primo Fabián Esquendefe, el dueño de la fonda, los une la sangre, cientos de anécdotas compartidas y el cariño suficiente para hablarse con una franqueza que no necesita de maquillajes discursivos. Después de todo, a esta altura de la vida, no se van a andar con demasiadas vueltas. 

- Dejá de dibujar cowboys para los gallegos culiaos esos… vos deberías hacer una historia de gauchos. Si vos chupabas cañas y hondiabas acá… - Las palabras de Fabián retumbaron entre los comensales del bar y se hicieron eco en el pecho de su primo.
- Tené razón, chango – fue todo lo que atinó a decir Sejo aspirando la ese al final del verbo y recordando que su madre es simoqueña y que todo un pasado lo ata a las tierras del Pulga Rodríguez. 

En Tucumán, en Buenos Aires o en España;  Sejo ha retratado a políticos, estrellas del fútbol, ídolos populares, varitas, hinchas, cowboys, vikingos. Nunca un gaucho de acá, un gaucho tucumano. Es eso lo que se propone con “Edmundo, el gaucho tremebundo”, su última viñeta que, según estima, saldrá en marzo en forma de libro edición limitada. Edmundo, el protagonista, es un payador frustrado que no es muy bueno para las improvisaciones ni para tocar la guitarra. Sin embargo, persiste en su sueño de cantor de pulpería. Edmundo recorre las calles de Simoca tras el amor de “La Margó”, pero en ese trance de músico enamorado le sale un competidor bien picante: “El Mandinga”, también payador. Y de los buenos. “Los gauchos de la historieta no están quedados en el tiempo. Van a una pulpería con antenas parabólicas. Todo eso sucede hoy. En Simoca, hoy andan en sulky y los sulkys se entremezclan con camionetas 4x4. Estos gauchos míos tienen celular”, cuenta el historietista. 


Según explica, la historia de la viñeta es una aventura que tiene siempre al mismo protagonista recorriendo distintas localidades y paisajes del interior tucumano. En la primera edición es Simoca el lugar elegido, pero la idea es que vaya visitando otras zonas. De hecho, para el próximo número ya está pensando en las calles de Tafí Viejo como escenario. Su proyecto es que Edmundo transite por cada una de las localidades de la provincia. Sejo adelanta que la historieta persigue no sólo un fin humorístico, sino también pedagógico y se la imagina circulando por nuestras escuelas. Por eso, además de la viñeta, el libro de 62 páginas incluye información sobre Simoca, su historia y tradiciones como la feria y la fiesta del sulky. “En Europa los grandes leen comic, yo apunto a que lo puedan leer los niños, pero que un treintañero también se divierta”, recalca el dibujante. 

Las aventuras de Edmundo no se limitarán al papel, sino que cobrarán vida también en las pantallas. Es que Sejo ha hecho de la historieta a su vez un dibujo animado; dibujitos que, lejos del español neutro de las animaciones que pasan en los canales internacionales, hablarán con tonada tucumana. De hecho, Catto Emmerich y Carlos Garmendia aportan las voces de la tira, mientras que el guion está a cargo de “El pibe” Juan José Moreno y las animaciones son obra de Andrés Figueroa y Rodrigo Jure. “Cuando empecé a hacer la historieta vi que era viable hacerlo en animación. La idea es que sean microvideos de dos o cuatro minutos. Ahora con la tecnología es un poco más fácil, pero igual son muchas horas de trabajo”, comenta el dibujante. Para hacer que las ilustraciones de las viñetas tengan movimiento y vida, Sejo a veces traslada los dibujos hechos en el papel a la computadora a través de un escáner, otras los que hace es dibujar directamente con una tableta óptica y luego animar las figuras en el photoshop. Si bien todavía no sabe por qué medio se transmitirá el dibujo animado de Edmundo, espera que los canales de aire de la provincia apoyen y difundan esta producción 100% local. 

En esta como en alguna de las tantas otras viñetas de Sejo se vuelve palpable la influencia del “Western Comic”, ese género de historietas que narraban las aventuras del lejano oeste y que fueron muy populares cuando él era niño. Hugo Pratt, autor de grandes clásicos como “Sargento Kirk” y “Corto Maltés”, “Jackaroe” (escrita por Robin Wood y dibujada por Gustavo Trigo), “Barbeta y Grunchi” y “Lucky Luke”, entre muchos otros, son algunos de los títulos que le vienen inmediatamente a su memoria: “Cuando tenía nueve años ya los dibujaba a los cowboys. En ese tiempo para el día del niño te regalaban el sombrero, la cartuchera, todo… yo me acuerdo que era el hombre del rifle. La historieta era lo que es YouTube ahora para mi hija, era lo que había y era realmente muy popular. Había 25 títulos en los kioscos, historietas como Patoruzú , Condorito, Asterix o las de la editorial Columba como Tony, D'artagnan y Nippur de Lagash. A mí siempre me ha gustado más la parte graciosa del asunto: las historietas Pepe Sánchez y Mi novia y yo. Imaginate, el tipo era un detective que era hincha de Chacarita, una cosa tremenda”. Esos personajes fueron los primeros que Sejo empezó a trazar en el papel cuando todavía era sólo José María. 


En la reuniones de padres de la escuela, se había vuelto costumbre escuchar a las profesoras decir que el alumno José María Delgado no era un joven irrespetuoso, pero parecía vivir en la luna de Valencia. Distraído de lo que sucedía en clase, se la pasaba imaginando historias y dibujando. Mientras transitaba el secundario en el colegio San Francisco, hizo su primera historieta en la que caricaturizó a su entonces compañero de banco y actual compañero de equipo en “Edmundo, el gaucho tremebundo”: El Pibe Moreno. “La tenía recontra clara de chiquito de que yo iba a ser dibujante”, dice ahora el Sejo de 49 años que en unas semanas más cumplirá cinco décadas, aunque posiblemente se olvide de su propio cumpleaños como le pasó alguna vez hace ya bastante tiempo. Quizás por seguir habitando la tan famosa luna de Valencia. 

A los 17 empezó a trabajar como dibujante de la revista “Reto” haciendo caricaturas políticas y futboleras. Por entonces también dibujó en las revistas de rugby  “Presencia deportiva” y “Todo rugby”. Ese deporte era su otra pasión y pasó por Universitario y Bajo Hondo, pero se fue quedando cada vez más pequeño a la par de la talla titánica de sus compañeros y, al igual que sus personajes, quedó dibujado en la cancha. Como caricaturista de los diarios arrancó en Siglo XXI, mientras trabajaba a su vez en una agencia de publicidad y asistía a clases en la Facultad de Artes donde cursaba la licenciatura en artes plásticas. Pero sus dibujos no tenían mucha cabida en los claustros académicos y decidió dedicarse de lleno a lo que siempre le había gustado. En 1993 fue invitado a exponer sus dibujos en la Universidad Patrice Lumumba y en el Centro Cultural Petrovsky Linnie de Moscú. Ese mismo año expuso en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana, en Cuba. 


La historia de Sejo con Tucumán es de idas y vueltas. En los noventa, se fue a vivir un tiempo a Buenos Aires donde hizo la tira “John Tera” para el diario La Prensa: “Era la historia de un porteño hincha de Racing y en esa época Racing era un tango andante, llevaba treinta años sin salir campeón”, recuerda. En 1997 volvió a Tucumán para trabajar como caricaturista de “El periódico”. Su siguiente exilio sería rumbo a España donde vivió seis años. Allá sus dibujos se publicaron en revistas de comics como Le Potage, Batracio amarillo y en el diario La Información de Madrid. En esa etapa en el exterior ganó algunos premios importantes por sus ilustraciones y comics como el primer lugar del premio “Josep Escobar” en 2001, el segundo del "Kokoe Komiki Elkartea" en 2003 y el primero del “Santa Clara de Portugalete” en 2005, entre otros. Para 2004, como su padre se encontraba enfermo, decidió volver a su provincia natal y esta vez ya para quedarse. No sólo fue el dibujante del diario “El Tribuno”, sino también el artífice de la revista “Papalú”. 

“La crítica que me hace mi primo es que miro más a Buenos Aires que al interior. Los tucumanos somos medio conquistados y es verdad. Nosotros somos unos híbridos, nos gustan los Redondos, los Rolling  Stones, Sabina y no tanto el folclore porque somos urbanos. Soy un enamorado de mí provincia, pero también la sufro”, define en tono reflexivo y entre las cosas que más le disgusta de la idiosincrasia local destaca al desorden cotidiano de nuestro tránsito al cual padece cada vez que sale en su moto: “Ahí ves la deshumanización de la gente, parece que te quieren embocar, creo que ni los porteños tienen esa mala leche”. A pesar de todo eso, al igual que Edmundo a bordo de su sulky, Sejo sale a desandar los caminos que trazan el mapa de Tucumán con un sueño puesto en el lápiz: “Yo nunca dejo de soñar y tan mal no me ha ido. Quiero hacer algo acá porque yo soy de acá y vivo acá”. 

Mirá el adelanto de Edmundo, el gaucho tremebundo: