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Caballito, un blusero enamorado que toca en los bondis y busca laburo

Historias de acá

Francisco “Caballito” Pérez tiene 28 años y va a todas partes con una armónica en el bolsillo. Como hace un mes se quedó sin trabajo, se la rebusca tocando blues en los colectivos junto a su novia. Su historia y un pedido: “Estoy disponible para cualquier trabajo que no sea explotador”.

Caballito va con su blues a todas partes.





Francisco Pérez patea la calle de ojotas y bermudas desde Villa Luján con una guitarra trajinada que le costó 150 pesos cuando la plata tenía otro precio. De eso pasó tanto tiempo que ni lo recuerda, pero fue antes de que empezara a tocar la armónica. Ahora, atraviesa el Parque Avellaneda acompañado por su novia, Bárbara Acuña Boss. “Caballito”, como le dicen a él, y “Barbie” como le dice él a ella, conforman el dúo que cada tarde se sube a un colectivo diferente para tocar y cantar blues. De bondi en bondi, de parada en parada, van haciendo unos pesos hasta que surja algo más estable. En el oficio de músico ambulante hay días buenos y malos, como el de ayer. Hoy buscarán la revancha mientras le piden al cielo que no se largue a llover porque la guitarra no tiene funda ni nada que la proteja del mal tiempo. 

En el mundo del rock vernáculo, Caballito es ponderado como un crack de la armónica. Forma parte desde hace dos años de la banda “La Vespa”, cuyo estilo él define como “rock bien rutero”, y desde hace cinco meses ha conformado “La cabra blusera” que espera salir a rodar por los escenarios tucumanos a partir de abril. Ha tocado como músico invitado de Karma Sudaca, Potrero de arrabal, La Crota, Rock and Lobos, Pato Herrero, Malditas ratas y muchas bandas más cada vez que requirieron de su talento. No importa dónde esté ni dónde sea que vaya, Francisco sale siempre preparado con la armónica en el bolsillo. La carga como carga su pistola un vaquero en el lejano oeste. Quién sabe, tal vez le chiflan para que se suba a tocar, tal vez le pinta tocar en la calle o en la plaza alguna melodía que se le venga entonces a la cabeza. La culpa, hace memoria, la tuvo León Gieco cuando tocó en la Plaza Independencia hace no sabe cuánto. Pero recuerda que era adolescente y una semana después de verlo en ese recital se compró su primera armónica. Jonás Gutiérrez, su compañero de la Escuela Media Domingo Savio, le enseñó lo básico. Después, siguió aprendiendo por su cuenta, como autodidacta. Tomó clases con Lucas Lazarte y Hugui López. Descubrió que las armónicas venían en diferentes tonos y se compró varias más. Hasta que un día se las robaron a todas a dos cuadras de su casa. Y juntó para comprarse una nueva. Y compró algunas más. Y siguió tocando. Y toca en el bondi y en cuanto escenario las noches de rock lo conviden. 

Y de blues. Porque el blues fue antes que el rock y para Caballito esa exploración, que empezó con el rock vernáculo de bandas como Los Piojos, La Renga o Guasones, lo llevó más arriba y más atrás hasta el género que germinó en la segunda mitad del siglo XIX entre los trabajadores negros y pobres que eran explotados en los campos del sur de los Estados Unidos. Hasta ahí se remonta Francisco con fascinada admiración por esos afroamericanos de espaldas quebradas y manos ajadas de recolectar algodón que encontraron en la música una forma de liberación. Basta hablar apenas un rato con él para descubrir que no es un improvisado en la materia, describe las distintas vertientes del género como el New Orleans blues, Memphis blues,  Delta blues, Chicago blues y el boogie woogie.  Y también surgen los nombres de algunos de los grandes referentes como Sonny Boy Williamson II, Big Walter Horton, Big Mama Thornton, entre tantos otros. ¿Qué conexiones se entrelazan entre esa historia lejana en el tiempo y en el espacio y este presente tucumano, entre el río Misisipi y estas tierras bañadas por el Salí, entre esas leyendas del blues y Caballito?


Antes de escucharla en boca de otro, la pregunta ha resonado muchas veces en la cabeza de Francisco. Sabe que no puede vivir sin la música, pero acá y ahora ¿se puede vivir de ella?

-Te cagás de hambre… Vivir de la música es re complicado acá en Tucumán. Tendría que haber un súper genio que nos muestre el camino, pero por el momento... – piensa un segundo para buscar las palabras- Si querés tocar y vivir como un rockstar, obvio que te vas a cagar de hambre, pero si das clases, tocás y esas cosas sí podés vivir de la música. 

Lo de tocar en los colectivos empezó como una aventura cuando tenía 18 años por consejo de un vecino de Villa Luján que se la rebuscaba de esa manera. Desde entonces, cada vez que se le presenta la oportunidad, hace changas musicales. “La primera vez que toqué en público fue algo suicida. Era el quince de la hija de un concejal, no me acuerdo si de Famaillá o Concepción. La cosa es que armaron el escenario arriba de una pileta llena, pusieron tablones y tarimas y, sobre eso, pusieron una alfombra. Estaban los amplificadores enchufados y, mientras nosotros estábamos tocando, el escenario se movía. Fue muy extrema mi primera vez en un escenario… tenía 19 años”, recuerda. 


Desde el mes pasado, cuando se quedó sin trabajo en el drugstore que atendía, las tocadas en los colectivos se han vuelto una rutina de todas las tardes. A veces, lo acompaña Bárbara. Otras, su amigo Ulises Valladares. La cita es siempre en la parada de 24 de septiembre al 1300 en la puerta del mítico maxikiosco de alcoholes trasnochados “Jota & Jota”. Ahí cualquier unidad del 4 del 10 o del 110 puede ser su escenario hasta llegar al centro donde puede ser un 8, 5, 125, 110 o 102. No hay un mapa ni un destino fijo, todo depende de la buena predisposición de quien los lleve: “Nos subimos en el que nos deje subir. Generalmente, los choferes son buena onda, de diez quizás uno no nos deja subir. Igual, los re entiendo porque sé que después los agarra un inspector y los puede multar. Lo que menos queremos es comprometerlos en su trabajo”.  Hay días que los dejan subir y otros que no tanto; días en que cosechan aplausos y algunos billetes y otros en los que se vuelven como llegaron. La experiencia de artista ambulante es a prueba y error: “Al principio intentamos tocar en inglés, pero nos comimos cada puteada… nos mandaron a la mierda ¿Qué hacés cantando en inglés? ¿Qué sos yanqui? Tocá música en castellano, gil, nos decían. Vende patria nos llegaron a gritar. Algunos te dice no me gusta la música que hacen ustedes, toquen folclore. No sé, capaz que de cien músicos callejeros, ochenta hacen folclore, uno que te muestre un género distinto… es cuestión de abrir la cabeza también, loco, es música, no le va a hacer mal a nadie. Por eso decidimos optar por el blues local, temas de Memphis, La Mississippi o Pappo”. 

“Tenés que tener carisma, no sólo en un bondi, también en un escenario. Si el que se sube no transmite cierto carisma y buena onda, dudo que te llame la atención. Nosotros lo que hacemos de entrada es hacer reír a la gente. Decir lo que somos, laburantes y estudiantes, no mentimos”, reflexiona el joven de 28 años para confesar después que es la voz de Bárbara la que se lleva la mayoría de los aplausos. Eso los pone felices, pero hay días en que ni la felicidad ni la plata alcanzan. 

“Hasta mediados de febrero trabajé en un drugstore en el centro, pero las ventas bajaron un montón. Siempre lo voy a putear a Macri porque hizo decaer la economía y eso se vio en todos lados. El local siguió, pero ya no me pudieron seguir empleando. Ahora sigo buscando, pero tampoco quiero regalarme a cualquier laburo donde me exploten por dos pesos. No es que no quiera laburar, sino que no quiero ser explotado porque ya fui explotado en el 2014 cuando trabajaba de seis de la mañana a las seis de la tarde de corrido y ganaba 150 pesos por día. No me quedaba otra. Ya viví esa experiencia de ser explotado y no quiero porque estás mal mentalmente y físicamente, reventado, idiotizado y no te alcanza para nada igual, entonces de qué sirve. Están esos que dicen que no trabajaban porque no quieren y la verdad que yo no lo veo tan así, yo fui explotado y no quiero volver a eso”, explica. Francisco tiene experiencia en tareas de atención al público y de mantenimiento. Dice que es responsable y cumplidor que no falta nunca y que necesita trabajo “de lo que sea”. Quienes deseen contactarlo pueden hacerlo al teléfono 3815076760: “Estoy disponible para cualquier trabajo que no sea explotador. Hay que dejar de jugar con la necesidad ajena, con la necesidad de la gente no se juega”. 

Caen las primeras gotas, pero es una lluvia que no alcanza a mojar. Caballito y Barbie apuran el tranco hasta la parada de siempre donde se subirán a un cinco. El chofer accede de buena gana y ellos se mandan con una versión de “Blues del equipaje” de La Mississippi, esa canción que dice: “Es algo raro el destino, lo que hoy es cara, mañana es cruz”. Y ahí van los dos, él y ella con su blues a cuestas. Antes de pasar el bolso donde caerán unos pocos billetes, el músico agradece a su público: “Muchas gracias, con su colaboración nos están ayudando a pagar el pasaje a Londres”.

Caballito y bárbara haciendo blues: