¿Bajar libros es chorear?: La mirada tucumana sobre el PDF Gate
POLÉMICA
Varios escritores reclamaron porque sus libros fueron subidos a las redes para descargarlos de manera gratuita y eso encendió la polémica acerca de los derechos de autor y la piratería. ¿Se trata de otro debate de porteños vs resto del mundo? Opinan escritores y editores tucumanos.
Crédito: https://uncomocorreo.com/.
Para escuchar las canciones de sus músicos preferidos, los que fueron jóvenes en los ochenta y noventa solían valerse de una estrategia que hoy resultaría tan insólita como absurda: llamaban a la radio, pedían el tema y esperaban alertas en sus casas para pulsar el botón de grabar. Si el locutor o las publicidades no interrumpían la pista, eso se celebraba como un gol sobre la hora en la canchita del barrio. Después, con el paso Del VHS al DVD, empezamos a comprar las películas truchas a los vendedores ambulantes en el centro. Ni hablar de esos maravillosos enganchados en MP3 con los grandes éxitos de la cumbia y de la guaracha que todavía se consiguen en la zona de El Bajo. O de aquellas fotocopias con las que muchos estudiaron toda una carrera universitaria. No sé cómo funcionará en otras latitudes, pero acá, en Tucumán, hemos convivido con la piratería desde siempre y la hemos naturalizado como practica para disfrutar de algunos bienes culturales. Quizás por eso, que un grupo de escritores haya puesto el grito en el cielo porque los PDF de sus obras se pueden descargar de manera gratuita en la web nos llama la atención y más curiosidad aún nos genera la encendida polémica que se ha generado al respecto. ¿Será que nacimos choros? ¿Será que desde acá no tenemos ni voz ni voto en los grandes debates que, como todo lo que goza de cierta prensa, se originan en Buenos Aires? Escritores y editores tucumanos meten la cuchara en este lio.
Todo empezó en las redes sociales, ahora más que nunca devenidas en coliseos virtuales a raíz de la pandemia y de las medidas de aislamiento obligatorio. El pasado 9 de abril se creó el grupo de Facebook llamado Biblioteca Virtual con el objetivo de compartir obras literarias que ayuden a los lectores a sobrellevar mejor el confinamiento. Al día de hoy ese grupo cuenta con más de 17300 miembros, muchos de ellos escritores de distintos puntos del país, que utilizan el espacio para subir libros en formato PDF para su descarga gratuita. Entre el material compartido hay libros liberados por los propios autores, obras sobre las que ya no rigen los derechos de autor porque sus artífices hace mucho tiempo que no viven y también literatura reciente cuyos autores no autorizaron la sociabilización del material literario y que, entendiblemente, alegan que necesitan de las regalías que les deparan las ventas de sus libros en las librerías para poder vivir y que esta liberación o piratería o robo del fruto de su trabajo los perjudica. La mecha estaba encendida.
"Yo no voy a andar denunciando a nadie, pero ¿no sería razonable pensar un poco en el otre?'", se preguntó en las redes sociales la consagrada escritora Gabriela Cabezón Cámara. "Che, Postear PDFs de libros en redes es un robo. Estás perjudicando a les escritorxs que viven de eso. No lo hagas. Es completamente garca, rancio y nada de Robin Hood ni te creas Che Guevara", posteó en su cuenta de Twtter la autora Cecilia Szperling. Con similar indignación se expresaron autores como Selva Almada, Alejandro Dujovne y Julián López, entre muchos otros.
También hubo escritores que defendieron la liberación de sus obras, como fue el caso de la autora cordobesa María Teresa Andruetto que declaró haber cedido parte importante de sus libros alegando la necesidad de muchos lectores de acceder al material en el contexto de la pandemia: “La situación es excepcional; cuando esto pase, se verán cuáles son las nuevas reglas. No sabemos. Y yo creo que una de las cosas difíciles que tenemos que soportar es que no sabemos cómo va a ser el mundo después de la pandemia. Esto que entendíamos y llamábamos ‘normalidad’ va a ser de otra manera. La normalidad va a ser otra. Si las reglas son otras, uno tomará otras decisiones”. Como nada parece haber más fascinante para los argentinos que las polarizaciones, hubo quienes eligieron entre uno y otro bando iniciando una polémica en la que no faltó la artillería verbal de grueso calibre. Los grandes medios nacionales, siempre atentos al conflicto y tanto más si este involucra a tan encumbrados y encumbradas hombres y mujeres de letras, se hicieron eco del debate replicando las palabras de autores consagrados y su mirada al respecto. ¿El resto? Bien, gracias.
La mirada tucumana
Como suele suceder, quienes habitan este lado del mapa parecen no tener su vela en el entierro. Extraño, si de choreo se trata, que no nos convoquen a la discusión. Pareciera que nos cabe sólo el estigma, más no la experticia en el tema. ¿Será que nos sobran choros, pero nos faltan literatos? Si acá hasta los choros son poetas y viceversa. Por eso, como escritores hay y para hacer dulce, los convocamos a dar su mirada respecto a eso que llamaremos “El PDF Gate”:
“El problema con los PDF para mí empezó cuando algunos escritores insultaron a los miembros de la Biblioteca Virtual llamándonos ladrones, malas personas, egoístas y basuras. Todos sabemos que la piratería es parte importante del circuito de las artes y la victimización o esa superioridad moral en la que incurrieron para quejarse me sacó de quicio. Pidieron que bajemos sus libros y así se hizo. Pero en ningún momento reconocieron que la causa de la pobreza de los escritores no es la piratería sino el sistema en ruinas que además nos explota”, explica el escritor Diego Puig quien forma parte del famoso y vilipendiado grupo de Facebook donde compartió una de sus obras. Así explicita su posicionamiento al respecto el autor: “Mi postura es distinguir entre dos niveles que no siempre son fáciles de separar pero es necesario hacerlo. Un nivel individual, donde cada escritor tiene el derecho y debe pensar qué representan sus textos, qué hacer con ellos y cómo hacerlos circular de la manera que sienta más honesta y justa para sí mismo. Si quiere clientes o lectores o las dos cosas. Yo quiero las dos cosas por ejemplo y no quiero que nadie me diga ni le diga a nadie qué tiene que hacer. El otro nivel es más sistémico y la cuestión cambia porque tenemos una industria editorial (o un ecosistema del libro) que está al borde del colapso y que además es tremendamente injusta: los escritores con suerte reciben el 10% del valor de tapa de sus libros y las liquidaciones de esas regalías son un descontrol. Entonces, me parece bien que los autores de los libros que empezaron la disputa con el grupo de Facebook Biblioteca Virtual soliciten que sus libros se bajen del sitio y no se los haga circular gratuitamente. Pero no que defiendan las prácticas impuestas por Buenos Aires, que no funcionan ni ahí ni en el interior del país”.
El poeta y editor de la editorial independiente La Cimarrona, Marco Rossi Peralta suma su visión al respecto: “El acceso a la diversidad cultural es un derecho y también es un derecho cobrar por el trabajo realizado. El problema es cuando se piensa que son derechos contradictorios, cuando en realidad son complementarios. Sólo puede pensarse en avanzar en la profesionalización de la escritura si crece la lectura. Un grupo de lectores pasándose PDFs en Facebook no es el problema. Todos queremos comprar libros y en general compramos todos los que podemos. El problema entonces es que la mayoría de las y los lectores somos pobres y los libros tienen precios excluyentes. Ese es el verdadero problema. Un escritor bestseller que cree que no le alcanza para vivir porque piratean sus PDFs es un negacionista. No le alcanza porque escribe en un país pobre, en el que no hay políticas para que los libros sean accesibles a las mayorías. Y además, porque los escritores profesionales no están sindicalizados para negociar con las multinacionales que los editan. Nuestro problema es que el campo literario hace silencio sobre el hecho escandaloso de que acceder a un libro en nuestro país es un lujo de pocos”.
En el caso de EDUNT, la editorial de la Universidad Nacional de Tucumán decidió apenas comenzada la cuarentena obligatoria liberar parte importante de su catálogo para que libros y lectores se encuentren en el mundo virtual. Para Rossana Nofal, directora de la editorial y docente de literatura, la experiencia fue gratificante, ya que implicó la apertura hacia un nuevo universo de lectores: “Nuestra primera decisión política fue la de abrir el catálogo con el acuerdo de los autores que quisieron sumarse a este nuevo proyecto. Con la incertidumbre que implica y que lo constituye. En los archipiélagos de la soledad se construyeron vínculos y espacios con una lógica que nos sorprendió: el cuidado. El contexto implicó una voluntad de privilegiar los cuerpos y su salud por sobre el mercado. La fuerza de trabajo por sobre el capital. Esta decisión compromete, indudablemente, un marco de referencia para nuestras acciones presentes y para los proyectos futuros. Pero, fundamentalmente, los libros del catálogo de EDUNT encontraron nuevos lectores. Infinitos lectores que llevaron los pdf de la página institucional de la Universidad hacia nuevas geografías, incluso más allá de las fronteras que imaginaron sus autores y editores”.
Sin embargo, Nofal no desconoce que la industria editorial lleva largo tiempo sumida en una crisis profunda que el contexto de la pandemia no hace más que agravar: “La crisis del libro en el país es grave. Es tangible, visible y material. El cierre de las librerías, los costos de la producción del libro papel y la caída general del sector productivo indudablemente impactan en cada una de las etapas, pero, fundamentalmente en las vidas de las personas que organizan su sustento alrededor de este objeto cultural. La Universidad tendrá entonces un nuevo desafío en términos de catálogo: asegurar, una vez más la bibliodiversidad en la contingencia. Ocuparse de los fragmentos que el mercado no valora”.
Los escritores tucumanos parecen tener muy en claro que en esta polémica la culpa no es de los escritores, sino de la industria que les da de comer; una industria que da de comer a un número muy pequeño de autores que escriben desde las grandes ciudades, principalmente, Buenos Aires. Ese sistema muy poco federalizado de producción y circulación de obras literarias es el que parece en jaque y no precisamente por la difusión de libros en formato PDF. “A mi modo de ver, la disputa por los PDF no tiene ninguna injerencia en Tucumán porque como mercado editorial somos más chiquitos que un mosquito bebé. Lo que sí me parece importante es pensar que lo que llega a las librerías y se pone en las vidrieras o en las mesas de novedades nunca son los libros de autores tucumanos ni una muestra representativa de la calidad o la diversidad literaria regional o argentina. Ese es un problema. Lo que nos llega, lo que se recomienda y lo que se vende y compra es el producto de decisiones de editoriales multinacionales y porteñas demasiado amigueras, precarizadas, de gustos dudosos en las que nunca se piensa en el lector, sino solamente en mimar autores poco talentosos, todo avalado por la prensa especializada y sus mecanismos de validación”, explica Diego Puig.
“Suele decirse que en el “interior” no existe un mercado que permita vivir de la escritura o la edición. La realidad es que ese mercado no existe en Buenos Aires ni en ningún lugar del mundo. Las editoriales gigantes, multinacionales, necesitan de muchas maneras del apoyo económico del Estado para existir. De ninguna manera las sostiene el mercado. Por ejemplo, las multinacionales viven en dependencia de los medios gráficos y de comunicación en general, que no pueden subsistir sin la famosa pauta oficial. Entonces no pedimos un subsidio para nosotros, porque somos norteños y no podemos emerger por nuestra cuenta. Pedimos que los recursos públicos que ya se invierten dejen de estar al servicio exclusivamente de las multinacionales que sólo miran a Buenos Aires”, se explaya Marco Rossi Peralta.
El libro, la fotocopia, el PDF
“Pertenezco a la generación de la Facultad con la Fotocopiadora en la entrada y las disputas políticas por la Secretaría de Apuntes del Centro de Estudiantes. Los libros siempre fueron escasos, valiosos y difíciles de conseguir en las provincias. Libros que se traían en las valijas de los viajes y los viajantes, colección, serie y bibliotecas. Entre ese mundo y los nosotros estaban las fotocopias. Muchas veces desarticuladas, descompaginadas, con nombres y tapas invisibles. Sin ancla y con un universo próximo a la piratería y sin embargo visible en cualquier paisaje de universidad”, relata Rossana Nofal quien asegura que ni las fotocopias ni los PDF reemplazarán nunca a los libros, pero que también son herramientas de acceso a la literatura, sobre todo, para docentes y estudiantes: “En la rutina de enseñar, muchas veces los libros no están, porque son de otro tiempo, porque son de otro mundo incluso, porque son de otra lengua. Están sus copias y fundamentalmente, están los relatos de una lectura que puede conmover y provocar otra lectura y sus derivas infinitas. Una llave, una puerta de entrada, una sospecha y un desafío. Una copia que arma una comunidad que organiza bibliotecas y libros que se prestan, se roban, se trafican. Libros del conquistador, cuadernos de la cárcel, la biblioteca de los libros rechazados, Babel y la nostalgia feliz. De cómo se construyen los lectores y sus mundos. Sin ese ejercicio, el libro se enmudece. No sé si es una trampa del sistema o un ejercicio de justicia; es, indudablemente un hacer de palabras, escrituras y mundos que se construyen aún en los momentos más difíciles”.
Por su parte, los escritores coinciden en que los libros en PDF no significan una amenaza para los libros de papel. “Todo indica que los PDFs no tienen un gran impacto en las finanzas de la industria editorial ni mucho menos de los autores. Yo nunca leí un libro entero en PDF por ejemplo. Y creo que la mayoría tampoco lo hace porque es muy incómodo. Ahora, con libros a más de $1000, quizá muchos empecemos a hacerlo dentro de muy poco tiempo”, comenta Puig.
“Un libro es una tecnología todavía superior a la tecnología de la lectura digital. Daña menos la vista, cansa menos, es más cómodo para marcar, subrayar, escribir. Y algo importantísimo: ocupa un lugar en nuestras casas. Tiene un peso propio, una imagen y una textura, eso hace que nos relacionemos con lo que dice de otra manera. El libro es una tecnología que hace que escuchemos mejor y con menos esfuerzo lo que tiene para decir”, reflexiona Rossi Peralta.
A riesgo de que nos condenen más por nostálgicos que por ladrones y piratas, es justo decir que así como el vértigo de afanarse un VHS del videoclub no se compara a descargar un película de Cuevana, tampoco parece haber demasiada épica delictiva en bajarse un libro en PDF de la web. Choros, lo que se dice choros, eran los de antes.








