"Me está mirando desde la ventana: ya no puede hablar ni respirar, por favor se los pido"
HISTORIAS DE PANDEMIA
Desde que iban juntas al jardín de infantes, Belén y Déborah son mejores amigas. El sábado le dio positivo el hisopado y la situación es desesperante: “Tiene dos hijitas y es sola, no sabemos qué hacer”.
Déborah y Tania son amigas desde niñas. La imagen, por pedido de ambas, es ilustrativa.
Belén está llegando a la casa de su amiga Déborah cuando atiende a el tucumano. Lo hace después de una publicación en las redes sociales que alarmó a los tucumanos: “Estoy llegando hasta la casa de ella en este momento. Ella es sola. Sus papás viven en Santiago. Tiene una nena de 2 y otra de 6. Aquí estoy. Me está mirando desde la ventana: ya no puede hablar ni respirar, por favor se los pido”.
Déborah tiene 29 años y el sábado mismo, sorprendentemente unas horas después de realizarse el hisopado en el Padilla, le apareció el resultado positivo. “Ya el jueves empezó a sentirse mal mi amiga. Ella cuida a adultos mayores. Vive al día. Cree que se contagió en el colectivo, antes del paro. Los padres vendieron la casa donde vivía y está sola con las chiquitas. Me dijo que lo que más le duele es la garganta, que es como tragar vidrio”.
Amigas desde el jardín de infantes, Belén rompe las barreras y con lo que gana con la venta de helados en el comienzo de los calores fuertes en Tucumán, saca y compra alimento para su amiga, pero no alcanza: “Lo que más necesito es la medicación. Sólo le recetaron paracetamol de 500, pero no le hace efecto. Le conseguí de 1 gramo, pero estoy tratando de conseguir Azitromicina. No puede hablar no puede respirar”.
Con el barbijo puesto, Belén le dice a su marido que la espere: le está bajando dos bolsas de mercadería. Se la está dejando en la puerta a su amiga, que abre como puede, despacio, mientras distrae a las niñas con dibujitos. “Lo que necesito urgente para ella es un nebulizador. Fue muy violento el virus con ella. Por suerte las chiquitas están bien, o al menos sin síntomas. Yo no me los puedo llevar porque mi casa es chiquita y tengo tres hijos. También estoy sin trabajo, y me dedico a la venta de cosas dulces. La estoy sustentando con lo que gano, pero no me quejo: es lo que una amiga debe hacer. Es mi misión en este momento”.
Mientras se despiden a la distancia, Belén retoma el diálogo con el tucumano. Explica que no da el domicilio porque dos vecinos contagiados fueron escrachados por otros. Entonces Belén deja su número de teléfono a disposición: 3815402860. “Cuando éramos niñas, la vida era muy distinta a lo que es ahora. Jamás imaginamos vivir esto. Por suerte la amistad se mantiene. Soy lo único que tiene. Por eso se me ocurrió publicarlo en Facebook pidiendo ayuda. No creo que esté haciendo mal a nadie".
Déborah tiene 29 años y el sábado mismo, sorprendentemente unas horas después de realizarse el hisopado en el Padilla, le apareció el resultado positivo. “Ya el jueves empezó a sentirse mal mi amiga. Ella cuida a adultos mayores. Vive al día. Cree que se contagió en el colectivo, antes del paro. Los padres vendieron la casa donde vivía y está sola con las chiquitas. Me dijo que lo que más le duele es la garganta, que es como tragar vidrio”.
Amigas desde el jardín de infantes, Belén rompe las barreras y con lo que gana con la venta de helados en el comienzo de los calores fuertes en Tucumán, saca y compra alimento para su amiga, pero no alcanza: “Lo que más necesito es la medicación. Sólo le recetaron paracetamol de 500, pero no le hace efecto. Le conseguí de 1 gramo, pero estoy tratando de conseguir Azitromicina. No puede hablar no puede respirar”.
Con el barbijo puesto, Belén le dice a su marido que la espere: le está bajando dos bolsas de mercadería. Se la está dejando en la puerta a su amiga, que abre como puede, despacio, mientras distrae a las niñas con dibujitos. “Lo que necesito urgente para ella es un nebulizador. Fue muy violento el virus con ella. Por suerte las chiquitas están bien, o al menos sin síntomas. Yo no me los puedo llevar porque mi casa es chiquita y tengo tres hijos. También estoy sin trabajo, y me dedico a la venta de cosas dulces. La estoy sustentando con lo que gano, pero no me quejo: es lo que una amiga debe hacer. Es mi misión en este momento”.
Mientras se despiden a la distancia, Belén retoma el diálogo con el tucumano. Explica que no da el domicilio porque dos vecinos contagiados fueron escrachados por otros. Entonces Belén deja su número de teléfono a disposición: 3815402860. “Cuando éramos niñas, la vida era muy distinta a lo que es ahora. Jamás imaginamos vivir esto. Por suerte la amistad se mantiene. Soy lo único que tiene. Por eso se me ocurrió publicarlo en Facebook pidiendo ayuda. No creo que esté haciendo mal a nadie".
"Los padres son mayores y viven en Pozo Hondo. Están muy preocupados y no pueden hacer nada. Están todo el tiempo hablándome a mí. Insisten y repiten: ‘Muchas gracias’. Insisto: es mi deber, es mi amiga. Ahora me estoy yendo a buscar eucalipto y alcanfor para que se haga los baños de vapor. Al menos hasta que consigamos el nebulizador. Eso es lo más urgente que necesitamos. Eso y artículos de limpieza para que desinfecte más que nada por los chicos. Le dejamos en la puerta y nos vamos. Cumplimos con todo el protocolo porque si yo me contagio, no podré ayudar a mi amiga. ¿Y entonces qué haríamos?”









