"Él amaba a sus gatos": más de sesenta felinos han quedado huérfanos
La casa de los mininos
El patio de Hilda está invadido por 67 gatos a los que llama por su nombre. Eran las mascotas de su hijo que ha fallecido hace tres días y la mujer de 82 años ya no puede hacerse cargo de todos. Conocé su historia y mirá el impresionante video.
Alguno de los mishis que cuidan a Hilda.
¡Perla! ¡Michifus! ¡Paquito! A medida que Hilda Pavón los llama por su nombre, más de sesenta gatos con más de sesenta nombres que los identifican se acercan hasta donde está ella, se frotan entre sus piernas y sólo por ella se dejan acariciar. El patio de su casa en el Barrio Echeverría es un santuario felino, los hay de todos los colores y de todos los tamaños. Acuden al llamado desde los techos, de entre las plantas, de los rincones. Son las macotas que Jesús Manuel Montivero ha cuidado por más de cuatro décadas y ahora vagan en orfandad porque desde hace tres días que él ya no está con ellos. Hilda se ha hecho cargo porque esos gatos son parte de la memoria de su hijo fallecido. Pero, a los 82 años la tarea de cuidarlos se ha vuelto titánica y con el amor no alcanza.
“Ella se siente acompañada por sus gatos ahora, su pasatiempo es cuidarlos. Pero he hablado con ella y he tratado de hacerla entender, ya ha tenido varios golpes porque los gatos se le han metido entre las piernas y la han hecho caer. Es una persona pensionada que no tiene recursos para tener tantos animales”, cuenta Gerardo Ramón González, el sobrino nieto de Hilda. Según comenta el hombre de 45 años, varios de los felinos se encuentran con lastimaduras, parásitos, hongos y algunos están desnutridos, por lo que necesitan atención veterinaria.
Hilda quedó viuda hace más de 47 años y vivía acompañada por su único hijo, Jesús Manuel, cuya salud empezó a desmejorar meses atrás y, cuando le detectaron cáncer, ya fue demasiado tarde. Hace tres días, el cuerpo del hombre de 54 años dijo basta. Al no contar con los esmerados cuidados de quien los había criado, el estado de los gatos también comenzó a decaer. “Ellos se han acostumbrados a tener gatitos, los gatitos se han ido criando y reproduciendo. Él era el que cuidaba los gatos, él amaba sus gatos. Ella también se ha ido acostumbrando a los gatos y ahora dice que los va a atender, pero con la edad y la poca movilidad que tiene se le va a hacer difícil”, explica Gerardo. A Hilda la única familia que le queda son sus sobrinos y a los gatos, la mujer de 82 años.

José Manuel junto a Hilda, su mamá.
Cuando Jesús Manuel vivía, a los gatos no les faltaba nada. Les compraba grandes bolsas de alimento balanceado y estaban todos bien de salud. Ahora, Hilda les cocina todos los días pollo con arroz en dos ollas de cinco litros cada una. Según comenta su sobrino nieto, los vecinos el barrio colaboran con ella para que pueda alimentarlos. “Se sabe el nombre de cada uno. Pronuncia el nombre y el gato se le arrima. Los gatos ya saben el horario en que les da de comer y la esperan todos paraditos cerca de la puerta del fondo. Varios son ariscos, por el único que se dejan tocar y acercarse es por ella”, comenta. Entre la numerosa manada felina, hay sólo uno que goza del privilegio de habitar dentro de la casa, era el favorito de su hijo y se llama Michi. Los gatos conviven en absoluta armonía con el perro de la casa: Pichi.
“¿Alguien alguna vez ha visto esta cantidad de gatos? Gato ahí, gato acá, más gatos con crías. Después, si nos vamos para acá, hay otro gato. Acá hay más gatos y después acá tenemos más gatitos chiquitos, son todos gatos bebés… Y de ahí nos vamos para acá y vemos más gatos todavía, muchos gatos”, dice Gerardo mientras recorre con la cámara de su teléfono los distintos rincones de la casa de su tía. Según se aprecia en el video, hay felinos por todas partes, entre las plantas, bajo chapas, entre las vigas del techo… Gatos, gatitos, gatazos. Gatos y más gatos. En la inspección, alcanzó a contar 67 gatos. La última vez que había visitado la casa, días antes de comenzar la pandemia, los felinos eran 42, según habían constatado junto a su esposa y sus hijos.

En los últimos días, han logrado dar en adopción a 17 gatitos cachorros. La idea de la familia es dar en adopción a todos los que puedan para que no representen una carga para Hilda y castrar a los que quedan para que no se continúen reproduciendo: “Deben haber quedado 50. Hay varias gatas que están preñadas, queremos dejarlas parir y a los 35 días que se destetan tratar de buscarles un hogar. Lo importante ahora es castrarlos”. Por eso Gerardo deja su teléfono para quienes deseen adoptar a los animalitos o colaborar con la castración y alimento: 3816042334.
Ahora Hilda está acompañada por Amanda, la madre de Gerardo, y custodiada por decenas de gatos que le recuerdan todo el tiempo el amor de su hijo que ya no está. Sólo tiene que salir al patio y llamarlos para que ellos le brinden su cariño.
Mirá el video de la casa de los gatos:








