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"Quién es el hijo de puta que los ha inventado": Pablo y el drama de separar espirales

Guerra contra los zancudos

Llega el verano y con él los mosquitos que acechan la tranquilidad de los hogares tucumanos. También otro dolor de cabeza colateral: cómo separar los espirales sin romperlos. La dramática experiencia y las técnicas de Pablo García: “El que los hizo debe estar cagándose de risa en el caribe”.

Pablo y su arma secreta contra los mosquitos.





Si algo nos enseñó la película Jurassic Park es que los mosquitos ya picaban a los dinosaurios y, si la raza humana se extingue algún día, es muy probable que sigan ahí complicando la existencia de los seres que aún queden en la tierra. Acá ya se vive el calor del verano y los zancudos afilan sus picos para convertir las noches de los tucumanos en un martirio de dolor y sangre. Muchos, como el mecánico industrial Pablo García, ya preparan toda la artillería para combatirlos. Para hacerlo, debe enfrentarse a un desafío que muchos viven como un drama: la fallida separación de espirales, una tarea tortuosa que suele fallar. Pablo expone la tragedia en primera persona y se arriesga a brindar una estrategia para salir airoso de ese trance. 

“Es un dolor de huevos cada vez que tenés que despegar esa cagada”, dice Pablo sin pelos en la lengua y con un promedio de uno de cada tres espirales rotos, es decir que fracasa el 33% de las veces que emprende la tarea. “Si bien el espiral no es lo mejor hoy en día, con la cantidad de mosquitos que hay tenés que meterle el aparatito, Raid y la cagada esa, no queda otra”, reflexiona evidentemente disgustado con la funcionalidad de los espirales. 

Pablo tiene 51 años y vive en la avenida Mate de Luna al 4000, una zona donde a principios de este año hubo un foco muy importante de casos de dengue, de ahí la necesidad de tomar cartas en el asunto. De la caja de doce espirales, ya usó seis, dos de los cuales se le rompieron. “Vamos complicados”, confiesa, pero a la vez revela su técnica una vez que los espirales se quiebran. Resulta que este tucumano descubrió que la chapita que viene en la caja para apoyar los espirales cuenta con una muesca que permite sostener a aquellos que se han roto en el proceso de separación. Y cuando no hay chapita no queda más que apelar a botellas vacías. 

El malestar de Pablo con los espirales no hace más que reflejar un flagelo colectivo, lo que él se pregunta no es más que el eco de una pregunta que alguna vez nos hicimos todos: ¿Por qué vienen pegados y no ya separados? Con su experiencia como mecánico industrial atribuye el problema a una cuestión de diseño: “A veces me toca desarmar máquinas que tienen tornillos en zonas casi imposibles de llegar y decís cómo lo van a poner ahí, con esto es igual, el que los fabrica es un hijo de puta para venderlos así pegados. El que los hizo debe estar en el caribe cagándose de risa con lo que han inventado. Siempre me pregunto quién es el hijo de puta que ha inventado eso”. 

Con el tiempo, ha ido perfeccionando la técnica de separado y, si bien se les siguen rompiendo, ahora menos que antes: “La técnica es, con mucha paciencia, empezar desde afuera hacia adentro. Eso es lo que me da mejor resultado, pero no es algo para hacer cuando uno está estresado”. Pablo reconoce que con los espirales solos no alcanza y que su verdadera arma secreta contra los zancudos es apelar al ventilador o al aire acondicionado: “Lo más efectivo es un buen aire o un ventilador. En espirales, trato de usar esos moraditos que tienen otro aroma, no el común ese verde. Para mí, la combinación perfecta es ventilador y un toque de espiral, tampoco toda la noche porque casa”. 

Pablo estaba trabajando haciendo mantenimiento de maquinarias en distintas provincias del noroeste y, con la llegada de la pandemia, debió reinventarse para hacer trabajos de electricidad y plomería en domicilios particulares. “Básicamente, me encargo de todos los arreglos de la casa”, dice y deja su teléfono para quienes quieran contratar sus servicios: 3816410585. Ahora, para separar espirales, recomienda mejor llamar a otro. 

En tema de espirales parece haberse dado por vencido y apela a la mesura de Milagros: “Estoy tratando de que lo haga mi hija que tiene mucha más paciencia”. Después de todo, los espirales son esa especie de yin y yang de la lucha contra los mosquitos y, como tal, requiere de la tranquilidad zen de un Señor Miyagi. Así que mejor dejar la tarea en manos de la pequeña saltamontes.