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"Chorrea por todas partes": Paula y el pan dulce tucumano que desborda

HISTORIAS MÍNIMAS

Paula vive en el barrio Oeste II y aprendió los secretos de la cocina de su abuela y luego de su mamá: “Vuelan los panes. La gente no espera para las Fiestas, las clientas vuelven dos veces el mismo día”. ¿Qué les pone?





Paula metía el dedo cada vez que su abuela o su mamá arrancaban la ceremonia sobre la mesa con la masa, la harina, plaf por aquí, plaf por allá. La canilla abierta, el repasador a mano, la radio prendida, los boleros, los estribillos tarareados, todo hacía a la música sonora de un protagonista gordo como pozo navideño: el pan dulce.

“Toda la vida hubo un pan dulce en la mesa, gracias a Dios. Antes no es como ahora que se compraba en el súper. Se lo hacía. Mi abuela hacía, mi mamá hacía. Desde muy pequeña ya estaba yo ahí husmeando, metiendo el dedo, aprendiendo. No sé cuál era el secreto de mi abuela: sus manos, supongo”.

La fama de los pan dulce de la abuela trascendieron al barrio y llegaron al centro, a la Crisóstomo y Buenos Aires, donde Paula trabajaba: “Creo que era el aroma de cada pan que se desprendía ya para esta época, pero el tema es que me volaban de las manos. Algunas clientas volvían dos veces en el día. Es difícil cuidarse a esta altura del año con todas las cosas ricas que hay para comer”.

Con frutas secas y abrillantadas, hasta el día de hoy Paula tiene una maña: se las quita. “Solo les dejo las nueces y las almendras. Nunca supe por qué le ponen frutas secas, pasas de uva, esas cosas cuando sos chico no te gustan. Y de grande, para muchos, tampoco”.

Con una casa de comidas, Paula deja todo preparado la noche anterior y enciende el horno a las 8: “Siempre estoy mirando los programas de cocina, pero me llevo por lo que le gusta a la gente: lo grotesco, lo que abunda, lo que más engordo. Los panes que más vendo son los más caros. El que más vendo es uno que chorrea por todos lados: es de Kinder y hay otro de Nutella. Pesa más de medio kilo, adentro está todo relleno, lo partís y se desborda”.

“Se venden un montón los panes, y se los come en el momento. No veo que lo guarden en el freezer ni nada por el estilo. Además están accesibles. Muchos se quejan en las redes que hay panes que en el supermercado tienen que comprarlos en cuotas. Para mí eso tiene mucho que ver la picardía de algunos que remarcan los precios: en el super, un pan de 600 gramos está a 250, uno de Nutella a 480, uno Kinder a 700, no son precios bajitos, pero entre todos no me parece taaaaaaan caro”.

Mientras se nos hace agua la boca, Paula y su familia han hecho una tregua, un paréntesis: “Ya no podemos más. Ya nadie come chocolate en esta casa hasta que llegue el 24 a la noche. Ni Nutella, ni Kinder, ni nada. Ya probamos todos los pan dulce que te imaginés. Y después del brindis por este año tan difícil que ya se empieza a ir vamos a comer de nuevo: el pan dulce es una tradición familiar, algo que se lleva a la mesa, que todos compartimos, y que compartiremos como nunca en estas Fiestas. Nos lo merecemos”.