El Orejudo, una gloria futbolística de Villa Nueva Italia que murió un día después que Maradona
Historias de Acá
Casi a las sombras, un hombre se destacaba en el equipo de fútbol de su barrio. Con su gambeta y su sonrisa conquistó a todo un barrio, que lo despidió como a un verdadero ídolo.
El 26 de noviembre, cuando el país y el mundo lloraban la partida de Diego Armando Maradona, aquí cerquita, en Tafí Viejo, se apagaba una estrella del fútbol amateur. No se vio por televisión, pero todo un barrio salió a las calles ese jueves caluroso para rendirle homenaje al “Orejudo”, una gloria de los potreros.
Alberto Iñigo, El Orejudo Beto, nació el 20 de septiembre de 1979 en la ciudad del limón. Sus amigos y allegados coinciden en que era un personaje especial, mítico. Aseguran que jugó en casi todos los potreros de la provincia, siempre con el 10 en la espalda, y desparramó magia en todos los equipos por los que pasó: El Progreso, La Becker, Los Galácticos y algunos más. Pero sin lugar a dudas, El Orejudo dejó una huella imborrable en Villa Nueva Italia, el equipo del barrio homónimo donde forjó amistades a fuerza de ternura, sonrisas y bromas pesadas.

El Beto y sus compañeros celebrando un campeonato.
“Maradoniano de alma, Chayero como pocos, fanático de Sergio Galleguillo, decano y bostero”: así lo describió Darío, uno de sus amigos, a este diario. La definición escueta, que bien podría ser una biografía de Twitter o Instagram, parece resumir la esencia de este hombre que, a fuerza de gambetas, se robó el corazón de todo un barrio.
La leyenda cuenta que en ese rincón de Tafí Viejo no había persona que no conociera al Orejudo y no se asumiera como su amigo. “En cada reunión siempre era el que animaba, el que ponía alegría, el que nos hacía reír, el que nos hacía cantar, el que tenía las témperas o el agua a mano para arrancar con el carnaval”, le cuenta Darío a El tucumano.
Fuera de la cancha, Beto también hacía notar su presencia. Después de cada partido ganado, el Orejudo hacía su gracia: sacaba las témperas de su bolso y daba inicio a un improvisado carnaval. Cuentan que tenía por costumbre anudar las zapatillas y la ropa de sus compañeros, por el gusto mismo de joder. Otros se llevaban la peor parte: cuando abrían sus bolsos, se encontraban con trozos de pan, huesos de pollo o basura. “A algunos no les gustaba, pero sabíamos que esas eran las reglas del juego cuando él estaba ahí”, recuerda Darío.
Micaela, hija de Beto, lo recordó en su perfil de Facebook: “Toda la vida voy que estar orgullosa del papá que me toco”.
Gracias Deportivo por todo esto????????
Aquel jueves, cuando el sol tucumano hacía arder el pavimento y el país lloraba a Maradona, en Villa Nueva Italia sufrían por partida doble: habían partido los dos 10 más queridos por los taficeños. En Buenos Aires y en Tucumán, dos ídolos del potrero fueron despedidos por una multitud sumergida en el dolor.








