C.T., el misterioso detective privado de Tucumán que todo lo resuelve
PERSONAJES DE ACÁ
El investigador que reserva su identidad sabe cómo manejar deudas, mal de amores, robos a departamentos e infidelidades. Jura que no duerme tranquilo hasta que el problema no se solucione: "Es difícil vivir mi vida".
Resuelve lo que le pidan.
¿Alguien quiere pensar en él? Ni siquiera puede tomar su cortado en paz. Muchas veces se queda sin batería su iPhone. Los llamados y los mensajes son constantes. Quisiera dejarlo en modo avión, pero antes de que todo se estrelle, CT, detective privado, soluciona problemas de toda índole y su misteriosa figura comienza a desvelarse en las noches tucumanas.
Con pipa, boina y un piloto crema pese al calor de la ciudad, si el crimen no duerme, C.T. tampoco. “Es difícil vivir mi vida, pero no lo puedo evitar. Mis problemas pueden esperar, los ajenos no”, explica desde su sillón de terciopelo rojo en la sucursal de Havanna de la calle Congreso, casualmente frente a Tribunales, donde la gente golpea las puertas en busca de Justicia, no la encuentra y cruza a buscarlo a él.
C.T. es un detective privado tucumano que lo aprendió todo en la calle: ha sufrido en carne propio las injusticias de la vida, los golpes a la madrugada, la fama y la gloria, el barro y la sangre, y una sonrisa abierta de par en par que a veces se oculta tras su mascarilla de seda elaborada con la copa de un corpiño Victoria Secret obsequiada por una mujer a quien le ha solucionado el primero de los incidentes graves que han sacudido a Tucumán en los últimos tiempos.
“No fue fácil identificar a los ladrones que ingresaron simultáneamente a varios departamentos. No necesité de las cámaras para saber que se trataba de un grupo cómplice de inquilinos pasajeros y el encargado. Desvalijaron a muchas jóvenes. Eso me dolió. Pero también me duele la pobreza en la calle y entiendo la necesidad de la gente”.
Nadie le pregunta a C.T. cómo está él, qué siente al descubrir infidelidades, falsas promesas, el aplauso falso de los clientes, la trampa de los dueños de los bares tucumanos que lo comprometen con la AFIP al borde de la cárcel. Nadie se lo pregunta, pero él tiene una respuesta.
Con pipa, boina y un piloto crema pese al calor de la ciudad, si el crimen no duerme, C.T. tampoco. “Es difícil vivir mi vida, pero no lo puedo evitar. Mis problemas pueden esperar, los ajenos no”, explica desde su sillón de terciopelo rojo en la sucursal de Havanna de la calle Congreso, casualmente frente a Tribunales, donde la gente golpea las puertas en busca de Justicia, no la encuentra y cruza a buscarlo a él.
C.T. es un detective privado tucumano que lo aprendió todo en la calle: ha sufrido en carne propio las injusticias de la vida, los golpes a la madrugada, la fama y la gloria, el barro y la sangre, y una sonrisa abierta de par en par que a veces se oculta tras su mascarilla de seda elaborada con la copa de un corpiño Victoria Secret obsequiada por una mujer a quien le ha solucionado el primero de los incidentes graves que han sacudido a Tucumán en los últimos tiempos.
“No fue fácil identificar a los ladrones que ingresaron simultáneamente a varios departamentos. No necesité de las cámaras para saber que se trataba de un grupo cómplice de inquilinos pasajeros y el encargado. Desvalijaron a muchas jóvenes. Eso me dolió. Pero también me duele la pobreza en la calle y entiendo la necesidad de la gente”.
Nadie le pregunta a C.T. cómo está él, qué siente al descubrir infidelidades, falsas promesas, el aplauso falso de los clientes, la trampa de los dueños de los bares tucumanos que lo comprometen con la AFIP al borde de la cárcel. Nadie se lo pregunta, pero él tiene una respuesta.
“Detrás de esta fachada, detrás de estos anteojos Ray Ban negros, solo hay dolor y una angustia que se me va cuando vuelve a sonar mi teléfono, requieren mis servicios, que les soucione la vida, o al menos una parte de ella. La adrenalina y el sentido de mi vida pasa por ahí. Quizás en este mundo ya no haya lugares para personas como yo. Obro desde el bien. Solo quiero ver a la gente feliz”.


Hay dibujos animados basados en la vida del detective tucumano.








