"Nati nació lo más bien de salud, pero ahora nadie sabe qué es lo que le pasa"
HISTORIAS DE ACÁ
Cuando Natasha llegó al mundo, nadie pensó qué iba a suceder un tiempo después: ni su abuela Juana, ni su mamá Miriam, ni los propios médicos lo imaginaron. Hoy tiene 6 años y el misterio acompaña a la familia.
Nati. Las fotos son gentileza de su familia.
Cuando Natasha nació, nadie pensó qué iba a suceder un tiempo después. Ni su abuela Juana, ni su mamá Miriam, ni los propios médicos lo imaginaron: “Cuando Nati nació estaba en buena salud, pero a los dos añitos ya empecé a sospechar que algo le pasaba”.
Juana, la abuela de Natasha, de su Nati, habla este jueves con el diario el tucumano y cuenta cómo empezó la incógnita que rodea a su nieta, quien hoy tiene seis años y, hasta el momento, nadie ha sabido decirle qué es lo que tiene, cuál es la discapacidad que padece.
“Yo, en realidad, me di cuenta que algo pasaba cuando Nati tenía un añito de edad y no se paraba, no se ponía de pie. O cuando le dabas algo y se le caía de la manito. Yo, que crié a mis hijas, sabía que había algo que no estaba bien, pero en su momento los médicos me dijeron que podía ser normal que demore más de lo habitual en ponerse de pie o en agarrar cosas”.
A la espera de los primeros movimientos, la abuela Juana cuenta: “Le exigía que agarre, que agarre la mamadera. Pero ya a los dos años no había caso ni en los brazos ni en las piernitas: lo raro de todo es que todos los estudios le daban bien en el Hospital de Niños, que tenía sensibilidad en los piecitos, pero no, no podía tomar cosas con las manos, caminar ni tampoco hablar”.
Luego de juntas médicas, la familia de Natasha recibió un diagnóstico general de retraso madurativo: “Pero Nati escucha, entiende, no tiene parálisis cerebral. Se alimenta bien, toma leche, no quiere saber nada con el mate cocido. La verdad es que hasta el día de hoy ni los médicos ni nosotros sabemos qué tiene”.
“Una muestra de que el diagnóstico no es claro es que a Nati le dieron un certificado de discapacidad hasta el 2025, pero no le dieron los papeles necesarios para la obra social y pueda realizar un tratamiento para que se sepa lo que se tiene. Se llegó a mencionar un estudio muy costoso en Estados Unidos, pero nosotros no podemos afrontarlo de ninguna manera”, explica Juana, quien vive en condiciones humildes con sus hijas y la pequeña en el barrio 11 de Febrero de Villa 9 Julio.
“Para colmo de males, se cortaron los tratamientos que podría realizar aquí en Tucumán por el covid. No la está viendo una genetista, una doctora de edad, por el covid, ni el neurólogo, el doctor Médici. Es decir: no saben los médicos qué tiene Nati y estaba en un coche que le ha quedado chico, luego en una silla postural, pero ahora ella está en un silloncito”.
“Nunca hemos pedido nada. Yo tengo un problema de salud y limpio casas. Cada vez puedo salir a trabajar menos. Y nos encontramos en una situación desesperante: necesitaríamos si alguien puede acercarse y ayudarnos con la leche y los pañales de Nati y una colcha. O la posibilidad de inscribirla en el sorteo de alguna vivienda para tener un techo digno: Nati es buenita, a veces se despierta de noche y llora y llora, o a veces se despierta y ríe y ríe hasta que se duerme. Así, todos los días así”.
Juana, la abuela de Natasha, de su Nati, habla este jueves con el diario el tucumano y cuenta cómo empezó la incógnita que rodea a su nieta, quien hoy tiene seis años y, hasta el momento, nadie ha sabido decirle qué es lo que tiene, cuál es la discapacidad que padece.
“Yo, en realidad, me di cuenta que algo pasaba cuando Nati tenía un añito de edad y no se paraba, no se ponía de pie. O cuando le dabas algo y se le caía de la manito. Yo, que crié a mis hijas, sabía que había algo que no estaba bien, pero en su momento los médicos me dijeron que podía ser normal que demore más de lo habitual en ponerse de pie o en agarrar cosas”.
A la espera de los primeros movimientos, la abuela Juana cuenta: “Le exigía que agarre, que agarre la mamadera. Pero ya a los dos años no había caso ni en los brazos ni en las piernitas: lo raro de todo es que todos los estudios le daban bien en el Hospital de Niños, que tenía sensibilidad en los piecitos, pero no, no podía tomar cosas con las manos, caminar ni tampoco hablar”.
Luego de juntas médicas, la familia de Natasha recibió un diagnóstico general de retraso madurativo: “Pero Nati escucha, entiende, no tiene parálisis cerebral. Se alimenta bien, toma leche, no quiere saber nada con el mate cocido. La verdad es que hasta el día de hoy ni los médicos ni nosotros sabemos qué tiene”.
“Una muestra de que el diagnóstico no es claro es que a Nati le dieron un certificado de discapacidad hasta el 2025, pero no le dieron los papeles necesarios para la obra social y pueda realizar un tratamiento para que se sepa lo que se tiene. Se llegó a mencionar un estudio muy costoso en Estados Unidos, pero nosotros no podemos afrontarlo de ninguna manera”, explica Juana, quien vive en condiciones humildes con sus hijas y la pequeña en el barrio 11 de Febrero de Villa 9 Julio.
“Para colmo de males, se cortaron los tratamientos que podría realizar aquí en Tucumán por el covid. No la está viendo una genetista, una doctora de edad, por el covid, ni el neurólogo, el doctor Médici. Es decir: no saben los médicos qué tiene Nati y estaba en un coche que le ha quedado chico, luego en una silla postural, pero ahora ella está en un silloncito”.
“Nunca hemos pedido nada. Yo tengo un problema de salud y limpio casas. Cada vez puedo salir a trabajar menos. Y nos encontramos en una situación desesperante: necesitaríamos si alguien puede acercarse y ayudarnos con la leche y los pañales de Nati y una colcha. O la posibilidad de inscribirla en el sorteo de alguna vivienda para tener un techo digno: Nati es buenita, a veces se despierta de noche y llora y llora, o a veces se despierta y ríe y ríe hasta que se duerme. Así, todos los días así”.
Quienes deseen comunicarse con la familia de Natasha y ayudarla pueden llamar al 3813 49-1038. Nos necesitan.










