Top

"¡Mirá, mirá! ¡Va a dar a luz! Vos que tenés contactos, ¡pedí una ambulancia!"

HISTORIAS DE ACÁ

Eliana rompió bolsa el sábado a la madrugada y salió a la ruta a parar un colectivo. El chofer Andrés la subió entre los pasajeros y luego subió el Sargento Santana, quien relata una odisea de 50 kilómetros: "A los pasajeros les dije: ‘¡La pongamos en el asiento, la acostemos!’ Y a la mamá, que estaba nerviosa delante de todos, le pedí: 'No tengás vergüenza, es una cosa de la naturaleza, ¡cuando viene, viene!'.

Así nació Carlitos, rodeado de amor.





Hacía frío el sábado (pero no tanto) cuando Eliana lo supo. Eran las cuatro de la mañana, pero el sol saldría en unas horas. Antes: Eliana tenía que ser mamá. Antes de vestirse, bajo el techo de la humilde casa donde Eliana vive en Los Romanos, Eliana codeó a su esposo, le señaló con la mirada la panza de nueve meses y ese gesto bastó para decirle: “Me duele, vida, ya viene”.

Mientras el esposo de Eliana juntaba una mantita y llamaba al 107 marcando los tres números con tanto nerviosismo que sus dedos se chocaban, la ambulancia no llegaba y un gesto más bastó para saberlo: “A las cinco y cuarto viene el colectivo, vamos a la ruta”.

Mientras Eliana y su marido salían a la ruta todavía de noche, Andrés El Chofer, todavía sin saberlo, ya había arrancado el motor del colectivo de la empresa El Tigre. El colectivero vio a la pareja en la parada, haciéndole señas con los brazos agitados, paró el colectivo, los subió y lo supo: tenía que llegar volando al caps de Villa de Leales.

Conducía lo más rápido posible Andrés El Chofer por la ruta 303 mientras los gritos y las contracciones de Eliana se mezclaban con el ruido de las uñas comidas de los pasajeros, de la tensión, de los besos al rosario de una señora en la última fila. Hasta que apareció el héroe principal de esta historia.

Cuando Andrés El Chofer vio en la parada de la localidad de Los Gómez al Sargento Ricardo Antonio Santana, a Don Toni para todos, Andrés El Chofer respiró más tranquilo. Firme y siempre al pie del cañón, como todos los días de servicio, a las 6.30 el Sargento Santana lo esperaba en la parada, vio la cara de Andrés y escuchó lo que le dijo: “¡Mirá, mirá! Esa es la chica. ¡Va a dar a luz! Vos que tenés contactos, llamá a la comisaría”.

Ya con el Sargento Santana en el colectivo de El Tigre, ahora el Sargento Santana recuerda en diálogo con el tucumano todo lo que vivió desde que se subió entre los pasajeros: “Llamé a la comisaría, me atendió una compañera, y le dije: ‘Llegate al hospital, pedí la ambulancia urgente, está por dar a luz una pasajera’”.

“Yo me trasladaba en el servicio de las 6.30 a la comisaría de Villa de Leales donde presto servicio desde hace cinco años. Siempre me controlo los nervios, y más allá de la situación, actúo muy tranquilo. Y no era la primera vez que tenía que atender un parto”.

Hace 26 años, el Sargento Santana, mucho antes de que fuera el Sargento Santana, antes incluso de que fuera Don Toni, era chofer de ambulancia en su pago, en su tierra, en la gloriosa comuna de Los Gómez y le tocó traer a luz a una personita a esta hermosa provincia llamada Tucumán y ahora volvió a vivir las mismas sensaciones.

“Ahora, ya íbamos a toda velocidad en el colectivo para llegar al hospital, pero no llegábamos. La chica estaba nerviosa. Los pasajeros le pedían que se calmara. Ya en Los Juárez paramos solamente para que subiera otra pasajera que estaba en la parada y le dije: ‘¡Subí, subí ligero! Si podés, danos una mano. Ya está por tener la chica, ya ha roto bolsa’”.

“Con la ayuda de los pasajeros, nos dimos cuenta que teníamos que hacerlo nosotros. Les dije: ‘¡La pongamos en el asiento, la acostemos!’ Y la chica estaba nerviosa, incómoda, entonces le pedí: ‘No tengás vergüenza, es una cosa de la naturaleza, cuando viene, viene! Tenemos que atenderte porque sola no podés'. Entonces una pasajera le bajó la calza, le puso una mantita. En Los Quemados subió otra chica. Todo lo que siguió a continuación fue durante ese trayecto”, se emociona el Sargento.

“Mientras la chica pujaba, los pasajeros la alentaban, le daban aliento. Le gritaban: ‘¡Vamos, vamos! ¡Vamos que ya va a nacer!’ Entonces ahí le dije al chofer: ‘Vamos derecho, ya no parés hasta Santa Rosa. ‘¡Vamos derecho! ¡Dale! ¡Dale! ¡Ya viene!”, le dijo el Sargento Santana a Andrés El Chofer cuando, de repente, se hizo un silencio absoluto por un segundo en el colectivo.

Todos los pasajeros se quedaron quietos, con la boca abierta, codeándose, mirá, mirá, ahí viene, y vino: con ustedes, con nosotros, le damos la bienvenida a Carlos Demir Molina, quien lloró apenas salió a este mundo y la emoción contagió, justamente, a todo un colectivo cargado de pasajeros que se habían despertado al alba el sábado 5 de junio de 2021 para ir a romperse el lomo como todas las mañanas, y ahora de repente estaban secándose las lágrimas y sonriendo de felicidad y preocupados por el último detalle.

“El bebé todavía tenía el cordón umbilical envuelto en el cuellito. Entre yo y las chicas pudimos manejar la situación hasta que llegamos al Hospital, ya en Santa Rosa de Leales”, relata el Sargento Santana.

Atrás en la ruta quedaban los 50 kilómetros desde la casa de Eliana, la flamante mamá, y el Hospital donde la atendieron hasta derivarla hasta la Maternidad, 80 kilómetros en total entre Los Romanos y San Miguel de Tucumán, toda una procesión con el Sargento al lado.

“La verdad que fue una emoción única. El padre nos agradecía todo lo hecho. Cuando nació el bebé, la mamá se descompuso. Fue cuando más me afligí, pero la hemos reanimado, le di algo dulce y entonces todo terminó en el colectivo: los pasajeros nos aplaudían, estábamos todos muy emocionados. Ellos también: es una familia muy humilde y por eso quedamos en la comisaría en juntar ropita para el bebé, pañales y leche”.

Fue después de un día tan inolvidable que el Sargento Santana, en este diálogo, se abrazó a su propia familia, a su señora Emma Ester Quintana; a su hija mayor Daniela Romina Santana, de 27 años; a su hija de 23 años, Norma Gabriela Santana, quien le dio sus dos primeras nietitas (dos bebés enormes llamadas Iris y Alma); a la hija menor Giuliana Santana, de 19; y al benjamín de la familia Santana, el esperado Leonel Ricardo Santana, de 11.

Y entre tanta emoción, también el Sargento Santana remarca y pide una ambulancia y un médico más cerca de las Elianas que serán mamás en el futuro en el Tucumán profundo una madrugada. “Lo más importante es el médico. Mientras tanto, estoy contento: no volví a ver a la mamá todavía, pero ya la vamos a ir a visitar con las cosas que juntemos en la comisaría".

"Mientras tanto, no dejan de llegarme mensajes con las felicitaciones”, cierra el Sargento Ricardo Antonio Santana, Don Toni, mientras la familia grita en el altavoz del celular durante la nota de el tucumano: “¡Estamos muy orgullosas de él!”, y él se prepara para una pregunta que le puede esperar el día que visite a Carlos Demir Molina, el niño recién nacido: “¿Si me piden que sea el padrino del bebé? Ya tengo como 20 ahijados que me quieren mucho. Pero siempre, claro, siempre hay lugar para un ahijado más”.

Con ustedes, Carlitos, recién nacido, en el colectivo.

Ya en el Hospital de Santa Rosa, las heroínas y los héroes.

El héroe en el colectivo.

El Sargento Ricardo Antonio Santana, feliz, rodeado de su propia familia: "¡Estamos orgullosas de él!"

Don Toni, siempre al pie del cañón.