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"Me da cosa contarlo": el corazón sin igual de Javier Escobar, un tucumano que emociona

HISTORIAS DE ACÁ

“Lo que hice es porque tengo la bendición de haber sido criado así: con los valores de mi familia. Soy honrado y es lindo ser así, pero ahora tengo un sueño y me gustaría que se conociera”. ¿Quién es, qué hace y qué desea con el alma? Imperdible.

Javier, orgullo de Los Salvajes. Las fotos son gentileza del profe Cuellar.





Javier Nicolás Escobar tiene 29 años, vive en Lastenia, es hijo de don Juan Carlos (64) y de doña Lidia Argentina Cardozo (69) y hermano de Carlos Ariel (33). Cuando atiende el teléfono, jadea, toma aire, se recupera y sigue. Su historia es la de un joven que ha nacido y vive con su familia, y que todo lo que hace lo hace corriendo, como el personaje de Forrest Gump, pero con un mensaje más profundo y cercano, tan noble como humano: “Desde los 8 años que siento que soy bueno con la gente, con el otro. Desde chiquito me gustaba ayudar a los demás, sobre todo a los más grandes: con las bolsas, a cruzar la calle, esas cosas”.

Apodado de cariño Teti, porque después de la teta tomó la mamadera con la tetina hasta los 8 años, los huesos crecieron fuertes, pero algunas noches la panza le hacía ruido. Pese a los obstáculos, llegó a estudiar hasta segundo año del secundario y dejó cuando tuvo que ponerse la familia al hombro: “Mi papá trabajaba en un matadero, en Velárdez, y después en otro en Tiro Federal, mi mamá es pensionada y cobra la mínima, y mi hermano es discapacitado. Entonces algo tenía que hacer y no lo dudé: hago mandados en toda la Banda y lo hago trotando para llegar más rápido. Me encantaría tener una bicicleta para poder hacer más mandados y ayudar a más gente, pero por ahora no se puede”.

Para mí lo natural es ayudar al otro, al vecino mayor que no puede salir por la pandemia, hacerle las compras, ir desde Lastenia hasta Edet a pagarle la luz vencida, todo siempre trotando. Lo hago porque me sale de corazón y me da cosa cobrar el trámite, no sé por qué me da cosa contarlo, pero es así: todos los vecinos me ven todo el tiempo corriendo o trotando a la verdulería, a llevarle los remedios, a lo que necesiten. Y yo ando así por la vida: trotando y saludándolos. Y de paso así me entreno para cumplir con uno de los dos sueños que tengo: ser atleta profesional y competir a nivel nacional”.

Si todos los caminos conducen a Roma, los que trotan con un corazón así de grande como el de Javier llegan al Parque 9 de Julio. Ahí, sube y baja por las escalinatas del autódromo, le mete flexiones, vence al frío desde las cinco de la tarde hasta las ocho de la noche todos los días, hace pasadas, baja su tiempo de los 3000 metros actualmente a 9’30” y después, cuando el maravilloso profesor Luis Cuellar da por terminada la clase, llega el mate cocido depende del día y se vuelve a Lastenia como vino: al trote.

“Me caracterizo en el barrio por trotar, me gusta trotar. Y me gusta ayudar. Vengo de una familia humilde y decente, más que nada trabajadora. Mi mamá nos crió con todos los valores. Soy de ir a la Iglesia, de creer en Dios, de sumarme a las colectas de Cáritas antes de la pandemia, vivimos en una zona complicada, pero en ningún lado tuve problemas con nadie, me robaron lamentablemente muchas veces, pero no conozco el rencor: soy una persona honrada, así al menos me siento que soy, es lo que sobresale en mí y es mi segundo sueño: poder transmitir estas cosas a quienes no tuvieron la bendición de tener una familia y sacar a mis amigos de las drogas”.

Así como le cuenta sus sueños al profe Cuellar, así como Javier recuerda que dejó los pulmones la primera clase, ahora viene a entregar su corazón también moldeado por Yolanda y Nieves Ibáñez de la Acción Católica, necesita una bicicleta para hacer más mandados, y la plata que recibe tras ser convencido de que es lo justo, de que es lo que corresponde, Javier quiere sacar a su familia adelante y pinta rejas, trota, barre, trota, desmaleza, trota y tiene una sola preocupación: “Cuando nos entra el frío, nos damos maña, no quiero abusar del brasero porque tengo miedo del monóxido de carbono. Pese a las privaciones que tenemos, con mi familia siempre tratamos de estar lo mejor posible, somos todos positivos, tenemos que ir para adelante, como en una carrera, siempre para adelante, con el corazón grande y el cuerpo alimentado como se puede, pero sin quejas. Por eso cuando me preguntan cuál es el secreto para correr cada día más rápido, siempre les digo a los changos: el guiso de lentejas, ese es mi secreto”.

Quienes deseen contactarse con Javier pueden llamarlo al 381-3553389 (solo whatsapp) o al 381-3364633 (Profesor Luis Cuellar)