"Enriquito es un niño grande, pero ahora se cae y me gustaría que alguien me ayudara a levantarlo"
HISTORIAS DE ACÁ
Lucas Lizárraga vive en la comuna de Monteagudo. Es quien llegó al corazón de los tucumanos y tucumanas con su historia del carrito literario: él, su moto, y una casita de madera con estantes colmadas de libros para leerles a los niños y niñas de la Escuela 99. Ahora, relata la situación de su hermano y confía: "Tucumán está lleno de gente buena". VIDEO
Enriquito tiene 44 años y necesita de la ayuda de todos para vivir mejor.
Lucas Lizárraga vive en la comuna de Monteagudo. Es el alma noble de un pueblo que llegó al corazón de los tucumanos y tucumanas con la historia del carrito literario: él, su moto, y una casita de madera con estantes colmadas de libros para leerles a los niños y niñas de la Escuela 99 a la salida. Ahí, en la puerta de la escuela, antes de que sonara el timbre del final, ya estaba Lucas con los libros gratis para leer ahí mismo por las mañanas, en las casas por las tardes y en la plaza por las noches.
Pero si hay un niño, un niño grande, que conmueve y moviliza a Lucas es su hermano menor, Enrique, Enriquito, de 44 años, de quien Lucas se hizo cargo desde chico cuando, lamentablemente, la mamá de ambos falleció. Nacido con un retraso madurativo en Buenos Aires, Enriquito vino con su papá y con su hermano Lucas en un camión cargado de libros que luego se transformó en la base del carrito literario.
“Enriquito es un niño grande, es mi hermanito, lo que más quiero en el mundo. Aquí en Monteagudo lo conocen todos. Siempre me acompañaba a todas partes con el carrito de los libros y durante la pandemia se quedó en casa, corriendo por la entrada de adelante, corriendo por todos lados, juntando maderitas, clavitos, ayudándome en el taller mientras hago mis esculturas, pero desde hace un tiempo empezó a decaer: tiene por lo menos tres convulsiones por semana, pierde el equilibrio, se cae y me gustaría que alguien me ayudara a levantarlo, a sacarlo del pozo en el que está hundido”.
La publicación que compartió esta semana Lucas Lizárraga sobre la situación crítica en la cual se encuentra Enriquito movió a la comuna, quien se acercó a través del subdelegado Rafael Lastra y Alberto Elía, quienes llegaron con dos camas de madera y, en esta cadena de amor por Enriquito, siguió a través de una señora en cercanías de Palomino y de otra mujer de Taco Ralo, quienes donaron una cama ortopédica y un colchón antiescara: “Estoy más tranquilo con la cama nueva para Enriquito porque hay que darle el desayuno en la boca y la cama anterior era un desastre: toda mojada cuando le vienen las convulsiones y los plásticos ya no aguantaban. Ahora estamos esperando que la traigan a la casa”.
Mientras la hermana de Lucas y Enriquito es enfermera y busca trabajo desde que llegó a Tucumán para ayudar también a sus hermanos y a su padre, la realidad de la familia es que la pensión por discapacidad de 13.500 pesos mensuales no alcanza para la leche Ensure y los pañales para adultos y las vitaminas. Pero sobre todo lo más importante: “Necesitamos un profesional que lo ayude en la rehabilitación física y un cerramiento habitacional para que no cuele el frío en las noches de invierno. Y no lo sufra papá y mi hermano Enrique y con eso daría eternamente las gracias. Perdón por las molestias y bendiciones para todos”.
Pero si hay un niño, un niño grande, que conmueve y moviliza a Lucas es su hermano menor, Enrique, Enriquito, de 44 años, de quien Lucas se hizo cargo desde chico cuando, lamentablemente, la mamá de ambos falleció. Nacido con un retraso madurativo en Buenos Aires, Enriquito vino con su papá y con su hermano Lucas en un camión cargado de libros que luego se transformó en la base del carrito literario.
“Enriquito es un niño grande, es mi hermanito, lo que más quiero en el mundo. Aquí en Monteagudo lo conocen todos. Siempre me acompañaba a todas partes con el carrito de los libros y durante la pandemia se quedó en casa, corriendo por la entrada de adelante, corriendo por todos lados, juntando maderitas, clavitos, ayudándome en el taller mientras hago mis esculturas, pero desde hace un tiempo empezó a decaer: tiene por lo menos tres convulsiones por semana, pierde el equilibrio, se cae y me gustaría que alguien me ayudara a levantarlo, a sacarlo del pozo en el que está hundido”.
La publicación que compartió esta semana Lucas Lizárraga sobre la situación crítica en la cual se encuentra Enriquito movió a la comuna, quien se acercó a través del subdelegado Rafael Lastra y Alberto Elía, quienes llegaron con dos camas de madera y, en esta cadena de amor por Enriquito, siguió a través de una señora en cercanías de Palomino y de otra mujer de Taco Ralo, quienes donaron una cama ortopédica y un colchón antiescara: “Estoy más tranquilo con la cama nueva para Enriquito porque hay que darle el desayuno en la boca y la cama anterior era un desastre: toda mojada cuando le vienen las convulsiones y los plásticos ya no aguantaban. Ahora estamos esperando que la traigan a la casa”.
Mientras la hermana de Lucas y Enriquito es enfermera y busca trabajo desde que llegó a Tucumán para ayudar también a sus hermanos y a su padre, la realidad de la familia es que la pensión por discapacidad de 13.500 pesos mensuales no alcanza para la leche Ensure y los pañales para adultos y las vitaminas. Pero sobre todo lo más importante: “Necesitamos un profesional que lo ayude en la rehabilitación física y un cerramiento habitacional para que no cuele el frío en las noches de invierno. Y no lo sufra papá y mi hermano Enrique y con eso daría eternamente las gracias. Perdón por las molestias y bendiciones para todos”.
Quienes deseen contactarse con la familia Lizárraga pueden hacerlo al teléfono 3814 44-5103









