Volvió a su casa paterna y quedó impactado: "Me encontré esta sorpresa"
"Me subía y veía el mundo": el tucumano Marcelo Imbaud regresó a la casa en donde se crío después de muchos años, y al llegar a la calle Santa Fe al 400, su sorpresa fue inmensa pues no se esperaba tamaño cambio.
El paredón de calle Santa Fe al 400.
Algunas personas aseguran que regresar a la casa de nuestra crianza genera una mezcla de sentimientos encontrados. En la gran mayoría de los casos, regresar a donde uno ha sido feliz da una nostalgia inexplicable, sobre todo cuando el lugar está totalmente cambiado. Aunque esa nostalgia es un sentimiento que puede resultar positivo y para bien, como le ha pasado al perfumista tucumano Marcelo imbaud, que tras algunos años de haberse ido de la casa en la que vivió durante toda su vida, esta semana regresó y la sorpresa fue grade:
“Por suerte hay partes de San Miguel que se han embellecido, son pocas pero existen, yo nací y hasta el 2016 nuestra casa paterna fue en la misma vereda del convento de las hermanas Pacheco en la Santa Fe al 400, era una tapia lúgubre y siempre muy oscura, hace unos años una parte del convento fue alquilada y se abrieron restaurantes, tiendas inclusive, está o estaba La Botana allí. Ayer, visitando una gran amiga de toda la vida que sigue viviendo en esa cuadra, me encontré con esta hermosa sorpresa que lo que queda de la tapia fue decorada con este mural impactante” dice el relato en las redes sociales del tucumano, relato que se volvió viral por las imágenes del mural que adornan y alegran esa cuadra.
Entrevistado por eltucumano, Marcelo nos cuenta: “No sé quien hizo los murales. Yo viví toda mi vida ahí, hasta el 2016, ahí al lado del convento. Me encontré en esa casa toda mi vida casi”.
“Ha cambiado totalmente esa cuadra, tiene luz ahora, era una cuadra oscura, ahora tiene belleza, ahora da gusto caminar por ese paredón. Yo vivía ahí antes de que se haga esa capilla, nosotros subíamos ahí por las esquinas por donde sobran los ladrillos, subíamos veintipico de escalones. La casa pegada que está al lado del convento perteneció a Sacriste, el famoso arquitecto tucumano”, revela Marcelo.
“Yo nací ahí en 1955, no existía nada. En la 25 y sarmiento se arma el primer edificio, nosotros íbamos a molestar subiendo y bajando del ascensor hasta que nos corrían, no sabíamos lo que era eso.
Justo donde comenzaba la tapia había un fierro. Caminábamos por la tapiecita del convento, llegábamos hasta el altillo y de ahí veíamos el mundo, miraba mi casa. Éramos una barra, pasaban muy pocos vehículos, pero nosotros jugábamos con nuestros autitos a las carreras”, recuerda Imbaud, nostálgico.
“A causa del convento la cuadra era muy oscura, y también porque había plátanos y naranjos, había mucha sombra. El otro día fui a una de las pocas vecinas de la infancia que vive ahí aún, y cuando salgo veo el paredón todo pintado me sorprendió, con ese paredón maravilloso y lleno de flores no pude evitar tomar fotos y sacarle fotos. Me ha encantado”, revela el entrevistado.
Los muralres que fueron admirados por cientos de personas, están firmados por el grupo Re-magináte Tucumán.











