"Me destruyeron el autoestima en dos segundos": el dolor de un joven tucumano
Nemaza Diva es un influencer de Tucumán que hasta la semana pasada, creía tener pareja: el 'catfish' es un delito cibernético que se repite en todo el mundo y que causa estragos psicológicos. ¿Te pasó?, ¿Conocés a alguien que le está sucediendo algo similar?
Junto con el avance de la tecnología, los delios del tipo cibernéticos han avanzado tremendamente. Pero desde que existen los grupos de chat, hay un fenómeno que se repite en tantas partes del mundo que hasta tiene un nombre: “catfish”. En español, este término puede traducirse como “bagre”, pero la intencionalidad de quienes practican este delito, es la de usurpar una personalidad ajena, o inventarse una personalidad inexistente para conquistar a otra persona, y llegar inclusive a mantener una relación amorosa del tipo virtual.
El término se popularizó en el 2010 a partir de un documental que fue titulado de esta manera y que relató la mentira que había estado viviendo un joven en Estados Unidos. En el 2012, MTV lanzó una serie con ese nombre en donde se dedicaban a rastrear el IP de donde provenían los mensajes de usuarios sospechosos y en la mayoría de los casos, eran identidades falsas.
Y como nadie está exento al peligro de la tecnología, quien se ha animado a desvelar lo que le ha pasado en las redes sociales es Nemaza Diva, un influencer no binario de 24 años que está atravesando en estos momentos un gran dolor por haber descubierto que vive una mentira hace nueve meses.
“Mi historia comienza en enero de este año, este chico, (al que llamaremos Luis), llegó a mi vida ese mes. Recibí su solicitud de seguimiento, me reaccionaba a las historias, me escribía. Yo en un momento de mi vida en el cual pasé un quiebre decidí contestarle. Él, era muy insistente. Así comenzó, una charla que viene y que va. Lo básico de las preguntas para conocer a alguien. Con el pasar de los días se fue acrecentando, fue más y más lo de hablar” le cuenta Nemaza a eltucumano.
Al mes de vivir esta sensación mágica de conocer a alguien nuevo y compenetrarse mucho en la conversación, sucedió que la relación dio un paso más y decidieron ser una pareja virtual, siempre teniendo presente que Luis es tucumano y que a pesar de que aseguraba estar de viaje por motivos laborales, pronto estaría cerca para concretar un primer encuentro cara a cara.
“Cuando pasaron cuatro meses empecé a tener sospechas, les conté a mis mejores amigas sobre lo que empezamos a construir juntos aún sin conocernos. Una de mis amigas me dijo que era un fantasma. ‘Es un fantasma, es un psicópata es un enfermo, ¿Qué persona no acepta una videollamada o no te la hace hoy en día con los avances que hay?’. Esto me hizo dudar pero yo no aceptaba que mi amiga tenía razón, mi amiga siempre tuvo razón. Para mí esto fue un quiebre total. Yo decidí contarle todo, cosas íntimas, súper personales a Luis”, se lamenta el entrevistado.
Y es que cada vez que llegaba el momento de hacer una llamada o una videollamada, las excusas florecían de la pareja virtual de este influencer. Que tenía un J7 viejo, que estaba rota la cámara, que estaba roto el micrófono, que no había internet… y un sinfín de excusas más que a esta altura pueden sonar inexcusables.
En su perfil de Instagram, Luis tenía a Nemaza bloqueado. Por eso, decidió crear otra cuenta para entrar a mirar sus historias y descubrir lo que tanto le ocultaba. Allí, descubrió una suerte de “doble vida” que distaba totalmente de las cosas que le había contado alguna vez a su “pareja”. Sin haber visto su rostro, sin haber escuchado su voz, sin haberse visto de cerca nunca, las dudas ya se confirmaron: Luis nunca existió, el perfil era falso.
“Nunca pude conocer su voz real. Tengo un video de un supuesto viaje que hizo, hoy lo veo como una burla, como cualquier cosa ¿Cómo pude dejar embaucarme así? En sus redes sociales nunca tuvo fotos de él. Tiene una sola foto que no parece ser él, no se le ve la cara. Nunca llegó a verme ni me invitó a ningún lado. El supuestamente vive en Tucumán cerca de la Rondeau y Roca en un departamento. Supuestamente estaba trabajando en Córdoba. Descubrí que quería generar en mí un sentimiento de celos inútil. Me cierra el ciclo con nueve meses de mentiras”. Todos los supuestos solamente llenan de dolor a Nemaza en un sentimiento de frustración que se repite en historias similares en todo el mundo.
Y es que este delito informático que genera daño psicológico tiene la particularidad que pueden pasar años y años hasta que la víctima se da cuenta. Y en esos años, no generan relaciones amorosas – afectivas con otro u otra porque consideran que su relación de pareja la tienen con esta persona a distancia, de la cuya existencia no tienen ninguna prueba verídica.
A pesar de que han sido nueve meses, Nemaza considera que el daño es casi irreparable: “Diez años de mis 24 estuve construyendo mi autoestima y me la destruyeron en dos segundos. Soy una persona que le gusta maquillarse, usar carteras, y creí que había encontrado a alguien que me quería. Es difícil encontrar en la comunidad LGTBQI+ de Tucumán una pareja, hay mucha estereotipación y discriminación. Por eso muchas veces pasa esto. Es difícil entablar una relación. Yo lo decidí porque estuve vulnerable. Ahora tendré más filtros y barreras que nunca”.
El entrevistado recomienda a quienes tengan dudas sobre la verdadera identidad de la persona con la que mantienen una relación a la distancia, seguir su instinto: “Si tienen sospechas que las sigan porque el corazón, el instinto y la mente no engañan. Uno a veces se da cuenta de la realidad de las cosas y no quiere aceptar. Inconscientemente nos damos cuenta pero no queremos aceptar. Que si su mente genera sospechas que lo encaren, que se armen de valor, que se alcen en valor y puedan encarar la situación”, cerró.
La estadía del espejo
El psicólogo y especialista en psicoanálisis Jorge Luis Rivadeneira, le cuenta a eltucumano sobre las características de las personas que crean identidades que distan de su realidad para entablar una relación, no sin antes aclarar que todos tenemos un poco de hacernos pasar por otro: “Para constituirnos como sujetos siempre nos hacemos pasar por otro. Se llama ‘la estadía del espejo’, un término de Lacan. La imagen que uno constituye de uno mismo se realiza a partir la imagen que uno ve en el otro y se complejiza con como el otro lo ve a uno. Lo que se podría pensar en ese caso o hipotetizar es que hay algo de esa imagen que el otro tenía que donar y que no fue donada” explica.
“Son sujetos que están permanentemente buscando sustituir esa imagen y roban la imagen del otro. Son rasgos más bien psicóticos, una estructura en la psicosis que puede tener esta forma de intentar constituirse como sujeto robando la imagen del otro. Se le llama parafrenia también, que significa tener distintas personalidades, por ejemplo. Puede ser alguien que no asume su lugar o imagen, y asume otras identidades. No saben cuál es su imagen y por lo tanto necesitan constituir la imagen del otro”, cierra.
En mayor o menor medida, todos conocemos a alguien que se ha enamorado virtualmente, y de estos casos, muchos terminan en corazones rotos. El “Catfish” genera daño psicológico que puede atentar contra la autoestima de la víctima, y por eso es necesario tener en cuenta siempre lo que sabemos de aquel otro con el que estamos entablando una relación virtual, por seguridad no solamente física como se recomienda siempre, sino que también por nuestra salud mental.








