"Se te cagan de risa en la cara": Martín, una multa y la foto que indigna a todos
Fue a pagar una infracción de tránsito y encontró una fila de autos mal estacionados frente al Tribunal de Faltas: “Debería haber mundiales de estacionarse pal pingo en Tucumán”.
Todo empezó una madrugada de hace tres meses atrás, aunque la historia insista en repetirse en un espiral cíclico y borgeano donde el comienzo no se distingue del final; final que no es final porque eso que vivió Martín Taddei es una historia de nunca acabar. Pero, si hay un comienzo, es esa madrugada en la que el joven de 39 años dejó su auto estacionado en la Buenos Aires primera cuadra, en la zona de descarga donde la calle finita se ensancha. Movido por la urgencia de una causa noble, bajó, compró puchos y subió hasta el departamento de un amigo. Al volver, tenía bajo el limpiaparabrisas una multa que lo acusaba de estacionar sobre la vereda. Cuando fue a pagar la multa al otro día al Tribunal Municipal de Faltas, descubrió que ahí, en la Jujuy al 200, la misma vereda de la institución encargada de penar las infracciones de tránsito era un auténtico vergel de infractores. En lo que pareciera una de esas paradojas ideadas por el gran Jorge Luis: los que iban a pagar sus multas dejaban ahí el auto mal estacionado. Como la historia persiste en su obstinación de repetirse: hoy pasaba lo mismo. Y pasará mañana. Y así de vuelta, otra vez; siempre igual.
“Un amigo necesitaba asesoramiento en cuestiones de la vida porque se estaba separando, era una situación difícil. Me acuerdo que eran las dos de la mañana, bajo con el vago, voy a comprar cigarrillos y subimos a su departamento en esa cuadra. Al rato, cuando bajo, todos los autos que estaban en esa zona de descarga que hay en esa cuadra estaban con papelitos. ‘¡Qué cagada! Ya me han clavado’, dije. Yo tenía que bajar unas guitarras, por eso lo dejé ahí, además, en teoría, después de las 22 podés estacionar en cualquier lado. Pero, cuando me fijo, decía que la infracción era porque estaba estacionado en la vereda. ¡Y el auto no estaba sobre la vereda!”, rememora indignado Martín lo que vivió entonces. Sin embargo, la bronca que sintió esa noche fue poca cosa a la par de la que experimentó a la mañana siguiente cuando fue a pagar la multa.
Al llegar al Tribunal de Faltas, lo primero que lo sorprendió fue la burocracia excesiva del trámite: “Me voy al otro día a pagar la multa sintiéndome una basura de persona. Cuando llego descubro que hay que llevar fotocopia del DNI, de la tarjeta verde del auto, del carnet de manejo; de todo… Te rompen los huevos de una manera increíble y no tienen ni una fotocopiadora ahí adentro”. Después, le llamó la atención que, al presentarse por sus propios medios a abonar la infracción, le ofrezcan un importante descuento: “Te hacen el 50% de descuento por pago voluntario. Eso funciona como la iglesia: te mandás una cagada, vas al otro día a misa, y ya le has pagado al Dios del estacionamiento”. La multa era de 4800 pesos y terminó pagando 2400.
Pero el acabose de la indignación fue lo que había presenciado en la misma vereda del tribunal. Una escena que ya había visto antes, que vio entonces y que volvió a presenciar hoy: “La cuestión es que, cuando voy a pagar eso, le pregunto a la jueza que me atendió: ¿cómo hacen con la gente que está mal estacionada ahora por estar mal estacionada antes? O sea, al frente del Tribunal de Faltas está la gente en falta por pagar una falta… Se te cagan de risa en la cara. Por ser un ciudadano que se siente mal por ser un infractor terminás siendo un boludo. Después uno es el Bombita que quiere prenderle fuego a todo, claro…”.

La foto que Martín sacó hoy.
La jueza no respondió a esa pregunta ni tampoco le dio una explicación satisfactoria a por qué se le imputaba estacionar en la vereda cuando su auto no se encontraba sobre la vereda: “Nadie me ha dado una respuesta, nadie lo ha hecho, nadie ha hecho absolutamente nada… Lo único que quería que quede claro es que yo no estaba estacionado en la vereda. No soy una basura que le jode la vida a la gente haciendo algo así. Era una vil mentira, lo peor de todo es que es una injusticia porque te empeoran el caso. Yo no soy esa persona que vos decís que soy, no cometí esa infracción. Eso es muy feo, te empeoran tu caso… Después la gente esa se enoja cuando les querés prender fuego la oficina”.
“Debería haber mundiales de estacionarse pal pingo en Tucumán. La sensación que me queda es que hacés las cosas como tienen que ser y los malos se salen con la suya... Te sentís un boludo. Eso es Tucumal, siempre le digo así a este tipo de situaciones. A mí me queda el consuelo de la autodisciplina, te das cuenta de que, al menos, es una elección tuya hacer las cosas bien… ese es el único consuelo”, reflexiona Martín quien se define a sí mismo como “un ciudadano al que le gusta mirar su provincia y no le gusta lo que está viendo. Yo me escapo de eso a través del arte, no uso Rivotril”.
Esta mañana, Martín pasó de nuevo por la Jujuy al 200 y, frente al Tribunal de Faltas, la escena era similar a aquella con la que se encontró esa mañana. Esta vez, le sacó una foto y esa imagen es bastante parecida a la que quedó registrada en una foto que sacó tres años atrás ¿Y mañana acaso será igual? La serpiente, otra vez, se muerde la propia cola.









