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"Puse música fuerte para intentar dormir y todavía siento que el piso se mueve"

EN PRIMERA PERSONA

Noelia López es tucumana, profesora de gimnasia y está a un paso de recibirse en Nutrición. Se contagió de coronavirus en 2020 y relata sin filtros todo lo que vive desde entonces. Un testimonio revelador.

Noelia.





El drama de Noelia López, profesora de gimnasia a punto de recibirse en la carrera de Nutrición, comenzó en octubre de 2020: “Me cuidaba todo el tiempo. Hasta le ponía alcohol en gel a las patas del perro. Dejé de ver gente, de ir a reuniones familiares, una sola vez salí para acompañar a mi mamá al centro y ese día me contagié. Ese día de octubre del 2020, cuando era el pico de la locura, cuando no había lugar en ningún hospital, ese día comenzó todo lo que te voy a contar”. 

Luego de que se contagiara Noelia, siguió su marido: “No tuve neumonía como sí mi esposo, pero fue más larga mi recuperación. Estuve tres meses mal, con sensación de falta de aire aunque saturaba bien. Iba al gimnasio y sentía que me desvanecía, una fatiga constante”.

Pero el hecho más traumático llegaría seis meses después del contagio, en marzo de 2021: “Hice un síncope. Me quiso agarrar un infarto. Fue el susto de mi vida el síncope. Durante seis meses estuve con opresión en el pecho y sobre todo lo sentía cuando me acostaba para dormir. Desde entonces y hasta ahora me ha quedado el insomnio. No puedo dormir. Quizá descanso dos o tres horas, y despierto, y así”.

El nivel de estrés fue tal en los días de Noelia que sacudieron hasta hoy la vida de una joven de 34 años que compitió en fisicoculturismo, que se quedó sin el gimnasio por la pandemia, que sufrió la pérdida de peso y de masa muscular por ataques hepáticos y diarrea y que la llevó a convivir, como millones de personas en el mundo, con la sensación horrible de sentir que en cualquier momento, de repente, nos íbamos a morir.

Solo quien ha transitado el calvario del pánico y sus ataques sin aviso sabe de lo que se trata: “Cuatro veces fui al cardiólogo. Siempre sentía que me iba a dar un infarto. Pero era pánico. Lo asocio a que con mi marido estuvimos mucho tiempo encerrados, nos faltaba el aire constantemente. Una vez él se quiso levantar de la bañera y se descompensó. Fue una situación de estrés y solamente nosotros dos sabemos lo que hemos vivido”.

Esos ataques de pánico acompañaron los días (y las noches) de Noelia López: “Mi presión se fue muy por debajo. Siempre tuve mareos, pero esto fue una inestabilidad seguida todo el tiempo y un zumbido permanente en el oído. Caminaba y me quedaba sorda. Vivía con miedo porque no me pasaba. Los médicos pensaban que tenía un tumor en la cabeza. Me hice estudios por todos lados. Fui a un psiquiatra pensando que me estaba volviendo loca. Y en este tiempo encontré algunas respuestas”.

Las respuestas de las que habla Noelia con eltucumano, este martes por la tarde, apunta al peligroso rol de los medios de comunicación, la tergiversación de los hechos, la divulgación de noticias falsas como ciertas y la vida por el click: “Mucho de lo que he vivido lo asocio a los medios. Nunca más volví a ver tele. No quiero saber nunca más cuántos muertos hay ni nada. Creo que he tenido una sobredosis de información. Un profe de Nutrición nos enseñó a buscar información científica y si quiero saber algo voy a la fuente. No me he vacunado, pero no soy antivacunas. Por el síncope no me he vacunado. Fui a seis médicos y cinco me dijeron que no me vacunara. Puede ser que hasta el día de hoy me haya quedado algún tema como sentir la falta de aire cuando me acostaba. La parte respiratoria tiene que ver con la vida. Si no respirás, te morís: la he pasado bastante mal”. 

Mientras Noelia busca retomar la normalidad de aquellos años felices (o al menos sin pandemia en cada bocado), mientras intenta conciliar el sueño, anhela: “Quisiera poder dormir bastante más tranquila. Dejar esta sensación de inestabilidad total. Mi mareo es tanto social como económico y emocional. Lo siento en la cabeza. Es la sensación de que esta pandemia no se termina más. Eso que sentimos cuando salió la variante ómicron, la optimus prime y nombres así. Y me gustaría dejar este zumbido constante. Llegué a poner música fuerte para intentar dormir y todavía siento que el piso se mueve”.

La música fuerte para dormir es música que Noelia conoció a través del yoga: “Fui a un otorrino especialista y me dijo que no tenía nada en los oídos. Entonces empecé a poner música fuerte para no escuchar el zumbido. Mantras y música que me ayudara a olvidar el zumbido. Eso también me llamó a aislarme: no tolero el ruido en el centro y no voy a reuniones familiares con música”.

Ya de vuelta paulatinamente a los entrenamientos, sin despegarse del alcohol en gel cada vez que toca una mancuerna, ya recuperada del sentido del gusto y de las ganas de comer, Noelia cierra este testimonio con una lección sobre lo aprendido: “Todavía hay momentos que me siento mareada, que siento que se mueve el piso o estoy caminando sobre algodón, pero he tomado otra postura y es el mensaje que puedo transmitir: lo más importante de todo esto es el miedo".

Lo principal es no tener tanto miedo: lo que te juega en contra es tu cabeza. Hay que tener fe de que tu cuerpo sí va a dar batalla, y que le va a ganar. No me quiero morir ahora, le voy a ganar. Y para eso hay que apoyarse en la gente, en los amigos, en el apoyo de mi hermana, de mi mamá, de mi papá. Al miedo hay que afrontarlo, hay que reencontrarse con Dios. No soy una persona religiosa, pero sí creo que hay algo superior y le tenés que decir: ‘Si vos querés que yo siga, yo peleo’. Eso le tenés que decir. Eso le tenés que pedir. Y aquí sigo. Aquí estoy”.