La otra cara del enamoramiento, el divorcio: "No sé con quién me casé"
Mientras muchos celebran el Día de los Enamorados, otros tucumanos y tucumanas viven un doloroso proceso. El desamor, la decepción y el paso del amor al odio en el testimonio de tres personas que atraviesan un divorcio.
Firmando el acta de divorcio.
Casarse, históricamente ha sido un hecho legal y eclesiático programado para toda la vida. Cuando una persona se casaba, le era imposible divorciarse por lo menos hasta 1888, cuando se convirtió en un trámite que pasaba a manos del Estado y que solamente era otorgado cuando uno de los cónyuges incurría en una falta de alguna de sus obligaciones, como ser fiel o cohabitar en el mismo lugar que su pareja.
En 1954, hubo un avance y se permitió que aquellas personas puedan casarse, ley que se efectivizó en junio de 1987. Recién hace unos pocos años se aprobó en la justicia Argentina el divorcio sin culpabilidad ni motivos, es decir, no hace falta aclarar el motivo de la separación y también puede ser iniciado por uno solo de los cónyuges.
Durante muchísimos años, hablar de separarse o de divorciarse era tema de estigmatización. Inclusive, los hijos e hijas de estas relaciones que finalizaban eran parte de este mismo prejuicio, considerándolos niños traumados, tristes y problemáticos. Aunque de que esta estigmatización no se ha borrado del todo, lo cierto es que en algunas provincias, el número de divorcios y separaciones de hecho es más grande que el número de casamientos, cifra que incrementó con la pandemia cuando muchas parejas que funcionaban estando muchas horas del día separadas, descubrieron la falta de compatibilidad o de tolerancia ante una convivencia obligada, y encontraron la opción más sana en separar sus caminos.
A pesar de haber ahondado en cifras, números y estadísticas, es importante no olvidar algo muy fuerte que pasa en medio de una separación: los sentimientos. Al hablar con una persona que atravesó este proceso tan fuerte, las realidades y las teorías de lo que llevaron a tomar la decisión se cruza. Este es el caso de Leandro (53), que tras 12 años de casado y dos hijos, un día todo se vino abajo.
“Me mandé la cagada, porque yo le fui infiel, ella leyó todos los mensajes y lógicamente le dolió muchísimo. Por supuesto que no fue la intención la de dañarla, lo hice pensando en mí y solo en mí”, le confiesa a eltcumano.
Sin embargo, lo que pasó después fue un proceso tan rápido que Leandro no podía creer que estuviera sucediendo: su esposa llamó un flete, y sacó absolutamente todos los muebles de la casa para irse a casa de sus padres. El desconcierto de él al volver a casa y encontrarla vacía, le cambió el sentimiento de culpa a odio, casi de inmediato: “Yo sentía que la odiaba, entendía que me había mandado una cagada pero tampoco comprendí cómo ella era capaz de dejarme sin ningún mueble en mi casa, sin una silla para poder sentarme ni nada, ella sabía en qué condiciones me quedaba yo y no le importó nada”
Esa noche, Leo durmió en el suelo, y al día siguiente se presentó a trabajar, desvelado y aturdido: “Los chicos iban a mi casa y no tenían nada para sentarse, así que fui con todas mis tarjetas y me di una súper endeudada para volver a tener muebles”.
Hasta ese momento, el tucumano reconoce que aceptaba quedar sin mobiliario, pero hubo una situación que volvió a dejarlo desorientado: “Cuando me llamó su abogada en vez de hablarme ella me sentí peor, yo no quería ir a la justicia,, pensaba que podíamos arreglar hablando bien, pero entonces me busqué un abogado para que me ayude. No debería haber pasado todo esto”.
Elizabeth tiene 33 años, y después de 9 años de casada, durante el 2021 las cosas llegaron a un final. En este tipo de fechas como ser San Valentín, parece haber tres polos: los que nunca lo vivieron en pareja, los que se entregaron a ese juego del amor y el romance, y los que están viviendo desde lejos ese sentimiento en medio de un desamor, o una ruptura.
En el caso de Eli, en muchas ocasiones estuvo lejos de su esposo en fechas importantes porque él trabajaba en una minera, sin embargo, nunca le faltaron los chocolates y las flores. En el 2012, se casó enamorada: “El día que me casé, me casé para toda la vida y muy enamorada, no lo hice pensando en divorciarme. Era esa sensación de que todo era lindo, como cuando te pones de novia, todo era lindo, muchas sensaciones nuevas… me estaba embarcando a compartir la vida con alguien con quien no sabías como iba a ser el día a día, era un explorarse el uno a otro. Cuando la relación se puso fea, en lo que menos pensé fue en el divorcio, me imaginé luchándola y peleándola los dos por la relación, después de 9 años siento que la relación se puso diferente y todo se vino abajo”, confiesa a eltucumano.
Para muchas personas, los hijos y lo que genera la maternidad o la paternidad mata de a poco el fuego o a unión de las parejas, pero también hay quienes aseguran que cada hijo o hija ayudan a fortalecer las uniones y a multiplicar el amor… en el caso de esta joven, considera que los tres hijos que tuvo con su expareja nunca influyeron en el desgaste de la relación “Ellos no nos desunieron, fueron y son lo más hermoso que nos ha pasado”.
Nuevamente, el dolor que se atraviesa en medio de una separación genera el mismo tipo de sentimiento en la mayoría de las personas, el pensar ¿con quién estuve durmiendo estos años? parece ser una pregunta recurrente. En el caso de Eli, es igual: “¿Quién es esta persona? Siento que no lo conozco, que no lo conocí nunca aún después de tantos años… cuando éramos novios y cuando estábamos casados hablamos de que íbamos a ser amigos en caso de que nos separemos, y lo que menos pasó fue eso, siento que tengo un enemigo del cual no conozco ni su manera de pensar ni de actuar, como si no fuera ni el 1% de quien demostró ser durante años, de lo que alguna vez se habló no hay ni media palabra de cierta”, revela, con angustia.
El proceso de separación definitiva de esta joven pareja, duró alrededor de 5 meses entre el detonante y la salida de su ex de la casa: “Es angustiante ver como día a día la familia se va desarmando, como una familia que se construyó con amor y con sacrificio se rompe de a poco, la incertidumbre de no saber cómo despertarás al otro día porque siempre surge algo feo. Lo ideal sería que no hagan falta abogados, dos personas maduras podrían sentarse y resolver las cosas, pero no nos pasó así”.
La filosofía new age enseña o pretende enseñar que cada dolor y cada decepción tiene el propósito de enseñarnos algo y permitirnos vivir de otra manera. En este caso, la joven mamá pone en la balanza los años de relación que tuvo con su exesposo y no se arrepiente de nada, pero si admite que encararía una nueva relación de otra manera: “Si me vuelvo a enamorar, casar, no intentaría que el otro esté feliz todo el tiempo sin importarme lo que me hace feliz a mí, me enfocaría mucho en que todo lo que haga también me hace feliz a mí, iría paso a paso, despacio. Todo fue lindo, fue mutuo, pero tengo demasiado miedo a encarar una relación que sea seria, las cosas cambiaron, no hay hombres románticos, no son caballeros como era cuando yo me puse de novia hace muchos años, de repente todos se manejan de otra manera”.
“No me arrepiento de haber formado una familia, fue lo más hermoso que me animé a hacer en mi vida y lo haría de nuevo”, reflexiona, ya que nos vuelve a asegurar que durante esos 9 años de matrimonio, el amor fue lo que más primó en su familia.
Volver a empezar
Separarse de un novio o novia es doloroso, pero el divorcio o la separación de hecho con esa persona con la que se tenían proyectos a larguísimo plazo y con quien se compartía la vida, es una situación que definitivamente le mueve la estantería a cualquiera, y en este caso, sucedió igual.
“Nosotros teníamos sueños juntos, de lo que alguna vez se planificó como familia, al no estar con esa persona esos planes se caen, nosotros fuimos y volvimos mil veces a la Patagonia, el último proyecto fue vender todo para irnos a vivir ahí, ese era el único proyecto a futuro, vivir y establecernos ahí definitivamente porque nos gustó ese estilo de vida para nuestros hijos. Por años mi vida giraba en torno a él y a su laburo, ahora me veo de acá a unos años recibida de la carrera que deseo empezar, con laburo estable y cumpliendo muchos proyectos para mí y para mi familia”, revela.
Cuando le preguntamos a Elizabeth si en este tránsito de ese duelo que significa la muerte de relación, a veces considera que ellos hacen las cosas más difíciles: “En estos momentos los hijos son esa palanca, las personas que te levantan, si no tuviera a mis hijas me hubiera tomado las cosas de otra manera, ellas te ven triste y con un abrazo te levantan, son la medicina que uno necesita”, nos dice.
El consejo de esta joven mamá que se anima a volver a empezar mientras atraviesa todo el proceso judicial con abogados, mediadores, y mucho dolor es que no se tomen decisiones inmediatas en momentos de crisis: “Mi mejor consejo es que exploten todas las oportunidades y herramientas para tratar de salvar la relación si es lo que quieren, y recién ahí cuando ya se intentó todo, ver que no da para más la cosa, eso a la larga da paz, una puede decir ‘yo sí la peleé’. No hay que tomar decisiones con sentimientos pasajeros, eso te salva mucho de meter la pata”.
Hace un tiempo, Inés (41) nos revelaba el sentimiento inmediato que vino a su cabeza cuando descubrió la infidelidad de su esposo: "No puedo creer que me tendré que divorciar, pensé que esto no me iba a pasar a mí. Lo amo pero me debo desprender de alguien que me engaña".
En estas fechas como ser El Día de los Enamorados, muchas personas recuerdan con amargura su última apuesta amorosa, recordando a su ex como un desconocido. Sin embargo, tucumanas como Eli no temen volver a apostar, volver a creer y volver a empezar si la oportunidad de enamorarse se presentara. ¿Qué creés vos?








