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"Nada es imposible": la mamá tucumana que venció lo impensado y emociona a todos

HISTORIAS DE ACÁ

Bienvenidos a la increíble historia de Antonella, quien logró lo que le dijeron que nunca iba a lograr: "En el proceso se sufre y parece todo lejano, pero alguna vez ese sueño se hace realidad".

Tiziano y Antonella, un amor sin igual.





Antonella de la Rosa tiene 28 años, es la mamá del hermoso Tiziano de 7, se hizo cargo sola de su hijo y su historia conmueve desde el primer minuto de la entrevista que le brinda a eltucumano. Es la historia de una mujer que trabaja desde los 12 años, que ha dormido en la calle con su hijo, que ha pasado hambre, que ha sufrido en serio, pero que nunca jamás ha bajado los brazos después de una pregunta que cambió su vida y le dio un sentido absoluto: “Mamá, ¿podés comprar una casita así vivamos solos? Yo ya no quiero verte llorar”.

La historia de Antonella comienza así: “Yo vivía en Villa 9 de Julio, a los 27 emprendí el sueño de mi casa propia. Soy mamá soltera. Lo que mi hijo me pide trato de darle, un día que yo lloraba en plena madrugada él me dijo: ‘Mamá, ¿podés comprar una casita así vivamos solos? Yo ya no quiero verte llorar’. Yo pensé: ‘Si yo le doy tanto a mi hijo cómo no le voy a dar un lugar digno así viva y esté tranquilo’. Siempre trabajé como empleada doméstica: peso que entraba, peso que ahorraba”.

“El abuelo de mi hijo y mi mamá me apoyaron mucho cuando me decidí. Me favorecía que yo tenía un terreno heredado de mi papá en la Banda de Río Salí. En el mismo terreno edificaron mis hermanos y quedaba un poco para mí. Dejé señada una prefabricada. Por obra de Dios me empezó a salir muchísimo trabajo en casa de familia. Mi hijo sabía que no podíamos tomar gaseosa, ir a la peluquería, comprar ropa… A veces yo no comía y tomaba mate para ahorrar… Fue no salir a ningún lado por siete meses, llegué a darle de comer solamente a mi hijo, en ese proceso llegué a tener problemas específicos que no podía terminar ni de cerrar la casa”, relata Anto, mientras ultima los detalles para el comienzo de clases de su hijo.

Es una historia que Antonella compartió en Facebook y conmovió a muchísima gente: “La verdad que mi publicación tuvo un impacto terrible. Hay dos caras: una que no conté. Yo vivía con mi mamá en su casa, pero muchas veces dormí en cualquier lado con mi hijo. A veces pasé la noche en la plaza Independencia hasta que la cerraron y otras veces dormía en la plaza Urquiza”.

Es la historia que tomó otro rumbo un 27 de agosto: “Me surgió la idea de irme con lo puesto y que Dios decida. La casa no estaba ni cerrada pero puse chapas con mis hermanos, no tenía ni cama, pero era la única manera de que me dé el apuro y construir yo sola. La primera noche y la segunda dormimos así: no conseguía albañil a un precio que yo pudiera pagar hasta que encontré. Empecé a ver de cerca todo lo que el albañil hacía para aprender, no me le despegaba, porque los días que no me alcanzaban para contratarlo lo hacía yo. Empecé a hacer contrapiso. Y los días que él no podía venir lo hacía yo sola. Así, pasito a pasito se dio hasta que pude concretar de tenerla finalizada. Si bien no tengo aún baño y uso el de mi hermano que vive al frente pronto lo tendré, pero Tiziano vive tranquilo”.

Como muchísimas niñas, Antonella tenía un sueño mientras jugaba en su barrio: “Desde chiquita siempre hacía casitas, soñaba con tener un piso que brillara. Yo trabajo en casa de familia desde los 12 años. Yo iba a terribles casas hermosas de dos pisos en donde todo brillaba, y yo pensaba: ‘¿Algún día yo tendré ese piso de cerámico?’. Yo no lo puedo creer que tenga mi propio piso, que yo lo limpie y esta vez sea mío”, le cuenta con un nudo en la garganta hasta romper en llanto.

“Ahora tengo una heladera nueva, en diciembre me pude comprar mi heladera, tengo el horno para hacer empanadas y pizzas que tanto me pide mi hijo. Hoy en día soy manicurista, me pude pagar el curso, todavía limpio muchas casas pero tengo muchísimas clientas para las uñas. Estamos con todo eso a full. Es un deseo más que tenemos de poder concretar de tener un baño”, relata, todavía con la emoción en la voz. 

“Nada es imposible. Me dijeron que por mi situación nunca iba a poder hacer nada. Me hicieron creer que no merecía nada, pero con mucho sacrificio hasta el que menos tiene puede llegar a lograrlo, cumplir sus sueños y tener muchas cosas en la vida. No es fácil, es súper difícil. En el proceso se sufre y parece todo lejano, pero alguna vez ese sueño se hace realidad. Le agradezco a la vida por cada prueba que me puso en el camino pero me hizo crecer y darme cuenta de lo capaz que soy. Me ayudaron a amarme a mí misma. Hoy siento que lo que me propongo lo puedo lograr. Estoy por estudiar para ser enfermera y lo principal es darle una buena vida a mi hijo. Yo tuve una infancia muy triste, sé que es una casita humilde y de madera pero para mí es algo gigantesco: con tener esto y ver a mi hijo jugar y tomar unos mates tranquilas ya lo es todo”. 

“Muchos se frustran por el qué dirán. Cuando creés en vos mismo no escuchás nada más y te enfocas en que si podés. Muchos tienen la mentalidad de que si no tenés un palacio no podés irte de la casa de tus padres aunque sufras ahí, yo me sentaba en un cajón, no tenía nada de nada, sabía que en algún momento iba a tener mi casa completa, no me mentalicé en tener el palacio, solo quería un techo y paz. Ahora tengo la tranquilidad que soñaba hace años, tengo más de lo que merezco: 'La luchona lo está logrando sola'”, compartió en su perfil de Facebook.

Desde mi propia experiencia te digo que como sos mamá sola siempre me tuvieron como la luchona y a mi hijo como el pendejo caprichoso. Te menosprecian por el hecho de que sos mamá sola, te sienten chiquita y diminuta. Pero yo me siento una gran mujer, me sacrifico muchísimo para darle todo a mi hijo, no le miento que existen cosas que no son, la sociedad siempre te va a juzgar, a mí hasta por construir mi casa sola me súper juzgaron, hoy en día señalan mucho a las mamás sola, siendo sola sé que puedo lograr mucho y hasta más que una mujer con pareja a veces porque esa misma pareja si es tóxica te limita”, advierte.

“Quiero que mi hijo tenga una infancia feliz, que pueda pedirme cosas y decirlas sin miedo, que no tenga miedo de decirme lo que le pasa. Tiene siete años y es súper inteligente, me pide opinión de todo, quiero que siga siendo así: mientras sea feliz, siempre voy a estar para él. No puedo explicar lo que lo amo, él es mi pieza clave y mi pilar para no caer. Una se pone ansiosa pero sé que lo voy a lograr pero ahí está él, me empuja de una manera capaz para crecer. No imagino la vida sin mi hijo, es un motor”, relató. 

Y se despide con un mensaje conmovedor: “Tengo una clienta que me dijo que se siente capaz de hacer su casa a partir de mi historia. Es lindo saber que uno inspira a otro a lograr algo. Todos los sueños son importantes a partir de cada persona. Siempre trato de compartir cosas lindas y no tristezas: ponerle mucha onda, ser positiva, dar un buen mensaje. Eso es lo más importante. De eso se trata”. 

Así está su casa: ¡hermosa!

El emprendimiento de Antonella merece que todos lo conozcan: click en este link.