"Si la carne está comprada, se hace como sea": bajo la tormenta y sin luz, el asado tucumano más difícil de la historia
En condiciones sumamente adversas, el joven Ignacio y su familia lograron lo impensado e hicieron honor a los dioses de las brasas. Quieren que su mensaje se expanda entre familias y grupos de amigos de toda la provincia: "los asados no se suspenden".
Asado a oscuras.
¿Quién alguna vez tuvo que rebuscarse para hacer el asado porque le faltaba algún elemento? Ausencia de combustible (papel, madera, cartón), falta de fuego –en el peor de los casos-, debiendo valerse de técnicas milenarias para encender una pequeña chispa. ¿Quién no tiró una chapa en la vereda o apiló un par de ladrillos para regular la altura de una parrilla hechiza? Asados difíciles hay por montones. Sin embargo, hay un tucumano que cree haber asistido al más difícil de la historia. “El asado más difícil de la historia lo hizo mi hermano con lluvia y sin luz”, escribió Patricio en Twitter y se convirtió en una de las publicaciones más virales de la última semana.
El asado mas dificil de la historia lo hizo mi hno con lluvia y sin luz pic.twitter.com/3fqUZez0NX
— Pato G (@PatoGimenez) March 6, 2022
Su hermano es Ignacio, y ambos son egresados del Instituto Técnico de la UNT, al igual que su padre, Edgardo Giménez, junto a quien el pasado sábado protagonizaron la cita a las brasas más adversa publicada alguna vez en las redes. Bajo a la intensa tormenta que azotó a Tucumán y luego de sufrir un repentino corte de electricidad, decidieron continuar sin pausa hasta que los suculentos cortes de carne llegaran a la mesa de su casa, en el barrio Altos de Manantial.

“Los asados no se suspenden por nada del mundo. Si está la carne comprada, se hacen como sea”, le firma Ignacio a eltucumano.com. “Estaba puesta la carne cuando se largó fuerte, entonces la tape con un cartón y seguimos. Y de repente se corta la luz”, recuerda. “Había hecho otras veces así con lluvia, pero sin luz nunca”, agrega y se le viene a la mente otra ocasión similar: “Una vez fui de campamento con unos amigos a la mesada y nos tocaba dormir afuera. Ahí no hay luz y tuvimos que alumbrar con el celular y hacer el fuego con leña del lugar”.
La audacia en las brasas viene de familia, según Ignacio. Queda demostrado en un video que comparte su padre, Edgardo, en el que se lo ve, otro día distinto, bajo la tormenta y en una vereda de barrio San Cayetano, cocinando el asado para un grupo de amigos mientras el agua intenta sobrepasar la vereda. “Viene de familia, parece”, se ríe.
Ignacio, su hermano Patricio y su padre Edgardo no dudan y se repiten hasta el hartazgo: el asado no se suspende. Por eso, quiere hacerle llegar su mensaje a aquellos blasfemos que ante la menor dificultad deciden dar de baja tan sagrada tradición. “A los que suspenden asados por la lluvia les diría que me inviten y lo hago yo si no se quieren mojar. Nunca se suspende un asado, menos con amigos”, concluye.








