"Cuando se fue el último alumno": qué vio el empleado de la universidad San Pablo-T
Se atrevió a contar lo vivido en detalle y no sale de su asombro luego de hacer el recorrido habitual: "Me detuve por un momento pensando que alguna compañera del trabajo estaba adentro".
Campus de la universidad en San Pablo. ¿Qué pasa en la mansión Nougués? FOTO: San Pablo-T
No es una casa más. No es un lugar más. Desde 1832 que pasan cosas en San Pablo. Ese año dio inicio a la molienda al mando de Jean Nougués, uno de los primeros franceses en llegar a Tucumán. A él le siguieron sus descendientes, quienes se encargaron de expandir la zafra hasta su cierre en 1989. Cinco años después, en el 94, la mansión Nougués inició una etapa de recuperación y refuncionalización hasta convertirse, finalmente, desde 2007 en lo que es hoy: el campus de la universidad San Pablo-T.
La introducción histórica es necesaria para comprender que mucha historia ha transcurrido a través de sus puertas. Y que muchas imágenes se han observado desde sus ventanas. Bien lo sabe un empleado de la institución que rompió el silencio y reveló el misterio que lo persiguió durante muchísimos años, más precisamente hasta 2015: “Fue en el turno de la noche, todavía lo recuerdo. Fue cuando se fue el último alumno, procedí a cerrar el edificio y activar las alarmas”.
“Donde funciona el rectorado y demás oficinas yo debía cerrar todas sus puertas y ventanas: primero las de la planta baja y luego subía por una ruidosa escalera de madera que parecía quejarse por el paso de los años. Todo esto lo hacía todos los días a las 23”, relata el maestranza que cumplía con su ritual religiosamente hasta una noche.
“Estando en las oficinas de contaduría cerrando las ventanas, cuando me dirigía a la puerta sentí un suspiro, casi como un gemir de una mujer, a mis espaldas. Me detuve por un momento pensando que alguna empleada estaba dentro, busqué, pero no encontré nada. Sí noté en el ambiente un frío extraño, pero no le dí importancia”, relata en Tucumán Paranormal.
Luego de la primera experiencia en la mansión, todo empeoró: “La casa mostraba su malestar con mi presencia. Lo sentía cuando había ruidos inusuales. Las ventanas son altas de doble hoja con celosías de doble hoja también de madera. Y el ruido que se hace al cerrarlas es importante”.
“Me pasó muchas veces que estando en un sector de la casa escuchaba como que cerraban ventanas en otro lado estando supuestamente ya cerradas. Pero una noche me enojé, comencé a gritar y dije en voz alta: ‘¿Así que no te gusta que esté aquí?’. Y empecé a cerrar las ventanas con más fuerza y a hacer más ruido. Fue algo liberador. Desde esa noche, la casa no volvió a reprochar mi presencia”, concluyó el empleado que ya dejó el lugar. Ahora, con el retorno de la presencialidad, ¿volverán los ruidos por las noches?









