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"Estoy asombrada": el milagro para Hilda, la docente tucumana que vivió lo más difícil

HISTORIAS DE ACÁ

Perdió a su hermano, a su mamá y a su papá en muy poco tiempo. Sin trabajo ni qué comer, su historia llegó al corazón de los tucumanos. ¿Qué le pasó? VIDEO

Hilda juntoa sus seres queridos y rodeada de mercadería. El corazón de los tucumanos lo hizo de nuevo.





Hilda Villarreal es la docente de 38 años que abrió su corazón a los tucumanos esta semana a través de una nota. Hace dos días le contaba a eltucumano el verdadero drama por el cual estaba pasando: “Murieron mi hermano, mi mamá y mi papá. No tengo trabajo ni qué comer. No quiero limosnas, solo trabajar. Páguenme lo que quieran, no me importa, pero necesito trabajar. No quiero pensar en lo peor”.

Su fuerte historia también tocó el corazón de muchísimos de ustedes, de nuestros lectores, de nuestra sociedad, quienes le cambiaron la vida a una mujer que pasó por lo más difícil y ahora, tal como le contó a Javi El Vivo desde su casa en el barrio Barrancas del Salí, esa vida cobró sentido y recuperó el ánimo, las ganas de levantarse todos los días, el sentimiento más deseado: “Me han dado muchas ganas de vivir”.

Profesora en Lenguas, 38 años, Hilda dejó todo en Mendoza para volver a Tucumán a cuidar de su padre y su madre cuando su hermano falleció. Pero en menos de seis meses falleció su madre y luego su padre: “Cuando vivís lo que viví yo sentís que se te sale un pedazo de corazón. Te duele hasta respirar, te quedás desorientado. No sabés ni cómo ni dónde seguir”.

Pero desde que se conoció su historia, ese teléfono celular al que no le funciona el sonido cuando suena, ese teléfono que Hilda tiene que tener en la mano para fijarse si se ilumina la pantalla, ese celular no paró de recibir llamadas y llamadas y llamadas. “Estoy asombrada por tanto cariño de la gente. La gente se compadece, es muy humana, me ayuda como nadie y es toda gente sencilla, buena, todos por fuera del gobierno, ningún legislador ni nada”.

“Mucha gente me ha ayudado con mercadería. De no tener nada que comer ahora tengo harina, yerba, azúcar, aceite, detergente, shampoo. Una profesora de inglés me ofreció un tablón para que dé clases, una señora me dijo que le pasara la cuenta de la luz, otra que me va a dar zapatillas para vender, en fin, muchas cosas. Nada concreto de trabajo todavía, pero me siento acompañada, motivada, con ganas de salir adelante. Sé que algo va a salir y que yo voy a salir adelante”.

Y no solo mercadería o posibilidades de trabajo ha recibido Hilda sino el milagro: volver a tener una familia con otras personas que están solas en esta vida. “Me siento acompañada, de verdad. Yo veo que muchas personas se quejan de los precios de los huevitos, pero yo no tengo con quién festejar las Pascuas porque perdí a mi familia. Pero eso también cambió: vino una chica policía de 25 años y me dijo: ‘Yo quiero ser tu familia’. Después vino otro muchacho también. Y me faltan las horas del día para responder tantos mensajes de apoyo. A todos ellos solo quiero darles las gracias, me dieron ganas de salir adelante”.