"Te enseñan amor y lealtad": tucumanos recuerdan a sus primeras mascotas
En el Día del Animal, es imposible no pensar en ese animalito que no enseñó del amor y el compañerismo en la infancia. ¿Recordás el tuyo?
Cada vez que llega el 29 de abril, las redes sociales se tapan en fotografías de animalitos y es imposible no enternecerse no únicamente por las fotos, sino que también por las descripciones que cada persona realiza de sus mascotas, y lo que generan en ellos. Y la realidad es que todos recordamos con cariño a nuestros animalitos de la infancia, a ese perrito, gatito, conejo, y hasta pajaritos que nos acompañaron en algún momento de nuestro crecimiento.
Los especialistas en las terapias new age, aseguran que el “cambio vibracional” del mundo se está dando, entre otras cosas, por el respeto a los animales, es decir, por ese trato a las mascotas, y por esa nueva comprensión sobre el rol del perrito o el gatito en la vida de la familia: comprender que es un integrante más, no un estorbo que se elimina cuando no nos gusta su comportamiento.
Quienes abogan por una infancia en valores, apelan a que la mascota es sumamente positiva para la crianza de un niño o niña, ya que –respetando al animal-, los pequeños aprenden a cuidar y valorar todas las vidas que los rodean, inclusive la vida del peludito que los espera en casa. Gaby, tucumana de 30 años, recuerda a su Poroto, un perrito enano que llegó a su vida cuando era pequeña: “Era muy fiel, guardián, juguetón y compañero de aventuras”. Hoy en día, Gaby tiene la costumbre de adoptar perritos, y aunque viva en departamento, cada día salen a pasear, y los fines de semana se van con ella a donde sea que tenga destino.
“Mi perrita Canela fue mi primera mascota. Mi mamá me contaba lo protectora que era conmigo siempre”, confiesa Paula, otra tucumana. “Mi primera perra fue Blaki”, se acuerda Oscar, evocando en su mente a esa mestizita que acompañó a toda la familia por 15 años aproximadamente. “Mi primer perro se llamaba Casper. Me enseñó que algunos perros se hacen gigantes”, se acuerda Juan.
José también evoca con eltucumano el recuerdo de su primer amor canino: “Richy… me enseñó que el amor, la comprensión y la lealtad es el tesoro más importante que le podés brindar a alguien que valga la pena tener en la vida más allá de la raza, las situaciones, el lenguaje y todo...nunca lo voy a olvidar”.
Quienes no se animaban o no se sentían responsables para tener perros en casa, muchas veces apelaban a la vieja y confiable: pajaritos. Así es como Ana se acuerda de Pepita, la Catita que su papá le llevó hace más de 50 años, o Silvino y Mala Gente, los pajaritos de la infancia Yésica… (hoy está prohibido comercializar y tener pajaros en jaulas).
Lo cierto es que quienes tuvieron una masctota en la infancia, y que esta mascota fue amada y cuidada como parte de la familia, suelen ser personas más empáticas de adultos. Marieta Urueña, incansable luchadora por los derechos de las mujeres en Tucumán, se acuerda de Osito, el perrito que se trajo de la calle a su casa: “Fue un callejerito que llevé a mi casa cuando tenía 5 o 6 años más o menos”.
Otro punto en el que coinciden algunos tucumanos, es en esos perros que sin pensarlo se convierten en cuidadores de los más chiquitos, como recuerda Luciana a su perrito Nerón: “Nos cuidaba un montón a Mica (su hermanita) y a mí, cuando vivíamos en el sur, él salía de picnic con nosotras y en el camino nos dejaba sin galletas... Mica estaba tratando de dar sus primeros pasos y él se ponía al lado de ella para que se agarre y la ayudaba a caminar”, tal cual pasó con un amigo que nació con una discapacidad en uno de sus brazos, imposibilitado de desarrollar esa musculatura. Cuando estaba aprendiendo a caminar, su perrita Golden se paraba de lado y caminaba lento mientras él apoyaba el brazo en su lomo.
En días como hoy, miles de tucumanos y tucumanas recuerdan a sus compañeros de casa que los esperan ansiosos al terminar las jornadas, y pensamos quizás, en ese que ya no está pero que alguna vez fue parte de nuestra vida. La provincia se caracteriza últimamente por tener en cada una de sus localidades grupos proteccionistas, quienes de manera gratuita, regalan tiempo, corazón y amor a cuidar, proteger, esterilizar y dar en adopción a perros y gatos. La esperanza de todos ellos, es que cada 29 de abril sean menos los pichichos sin hogar, y que seamos cada vez más conscientes de lo importante que es cuidar y respetar a aquel o aquella que hemos decidido hacer parte de nuestra vida.
A todos ellos… ¡Feliz día!








